¿IR A UN GRAND PRIX?
Julián Afonso Luis

Si lee reportes sobre F1 o escucha lo que opinan los especialistas que la cubren en todo el mundo, conoce las quejas sobre la falta de espectáculo en los Grand Prix.  En realidad el espectáculo existe y es más abundante e interesante que nunca... pero no se trata precisamente de esas carreras al “estilo Meteoro”.   Algo que saben bien quienes han ido a un Grand Prix.

Una tarde de Abril hace cinco años uno de los más entrañables comunicadores automotrices que ha tenido Hispanoamérica, Don Armando Ortiz, nos dio una noticia con una emoción inusual en un caballero de setenta años.  “Voy al Grand Prix de Canadá”.  En nuestro escritorio reluce el recuerdo que nos trajo; un F1 en miniatura de bronce, sobre elegante mármol verdoso.  Pero regresemos a la tarde aquella.  Una de mis primeras preguntas sobre el viaje no tenía que ver con el espectáculo pues ambos sabíamos qué esperar, sino sobre los aspectos prácticos, el viaje, los traslados, el alojamiento y, sobre todo, la posibilidad de ir y “ver” pues lo primero que se aprende al viajar a un Grand Prix es que una cosa es totalmente independiente de la otra.  Para “ver” hay que “ir”, sin duda.   Pero más de uno ha “ido” y no ha “visto”.   Don Armando, práctico y con soluciones para todo, me dijo “No hay problema.  He hablado con Carmelo Trimarchi”.  El apellido no lo único que tiene este caballero de italiano y aunque es un ferviente ferrarista, conoce la F1 desde hace tanto que disfruta todo el espectáculo, aplaude triunfos como los de Kimi y Montoya sobre Schumi el año pasado y creó una loable iniciativa.   Grand Prix Tours.

Sigamos añadiendo nombres a la historia y remontémonos a Noviembre de 1997, cuando Eddie Irvine visitó Venezuela.   El irlandés nos dijo “la F1 es mucho más de lo que puedan ver por TV, mucho más de lo que puedan imaginar.  Cuando uno va a un Grand Prix, se trate del primero o del más reciente, donde ponga el ojo, siempre algo llama su atención”.  En primer lugar, ir a un Grand Prix es una oportunidad inmejorable de hacer turismo y todos los países que tienen algo que mostrar al mundo intentan transmitir ese mensaje a millones de turistas.  Y el mundo de los Grand Prix es ideal para ello.  Es costoso, pero si no se tiene dinero suficiente se puede apelar al plástico o ahorrar durante algún tiempo. Aun así, cada vez hay menos gente con tiempo suficiente para viajar a cualquier país para conocerlo a fondo y es una lástima gastar tanto para ir a determinado país a ver el Grand Prix y regresar sin haber visto más que la carrera.   La F1 ofrece el espectáculo de ver carreras en todo el mundo y el interés no está en ver carros dando vueltas o pasándose entre sí sino comprender que esa pista está en un lugar con su propia historia, gente, tradiciones, costumbres y cosas interesantes, para entretenimiento y acervo cultural.   

La otra cosa es, nos explicaba Carmelo, la visión de los Grand Prix que da la TV.   Cómodamente sentados vemos a Montoya trazar cada curva de la pista de turno durante todas las vueltas sin faltar una (si tiene la suerte de sintonizar una transmisión que no transmita la pauta comercial mientras transcurre la carrera).  Pero una pista como la de Bahrein, de 5.4mts de largo, mide exactamente eso.  Y si nuestro hermoso Parque del Este tiene una pista de trote de 2kms, imagine que el más sencillo de los complejos deportivos que albergan Grand Prix es, por la medida pequeña, le triplica en área.  Sin olvidar los escenarios faraónicos como Indianápolis, Shangai o Sepang.  Vaya a Monza y pague la entrada más cara en la tribuna principal para darse cuenta que verá poco más que la recta principal. Allí los carros pasan a 300kmh y solo apreciará un manchón envuelto en un estruendo hermoso.    El resto de la carrera, si quiere verlo, tendrá que sintonizarlo por TV, como hacen en Imola.  Hay pistas que ofrecen puestos prepagados en tribunas que no son la principal pero en ellos se ve casi todo el circuito a pacto de perderse la largada.   En otras, simplemente, no hay espacio en la gran gradería central y habrá carreras como la de Canadá, donde es un espectáculo dentro del espectáculo sentarse en la grada del Casino y ver como ataca la frenada cada piloto.  Una experiencia que no se aprecia en TV y que es simplemente excitante sobre todo cuando ese divino aroma a freno quemado se entrelaza con una atmósfera seca y fría.   Intente ver eso por TV o desde la tribuna principal.

Los Grand Prix se realizan en escenarios grandiosos y eso significa caminar bastante.   Si tiene suerte y llega temprano podrá pasear por el paddock antes que el personal de logística le pida ir a su tribuna.   Pero no siempre es fácil comprender cuál de todas las tribunas es la suya y quizá, al llegar, ya su puesto está ocupado o tenga que pasar incómodamente entre el público mientras los autos dan vueltas y vueltas sin que usted los vea.

Además de caminar por la pista, también es necesario alojarse y trasladarse para ver la carrera.  Hágalo en Silverstone y recordará lo que sufren quienes viven en Charallave y trabajan en Caracas.  ¡Hakkinen una vez estuvo a punto de no disputar el GP porque su carro quedó sepultado en una inmensa cola de fanáticos deseosos por verle correr sin saber que estaba entre ellos!   Hágalo en Monza y aunque Milán queda a pocos minutos, sufrirá al entrar y salir porque la marea roja no solo se aglutina cuando gana Ferrari.   Si piensa que luego de la carrera puede pasear por el histórico anillo de alta velocidad, el mitin de aficionados le hará desistir.  Y si piensa que puede llegar a Milán para ir la discoteca, es bueno saber que aunque la distancia es corta, el tráfico hace colapsar la zona amén que, en ese momento, comprenderá que antes querrá pasar por el hotel, ponerse ropa fresca y salir.   Hágalo en Barcelona y sabrá que entre el Circuit y la Ciudad Condal hay ochenta kilómetros de autopista que es mejor hacerlos en autobús porque si alquila un auto puede ocurrirle lo que le pasó a un amigo que equivocó una rampa de salida y llegó al autódromo una vez que la carrera había iniciado.  Hágalo en Sao Paulo y correrá el riesgo que corre cualquier turista que se atreve a deambular solo por el Oeste de Caracas.   Viajar por ensayo y error a cuenta de nuestro bolsillo puede ser una experiencia no muy agradable... 

Cuadre su viaje desde casa y tendrá que elegir hoteles por catálogo.   No siempre uno de cien dólares la noche es lo que uno espera.   Y los hay no muy caros pero sí muy discretos y bien dotados, en los cuales se alojan algunos pilotos para huir de la notoriedad. ¿Usted sabe cuáles son?  Eso no lo dice la Guía Michelin, ni ningún instructivo de agencia de viajes. Tampoco le dicen que Villeneuve tiene una discoteca en Montreal que usted puede visitar del modo en que podría conocer el hotel de Coulthard en Mónaco.  Ni le dicen que hay un magnífico museo de Ligier en Magny Cours o le consiguen una entrada para la carrera de Indianápolis que incluya un pase para el museo lleno de carros de carreras que han pilotado grandes como Mario Andretti o Alex Zanardi.  

Lo singular de recurrir a Grand Prix Tours es que Carmelo es un gran apasionado.  Cuando Armando fue a Canadá con él, Carmelo se las ingenió para hospedar al grupo en el mismo hotel donde dormía Fisichella. El romano estaba de tan buen humor por haber terminado 2º la carrera que decidió celebrarlo en el bar del hotel.  Carmelo se enteró, avisó al grupo y el rato fue inolvidable.   Un caballero que Armando describió como “de esos que se la saben todas” exigió un puesto en la tribuna principal justo en la S de Senna, pero Carmelo sugirió la horquilla del Casino.  “Hay menos gente, siempre hay espectáculo a la hora de frenar aunque el piloto ruede solo o se defienda de otros corredores, los carros se ven bastante más cerca, el ruido es más bonito y si quieres tomar fotos, no hace falta una gran cámara para tener unas bonitas tomas del carro que quieras.  En la otra tribuna verás como los carros atacan la S, pero desde atrás, no como lo ves por TV”.

Claro está, si lo suyo es ir a Mónaco porque es el sueño de su vida, Carmelo tiene un paquete y dentro de las limitaciones de las carreras en el Principado en cuanto a encontrar un buen lugar para ver o un modo barato y cómodo para llegar a Mónaco desde Niza si no quiere pagar la fortuna que suele costar un hotel en el propio Principado durante el Grand Prix (recuerde que las calles se cierran para realizar la carrera y el tráfico colapsa obligando a caminar bastante) Carmelo lo arregla.   Pero será él el primero que le diga que, para ver todo lo que se pueda ver a cambio del dinero que paga, hay mejores alternativas.   

Aquí no es un tour teledirigido por una robótica agencia.  Carmelo, en un simpático italiano venezolanizado, cuidará a todo el grupo desde Maiquetía como si fuera, más que un viaje, una excursión pues su trabajo es la perfecta excusa para ver el gran espectáculo del circo que ninguna pantalla de TV podrá transmitir.   En una semana conocerá todo lo que vale la pena conocer de la ciudad como debe conocerse, caminando por sus calles, sudando bajo su sol y saboreando el día a día de sus habitantes.   No perderá tiempo por no saber cuál calle tomar y cuál no.  No sufrirá la desagradable experiencia de caminar como un camello para, al final, darse cuenta que ha debido ir al punto opuesto.  No tendrá que preocuparse por encontrar entradas y si usted es de los que, dentro del presupuesto, destina cien dólares a souvenirs, terminará visitando un sitio donde venderán lo mismo que venden los buhoneros en la pista, pero a precio menor.   No se hospedará en un hotel cinco estrellas de esos que rebosan gente y polvo bajo la alfombra, sino en uno en el cual será bien tratado.  Esto es una gran diferencia.   El año pasado una amiga fue a Dubai y, al yo escribirle un e.mail pidiendo información sobre el GP de Bahrein, decidió dar el salto para “ver la carrerita” y hospedarse en el mismo hotel de Schumacher, en el carísimo y espacial Burj Al Arab  para lamentarse amargamente.   “El hotel es de ocho estrellas y es espectacular pero como Schumi estaba allí, había tantas medidas de seguridad que debí quedarme en el cuarto.  Ni te cuento lo difícil que fue llegar al circuito y lo caro que me cobraron por estar hospedada en el Burj”.   Carmelo, en cambio, es un gran coleccionista de recuerdos de todo tipo de los Grand Prix así que siempre estará detrás de cualquier atisbo de interés que vea.  Y si se entera que Fisichella está tomando vodka en la disco de Villeneuve le irá a buscar de inmediato. Eso sí, no se sorprenda cuando usted pida un autógrafo del romano y él le acompañe para pedirle uno para él.  

¿Qué tan caro sale un tour en torno a un Grand Prix y cuánto tiempo dura?  El monto varía entre los dos y tres mil dólares (excepto lo que quiera gastar aparte) lo que significa pasaje, alojamiento, entradas para los tres días de Grand Prix, traslados, ciertas comidas y cosas así.   Usualmente se toma unos cinco días.   La verdad, no es caro (obviamente si uno puede permitirse el gasto) pues en un solo viaje concentrado conocerá la ciudad y su historia, disfrutará una caminata (si desea) por todo el circuito, verá la carrera desde una posición privilegiada, maravillosos instantes en el paddock en los cuales con suerte podrá ver a los miembros de la mayoría de los equipos en su quehacer habitual y a algunos pilotos o personajes VIP, comprará souvenirs exclusivos, tomará bonitas fotos incluyendo una suya cerca de un motor, quizá podrá disfrutar de una cena de gala con algún piloto y regresará a Venezuela con una perspectiva diferente de lo que es un Grand Prix, de lo que vale realmente la pena ver en TV.  Comprenderá que los únicos que se quejan de que los carros no se pasan en pista, son los que no han visto cómo lucen dos carros a 300kmh mientras se aproximan a una frenada, los que no se han dado cuenta de que hoy un Grand Prix no es un asunto de pilotos compitiendo, sino de conocer las pistas donde corren, las realidades de cada país en los cuales se realizan y de experimentar la fascinación que reviste un espectáculo con muchos protagonistas de países diferentes y que tienen culturas distintas. Y comprenderá que no es lo mismo para Ferrari ganar en Italia, donde hablan su idioma y comen pasta, que en Bahrein, en un autódromo espacial en medio de la nada desértica.

Cuando Armando volvió de Canadá me contó que le dolían los pies y, mientras me dio mi recuerdo, me aconsejó “ahorra y vete.  Vale la pena y ningún dinero paga lo que ves ni el modo en que eso te hará percibir la F1 y el automovilismo”. Coincidimos con él y añadimos que nos hace comprender que “ir” y “ver” no son conceptos que siempre van juntos por lo cual es bueno atender los consejos de aficionados como Carmelo, que saben cómo “ir” y “ver” lo máximo sin llevarse el chasco de mi amiga en el Burj.  Eso sí, es difícil ir una vez y no querer ir otra, y otra, y otra...


Julián Afonso Luis

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