HISTORIA

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¿La mejor carrera de Damon Hill?


Existen pilotos que pasan a la historia por la cantidad de carreras ganadas, poles position, o títulos mundiales. Otros por un osado manejo en pista y alguno lo hace por una hazaña en especifica. Hill fue campeón del mundo, es hijo de otro gran piloto como lo fue Graham Hill, se llevo varios buenos números en las estadísticas y mejor aun: realizó una carrera inolvidable en el GP de Hungría de 1997 cuando
se creía que su capacidad de triunfo había expirado...

Luego de obtener su titulo mundial en 1996, Damon Hill fue inexplicablemente marginado de la escudería a la que le otorgó el lauro y dedico su empeño: Williams, que en ese momento usaba los motores Renault. El Ingles fue el primer sorprendido ya muy tarde cuando aun celebraba las mieles del triunfo y solo pudo optar por la mediocre Arrows, uno de esos equipos de los que corren como nunca y como siempre pierden...

Hill poco pudo hacer en la temporada hasta antes del GP de Hungría: el coche era indomable y sobre todo muy poco fiable. Sin embargo su calidad estaba allí latente pues resulto nueve de diez veces más rápido en carrera y en calificación que su compañero Pedro Diniz, y además ofrecía relámpagos de su capacidad al adelantar en pocas vueltas a coches más rápidos o bien al marcar en un momento dado una vuelta rápida similar a la de los coches más potentes de los grandes premios.

Pero no fue sino hasta Hungría cuando el Británico pudo devolverle a sus aficionados su gran calidad  en pista en una “casi” victoria agridulce, veamos:

Ese fin de semana la lucha por el título entre Villeneuve  y Schumacher seguía tan encarnizada como en el principio. El canadiense debía seguir en la lucha por los puntos para capturar al Alemán mientras fuera de ello se presentaba otra lucha interesante: los neumáticos Goodyear Vs Bridgestone. Probadamente ciertos compuestos de cada una dominaba a los otros lo que hacia de cada GP particular una notable lucha por ofrecer el mejor neumático en determinada circunstancia.

Ello fue lo que justamente aprovecho Hill aquel día: sabia tenia el mejor compuesto, sabia que el coche tenia una evolución del motor Yamaha “D”, sabia también que corría muy bien en circuitos técnicos y difíciles como el Húngaro y lo demás seria darlo el todo por el todo como en efecto así fue.

La primera sorpresa emergió el día Sábado al ubicarse tercero en la parrilla de largada detrás de Villeneuve y su archirival Michael Schumacher. Ambos concentrados en sus respectivas luchas por el titulo, poca importancia dejaron a que el afable Ingles se hubiera posicionado justo detrás de ellos. Mientras y como prueba irrefutable de su gran actuación su compañero Pedro Diniz apenas había conseguido la decimonovena casilla.

El día de la carrera la ansiedad colmaba a los espectadores en el Hungaroring y en las pantallas de TV: la largada de los dos principales contendores al título estaba justo en primera fila mientras atrás de Schumacher se ubicaba  el campeón vigente que a su lado tenia a un tal Mika Hakkinen.

Cuando los semáforos apagaron Villeneuve erró su largada y cayó a la quinta casilla mientras Schumacher tomo la punta. Hill habría perdido una casilla en el intento pero lo asombroso estaba por venir: en la vuelta once el Británico realizó un pase espectacular al final de la recta principal al que Schumacher no hizo mayor oposición. Calmo, elegante y veloz Hill comenzó a desprenderse del pelotón mientras Schumacher tragaba hondo al confirmar que era incapaz de seguir a Hill en aquella carrera. Atrás Fissichela, Villeneuve, Ralf Schumacher, y Eddie Irvine peleaban por mantener posiciones.

Rápidamente muchos pensaron que el Arrows Yamaha de Damón iría muy corto de gasolina lo cual se desvaneció al verificar su estrategia similar al resto de dos paradas. Hill rodaba a un ritmo endemoniado mientras los otros no podían adelantar en el hosco y difícil Hungaroring y llego a sacar nada menos que ¡ 33 segundos ¡ de ventaja a su máximo seguidor que seria Jacques Villeneuve quien admitió al termino de la carrera que no se preocupaba siquiera en seguir a su ex compañero pues su ritmo era “fuera de lo normal” para él.

Hill dominó 62 de 77 vueltas de la carrera. La razón ya conocida era el perfecto reglaje del chasis Arrows, por parte del campeón Ingles aprovechando la mejor elección de neumáticos Bridgestone de compuesto blando lo cual evito que se formaran las “bolas” que pudo observarse en los duros y en los de la competencia –Good Year-.  Fue justamente el compuesto blando de Villeneuve que le permitió mantenerse lejos pero en segunda casilla de Hill. No solo eran neumáticos: El publico y los locutores de TV, el personal de Arrows y otras escuderías observaban un desempeño heroico y se resignaban a la gran sorpresa de la temporada: la victoria de Hill a bordo de un coche infinitamente inferior a los de los pilotos que cursaban la disputa del campeonato del mundo en ese momento.

En la vuelta 53 y luego de una mediocre carrera Diniz –el otro Arrows en pista- abandonaba por avería eléctrica, y nadie pensó que ello podría sucederle a Damon debido al espléndido ritmo que mantenía (a pesar que casi no había podido terminar carreras en ese año.  Desgraciadamente y cuando faltaban tres vueltas al final de la carrera Hill perdió 43 segundos lo que dejó a Villeneuve con la victoria servida en la mesa. Para el publico en TV había la sensación de que Hill se dedicaba a administrar su victoria pero fue en la ultima vuelta a escasos metros del banderazo final cuando e Ingles comenzó a mover frenéticamente su coche, cuando se pudo percibir la catástrofe en ciernes además del “apuro” de Villeneuve que avisado por Williams de los problemas del Arrows comenzaba a acortar distancias:  Hill desesperado quería “destrabar” el acelerador que a través de los caprichos del sistema electrónico, enviaba las señales de inyección de gasolina al motor. Incluso en eso Damón fue grandioso pues pareció lograr conseguir alguna aleatoria “corrección” para poder cruzar la meta en segunda casilla a nueve segundos de Villeneuve y 11 por encima de Herbert –otra casi sorpresa- en su Sauber Petronas.

“si alguien me pregunta si perdí una victoria o gané un segundo lugar tendría que responder que fue un gran resultado aunque me siento un poco decepcionado después de haber tenido la victoria a mi alcance por largo tiempo. En el inicio de la carrera pude ver las “pelotas” en el neumático de Schumacher y sabia que me resultaría fácil adelantarlo, allí comencé a ganar terreno y sabia que nadie estaba mejor que yo en pista, pero fue a tres vueltas del final cuando percibí que el acelerador tenia problemas y ello se relacionó con la caja de velocidades que también es de funcionamiento electrónico y quedo atascada en segunda, tercera y cuarta velocidad, ¡ por ello es tan meritorio haber llegado a la meta en segunda posición!” expresó resignado el campeón del mundo.

Villeneuve – a la postre campeón del mundo- no tardo en reconocer la gran actuación de Hill así como otros pilotos. Solo casos como Schumacher empañaron sus apreciaciones al considerar que había sido “cuestión de suerte y neumáticos”.

Hill ofreció lagrimas y sonrisas a Arrows ese día así como los únicos siete puntos de la temporada. Para 1998 el campeón pasó a Jordan y ganó otra inolvidable carrera en Spa, Bélgica para luego retirarse en 1999. Con ello, su titulo mundial, su férrea oposición a Schumacher en los años 1994 y 1995, su “tu a tu” con Alain Prost al debutar en la F1, Hill se garantizo su pase a la historia como un piloto quizás algo ingenuo, a veces falto de motivación, en otras desconcentrado pero indudablemente un caballero de pistas, un veloz y raudo piloto que no recurrió a malabares para someter a sus rivales ni a complicadas maniobras de liderazgo dentro de los equipos en los que corrió y mejor aun: uno de los poquísimos pilotos de la década de los noventa que demostró que se puede ganar –o casi-  con un material de baja factura en sus manos y pies solo que para ello haga falta un piloto de la calidad de él...

Rubén De Almada

pasiónF1.com

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