Expedientes en la F1
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| EL NACIMIENTO DEL MITO AYRTON |
En lo personal formamos parte del grupo
que admiró a Ayrton a pesar de sus debilidades pues ellas demostraron que
fue un ser humano con virtudes y defectos. Por ello queremos adherirnos a la
moción mundial que desea recordarle como se le conoció en vida y no por el
modo en que murió. Ayrton Senna es el héroe insustituible de la generación
contemporánea de la Fórmula 1 no por su dramático deceso al frente del
pelotón, sino por lo que había hecho en el automovilismo hasta aquella tarde
fatídica. Empero, a diez años de su muerte, muchos aun no tienen clara la
razón por la cual el gran héroe del volante acabó su gloriosa vida contra un
muro.
Hoy, diez años después, no es secreto para nadie que el augurado matrimonio entre el astro paulista y el team Williams no había comenzado bien. No queremos decir aquí que existieran problemas con el equipo pues no los hubo pero, tras seis años en McLaren, Senna tuvo que integrarse a un team con la misma esencia británica pero con una personalidad diferente a la que él y Dennis insuflaron a McLaren. También estuvo claro desde el principio que Williams, al prohibirse las ayudas electrónicas al piloto como suspensiones activas y control de tracción, fue el equipo más perjudicado pues gracias a ellas y con la gran ayuda de Renault, había tejido una infranqueable hegemonía desde 1992. El nuevo auto, el FW16, derivaba de los exitosos FW15C, pero carecía de suspensiones activas y por ello Adrián Newey trató de mantenerlo lo más cercano al piso posible mediante una inédita suspensión posterior con reglajes realmente duros para tratar de mantener constante esa distancia. Aquello funcionaba cuando el terreno era totalmente liso pero, si había ondulaciones, era necesario trabajar fuerte sobre las suspensiones y el comportamiento del auto era muy sensible a las variaciones de distancia con el piso. Ayrton, acostumbrado en McLaren a pilotar con los nudillos de las manos al descubierto para moverlas libremente sobre el volante, halló un cockpit harto constreñido, donde el volante se alojaba muy ajustadamente, dejando poco espacio para colocar las manos por encima de este o sobre las pantorrillas. Aquello era producto del diseño aerodinámico y este creaba molestas ráfagas de viento que levantaban bruscamente el casco, siendo necesario revisar esto y la forma en la cual Senna se colocaba dentro del habitáculo. Aquello ocupó gran parte de los pocos test invernales hechos por Williams a inicios de 1994 a la espera de una solución definitiva en forma de un deriva-brisas diferente para el cockpit, ajustes de suspensión y una barra de dirección ortodoxamente alargada a fin de permitir que Ayrton maniobrara el volante con mayor libertad.
El malhumor de Senna al llegar a Imola cambiaría hacia la angustia tras el accidente de su protegido Rubens Barrichello en los ensayos del viernes, al alivio tras constatar en el hospital que había salido milagrosamente casi ileso, al profundo pesar y gran desasosiego tras el mortal accidente de Roland Ratzenberger el sábado, al descontento y aprehensión cuando fue amonestado por escrito al apersonarse subrepticiamente en el lugar del accidente, al nerviosismo y frenesí de esa noche junto a su hermano, al trasnocho mientras buscaba telefónicamente en su novia algún consuelo y a la actitud remisiva, triste y ausente del domingo antes del GP, durante los pocos momentos en que se dejó ver en público. Ayrton pidió a su abogado la bandera austriaca para colocarla en el cockpit y ondearla en la vuelta de honor como homenaje al caído Roland pues estaba seguro de que ganaría en Imola tras haber logrado su 8ª Pole en once participaciones. Todos vimos como Ayrton se quitó el casco en plena parrilla de salida como si quisiera dejar ver al mundo su rostro por última vez y pintado en él sus angustias gracias a esa Fórmula 1 que tanto había cambiado en pocos meses. El fin de semana fatídico prosiguió con el violento choque entre Jirky Lehto (que había llegado a Imola manejando su Porsche y acompañado por Roland Ratzenberger) y Pedro Lamy en la largada, motivando la salida del Safety Car que, rodando a un ritmo muy lento, despertó nuevas inquietudes en Ayrton quien se quejaría por radio de aquello. Ya el sábado, por la misma radio, había saludado a su ex enemigo, que ahora ocupaba el mismo box que él, pero en calidad de asesor: “Alain, te echo de menos”. Tras irse el Safety Car, Ayrton marcó el nuevo record del trazado y solo nueve años después Schumacher pudo rebajarlo, al volante de un auto mucho más evolucionado técnicamente, más potente y con mejores gomas. Un giro más tarde, pasando por Tamburello a 310kmh (el sábado, cuando marcó la Pole fue cronometrado a 312kmh) la columna de la dirección se partió (al menos esa es la conclusión universalmente aceptada). También lo hizo la barra de suspensión delantera derecha, que rasparía sobre el asfalto afilándose mortalmente, según delataron las experticias. Ahora entran las probabilidades y si usted, amigo lector, se siente atraído por el cálculo avanzado, nos gustará saber su respuesta matemática a la siguiente sucesión de preguntas:
La telemetría demostró que Ayrton pudo recortar a quinta velocidad y luego a cuarta mientras pisaba fuertemente el freno, reduciendo su velocidad a 186kmh en un lapso no superior a los dos segundos. ¿Qué posibilidad había de que durante ese esfuerzo, la suspensión no terminara de desprenderse?
El casco de un piloto de F1, incluso para los estándares del circo en 1994, es una estructura segura y tremendamente resistente. Creemos recordar algunos datos que informaban acerca de la posibilidad, en el casco Bell que usaba Ayrton ese día, de que este aguantase impactos puntuales (fracciones de segundos) de hasta cinco mil kilos en cualquier lugar, menos uno; la visera. De nuevo, ya dentro de las millonésimas posibilidades que hemos ido diseccionando con las preguntas anteriores, he aquí una nueva, que hará la cifra aun más abultada. Y si eso no fuera poco... ¿cuántas posibilidades había de que aquella barra mortal se estrellara justo entre el casco y la visera, en la guarnición de goma que asegura el hermetismo del casco? Eso, precisamente, ocurrió con Ayrton y el mismo Bernie Ecclestone, amigo personal del astro paulista, fue lapidario al comentar que si la barra hubiera golpeado un centímetro más arriba, el propio Ayrton hubiera explicado la causa del accidente.
Empero, hay quiénes vemos (y seguramente usted estará de acuerdo) la vida de un modo más sensitivo y menos numérico. Calcular la verdadera posibilidad de que tales cosas ocurrieran es completamente posible, mucho más con los sofisticados sistemas de simulación existentes hoy y arrojaría una posibilidad entre quien sabe cuantos miles de millones. Lo cierto es que, pese a lo muy improbable que aquello fue, ocurrió. Y para quienes vemos la vida como algo mucho más allá de nuestra limitada comprensión humana, solo hay una gran explicación; Ayrton fue un gran creyente cristiano y no se cansó de predicar su fe en Dios. En ocasiones aquella prédica se trocó en un fanatismo que muchos incomprendieron y que algunos incluso llegaron a irrespetar con burlas y chistes, lo cual no es nada raro en una Fórmula 1 que día a día se hace menos humanizada y más frívola. Así, para todos los frívolos no creyentes y también para los fervorosos que temen a Dios, la cadena de eventos que precedieron el deceso del gran Campeón es sencillamente la muestra irrefutable de que Dios existe y que fue Él quien determinó que nuestro piloto favorito había culminado su misión en la Tierra, al menos como ser humano mortal. ¿De qué otra forma puede explicarse que, habiendo golpeado el muro frente a los ojos de miles de millones de espectadores de todo el mundo mientras dominaba al pelotón incluyendo al desde entonces invencible Schumacher, y habiéndose registrado el momento en video, luego de haberse diseccionado este video punto por punto para añadir la telemetría y complementar todo con la información fotográfica (muy amplia) disponible, tras haberse consultado a todos los profesionales de todas las áreas y escuchar las declaraciones de quienes vieron de cerca el accidente, incluyendo Michael Schumacher y Gerhard Berger, que perseguían al Williams, y habiendo pasado diez años de aquello entre experticias, cálculos y especulaciones, nadie aun posee una teoría exacta y universalmente aceptada de cómo ocurrieron realmente todos esos eventos y, especialmente, porqué. Datos e hipótesis existen muchas y narraciones generales, como esta que usted lee ahora, también las hay, pero un veredicto preciso y veraz solo puede existir aceptando que aquello fue un evento divino que demuestra, como alguna vez predicó el propio Ayrton que “lo que Dios quiere en los cielos, nadie en la tierra puede impedirlo”. Quiso Él, sabrá solo Él por cual razón, llevárselo de ese modo para dejar patente su presencia y su poder. Y aceptando que ello fue así, no quedará más que agradecer a Dios habernos brindado el regalo de disfrutar por diez años del arte de Ayrton y soñar algún día ser como él. Solo Dios puede entender y permitir eventos como este y, como dirían los entendidos en esta área, ninguna inteligencia humana podrá jamás compararse con la inteligencia de Dios. Gracias Señor por permitirnos conocer a Ayrton y disfrutar con los dones que le diste. Bendice a nuestro Campeón y permite que descanse en paz y sea recordado no por las razones por las cuales murió y por las polémicas (aun insolutas) que ello generó, sino por la grandeza de su muerte y por todas esas hazañas que, en definitiva, fueron las que le ganaron el corazón de quienes aman el deporte a motor. Ayrton vivirá mientras haya quienes le recordemos por lo que fue en vida pues eso y las alegrías con las cuales celebró sus duramente trabajadas victorias, fue lo que él nos quiso regalar y lo que perdurará siempre. Amén. He aquí lo que nuestro impecable entendido y colaborador de PasiónF1.com explica sobre ese grandioso mito que es Ayrton Senna. Como nace su leyenda, como transcurre ese fin de semana, de que manera se desarrollan los hechos y cual fue su papel en la existencia de su vida y muy especialmente dentro de la F1. Sin duda un bello y sentido relato idóneo para que los seguidores de este deporte en la época “Post Senna” comprendan mejor la dimensión del gran piloto que fue Ayrton...
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