|
Lewis Hamilton, aunque los fanáticos españoles se empeñen en
disimularlo, ha conmovido los cimientos de la F1 hasta el fondo, con o
sin cetro. Así de sencillo. Podría ya retirarse y sin embargo su
impronta quedará en la historia de oro de las carreras, superando
hazañas como las de debutantes al estilo Jacques Villeneuve, Mario
Andretti, Carlos Reutemann o Johnny Servoz-Gavin. Cosa que la inmensa
mayoría de los debutantes no puede decir en su primer año.
Para un servidor, Lewis Hamilton estaba crudo… no para subir a F1, sino
para afrontar una temporada en GP2 al tope máximo de la competitividad.
Era el inicio de 2006 y a muchos sorprendió ver a última hora se
anunciarse el nombre del negro (no fue McLaren quien pagó el asiento,
por lo cual lo que hoy se llama el “clan Hamilton” pasó unos cuantos
meses tratando de hacer lo necesario para cumplir el consejo de Dennis y
McLaren, que en el proceso de formación deportiva y profesional del
moreno, impusieron que éste, como sea, debía estar en GP2) junto al del
francés Alexandré Prémat como titulares del team ART, que en 2005 había
dado la corona a Nico Rosberg a base de una suprema superioridad en
ciertos elementos de un Dallara Renault que, en teoría, debía ser igual
al de los demás equipos y en la práctica no lo fue. Ninguna suspicacia,
llamémosle más bien parte de eso que los especialistas conocen como “la
ventaja injusta” y que debemos encontrar en todas esas cosas que sin
formar parte del reglamento, tampoco están fuera de él y sin embargo
hacen la diferencia, sobre todo en un reglamento de F1 como el actual,
tan estandarizado y con tan poco margen para la innovación tecnológica.
En el Dallara de Rosberg, esa “diferencia” era un ajuste del sistema de
frenos y la disposición de data de telemetría e info de circuitos
desarrollados en el seno de un team de F1. Algo que nadie prohibió
expresamente, pero que tampoco nadie permitió y que surgió como
respuesta a una de las pequeñas fallas técnicas que reportaron los
Dallara en la naciente serie ante-sala al circo; la debilidad del
sistema frenante ante pilotos que resultaban extremadamente capaces de
rodar todo el tiempo al límite de las especificaciones de los carros.
Por entonces, el caraqueño Ernesto Viso se estrenaba con un nuevo team,
iSport, en su segundo año en la categoría y los pronósticos apuntaban
justamente hacia los pilotos que acumulaban experiencia y se hallaban en
los team ARDEN y ART, los mejores y por entonces los que tenían más data
de F1. iSport era un team más joven y muy potente, que necesitaba un
piloto que consolidara su potencial; un trabajo hecho laboriosamente por
Ernesto Viso y que, cuando estuvo listo, en forma de un carro y un team
plenamente competitivo, fue aprovechado no por el caraqueño (que igual
dio el primer triunfo al team de Paul Jackson y le puso en la ruta que
le llevó al cetro de este año), sino por otro piloto –Timo Glock- que al
tener experiencia F1 (y no solo por lo que respecta al pilotaje en sí),
tenía vivencias extras que en GP2 solo podían compararse a las de otro
exF1 como Giorgio Pantano y significaban un gran valor agregado. Viso
era el único, en ese contexto, sin siquiera un pequeño contacto con un
Fórmula 1, mientras los favoritos a la corona, tipo Nelsinho Piquet o
los pilotos franceses, podían vanagloriarse de haber hecho algún
contacto. Hamilton tampoco tenía ninguna experiencia en F1, aunque sí
conocía las instalaciones del team McLaren y a varios de sus miembros.
Aun así, pensar que eso hacía del negro un Campeón o incluso un piloto
de F1, es una tontería; un servidor es amigo de todos los actuales
comentaristas de la F1 por TV y sin embargo, no por ello es un
comentarista televisivo.
Pese a la inexperiencia de ambos en F1, frente a rivales que sí la
tenían, tanto Ernesto Viso como Lewis Hamilton lograron estar a la
altura de lo que les pedía en GP2. ART, empero, era un team en ese
momento más maduro que iSport, al cual podríamos considerar más bien en
progresión. No queda duda de que si este año Viso hubiera estado en el
team de Paul Jackson, la corona habría sido suya, no de Glock. Pero a
mediados del año pasado Tristán Gommendy no pudo mantener los
patrocinadores que pagaba su asiento y Glock tomó la oportunidad al
aire, gracias a ese roce previo con la F1. No le había ayudado mucho en
su pasantía en BCN, con un carro que tenía tanto pendiente por hacer,
pero en el carro de iSport tan finamente ajustado por Ernesto, donde el
asunto con Glock fue de solo sentarse y correr, esa sutil experiencia
hizo la diferencia. La suerte, quiérase o no, es un factor que influye a
favor y en contra.
Volviendo a los aspectos deportivos, un servidor comentaba hace ya año y
medio que Hamilton podía estar verde para GP2, pero otro comentarista
tan o más apasionado por las carreras, me hizo su propia reflexión
advirtiendo que la capacidad de dominio del moreno en el cockpit y su
capacidad para aprender son asombrosas “la gente habla mucho del negro
en Inglaterra y en Europa, pero te aseguro que no es casualidad”. Aun
así, a pesar del crédito y el respeto profesional que nos merece esa
persona, no dejamos de pensar e incluso opinar –el tiempo nos hará ver
que el juicio era totalmente errado- que el negro era un producto que
obedecía tanto a la necesidad de un Campeón inglés como en su momento se
creó un producto que respondía a la oportunidad comercial que abría un
país que despertaba al negocio de la F1 tras una laboriosa siembra a lo
largo de muchos años por parte de sus autoridades deportivas; España.
La facilidad con la cual Hamilton solía recuperarse de sus constantes y
pequeños errores de inexperiencia en GP2 fue sencillamente asombrosa
para todos los que en Caracas nos trasnochamos por ver esas carreras y
estar pendiente de las evoluciones de Ernesto Viso. Se equivocaba y, de
hecho, se equivocaba mucho el negro, pero parecía que esos fallos le
daban la capacidad de retroalimentarse, de fortalecerlo, de hacerle más
temible. Un profesional competente y experto como Prémat salió tan
demolido de su confrontación con el negro a igualdad de máquina y con el
número 1 ganado por Rosberg en 2005, que tuvo que abandonar la
competición de monoplazas en Europa. Otro francés, Nicolás Lapierre, en
un team ARDEN que teóricamente tenía un carro tan o mejor como el que
daba ART a Prémat, se diluyó. Y Nelsinho Piquet, que pertenece a la
escuela de pilotos que van bien si su carro va bien y que solo necesitan
un monoplaza totalmente ajustado en el cual pilotar a fondo sin
dosificar motor, frenos o gomas, no tardó en dejar evidente que el
moreno mostraba más fantasía al volante y mejor capacidad de administrar
su máquina, cometiendo menos deslices en carrera y teniendo menos
averías.
Aun siendo así de asombroso su año debut y triunfal en GP2 (que no es
una categoría “fácil”, ni física, ni mental, ni profesionalmente,
comenzando porque allí se corre sin control de tracción y con ruedas
slicks, a diferencia de la F1), de nuevo un servidor rechazará los
comentarios de todos aquellos que comentaban que el “negrito” pasaría a
F1 en 2007. ¿Por qué? Porque estaría “verde”, porque sería un debutante
en un carro puntero y hacía falta acostumbrarse. Porque el ciclo de
aprendizaje en F1 exige dos o tres años antes de asimilar –ni siquiera
aprovechar a fondo- la capacidad que tiene un mega team de F1. Alonso
mismo, tras un año en Minardi en 2001, uno de tester en Renault en 2002
y uno de titular en Renault en 2003, todavía Alonso se exhibió en 2004
con errores impresionantes como el de Mónaco o Monza, por mencionar solo
dos. Y no necesariamente por falta de calidad, sino porque si bien en F1
el aspecto de pilotaje es relativamente fácil gracias a las ayudas
electrónicas, adaptarse a un equipo y a la atmósfera híper corporativa
del circo, añadiendo las facetas políticas, formación física y mental,
comerciales, públicas, mediáticas, etc. es todo otra cosa, sin olvidar
que viajar por el mundo es algo muy normal (y estresante).
LOS ANTECEDENTES
Para nadie es secreto que Ron Dennis es el protector de Hamilton.
McLaren, por inherencia directa del manager inglés (no es un pecado sino
una necesidad, Alonso tuvo su Briatore y tanto a Nico como a Nelsinho
les ayudan sus papás, que tienen buena experiencia en los manejos
comerciales del circo), ayudó a financiar su carrera, aunque no toda y
muchas veces la ayuda prestada por el team era del tipo conocer las
instalaciones del equipo, tomar roce con sus profesionales, tener
posibilidad de hacer preguntas técnicas y poder buscar algunos
patrocinantes sugeridos por el team (el team no los buscaba por él), a
los cuales tenía que encargarse de convencer, con el handicap que
representa en Inglaterra ser negro. No en balde todos los patrocinantes
quisieran casarse allí con un paisano con la planta física de David
Coulthard o Jenson Button y es que, recordemos, hablamos del país de
Roger Moore, el Príncipe Carlos, Simon Templar, no el de Carl Lewis, O.J.
Simpson, ni Louis Armstrong.
Lo que sí garantizaba el padrinazgo de Dennis era que Hamilton llegara a
F1 y que si completaba su aprendizaje en la forma correcta, su primer F1
pudiera ser un McLaren como tester e incluso se pudiera, en algún
momento, convertir en titular del equipo. Una garantía sí, pero no una
certeza, pues McLaren tiene un Junior Team y programas de reclutamiento
que otorgan a jóvenes promesas británicas como Hamilton. No fue tampoco
el negro el primer piloto tomado por Dennis y su organización desde sus
años de karting para formarlo y proyectarlo hasta la F1. ¿Por qué no era
una certeza? Allí está el caso de Nick Heidfeld, que también fue un
prospecto mimosa y cuidadosamente formado por Ron Dennis, el McLaren
Junior Team y Mercedes Benz. El alemán, incluso, tuvo hasta más ventaja
que Hamilton en el sentido de haber competido en el campeonato
Internacional de F3000 como titular del team McLaren Mercedes y no como
Hamilton, con un asiento en un equipo diferente. Luego, la siguiente
etapa de su aprendizaje la hizo debutando en el team de Alain Prost,
para ganar experiencia. Posteriormente fue a Sauber y parecía que de
allí, tras dos años de aprendizaje, estaba listo para saltar a McLaren
como reemplazo de Mika Hakkinen, en 2002. Sin embargo apareció Kimi y
Dennis vio en el novato finlandés cosas que no había visto en el
prospecto alemán durante toda su formación previa, así que lo desechó.
Nadie eximía, ni siquiera el propio Lewis, que en McLaren pudiera tener
un destino similar.
Sin embargo, a diferencia de los tiempos de debutante de Heidfeld, la
actual época permite que los prospectos puedan hacer escuela en el team
que los está formando, gracias a la figura de “piloto del viernes”.
Ciertamente el rol de tercer piloto quedó redimensionado este año en
relación con lo que había sido hace dos o tres años, pero eso podía ser
un handicap en team pequeños como Toro Rosso, mientras McLaren, Ferrari
e incluso Renault, tenían los mecanismos para hacer que sus tester
recorran los kilómetros suficientes, incluso tantos como Kovalainen o
Alonso quienes en sus tiempos de tester para Renault (2006 y 2002
respectivamente) hicieron más de 35mil kilómetros de pruebas entre los
dos, es decir, casi 20mil solo para Kovalainen. ¿Cuánto equivale eso?
Calcule que cada GP, con ensayos, calificación y todo, dura unos 700kms.
El plan a plazo de Dennis preveía ir haciendo que Hamilton quemara las
etapas sin dispersarse, por lo cual durante su militancia en GP2 apenas
si se preocupó en hacerle probar un F1. Solo lo suficiente, hacia
Agosto, para verificar que el salto no fuera traumático en términos de
potencia y frenada. En realidad, la GP2 es bastante propedéutica pues el
rendimiento de esos carros puede compararse e incluso superar a los de
F1 como el que usó Schumi para debutar en F1. Una vez verificado que el
contacto no traía traumas y que Lewis podía asimilar sin problemas el
salto a una categoría con casi 150HP extras (muy digeribles gracias al
control de tracción y de arrancada al punto que gente como el propio
Hamilton, Viso, Piquet y Rosberg, solo por mencionar unos pocos, afirman
que los F1 son más sencillos de manejar porque frenan mejor y por esas
ayudas al manejo), Dennis le hizo saber que no volvería a montarse en un
F1 hasta no ganar el cetro de GP2. Es decir, hasta fines de Septiembre.
Por entonces Dennis tenía planteado subir a Lewis a F1, pero como piloto
de pruebas de McLaren (no tenía muy claro si prestarlo, como hizo
Renault con Alonso en Minardi o como hizo RedBull con Vettel a BMW) y en
el ínterin aprovechar un tercer año de Juan Montoya en el team para que
el colombiano le hiciera la antesala a Alonso y sirviera de elemento de
enlace entre pasado y presente, para mantener la continuidad en el
desarrollo de un carro que en 2006 iniciaba su primer año “vivo”
(normalmente en F1 los autos son desarrollados con proyectos que prevén
un primer año de puesta a punto y dos o tres de vida útil, gracias a la
constante evolución y micro evolución). Solo que Montoya le hizo saber a
Dennis que quería desarrollar carros para ganar carreras él, no para que
otro las ganase en su lugar y tampoco le interesaba mucho permanecer en
F1 de por todas todas, mucho menos con una figura como la insinuada por
Dennis… un año, sin garantías de futuro y sueldo testimonial, con una
simple promesa que resultó ser un puesto como primer piloto en ProDrive
para 2008 si las tratativas entre Dennis y Richards para el suministro
de chasis y motores en especificaciones 2007 servían. Una perspectiva
tan seductora como podía ser un regreso a Williams (apoyado por sir
Frank y con un Head renuente pero que podía ser convencido), una ida a
Toyota o un ingreso multimillonario a Toro Rosso para intentar convocar
con la repercusión mediática suficientes voluntades para crear un
paquete competitivo, un poco al estilo de lo intentado por Tom
Walkinshaw con Damon Hill en 1997. Todos pensaban que Montoya estaría
dispuesto a hacer lo que sea por permanecer en F1, pero cuando el
colombiano dijo que lo que quería era “correr, competir y pasar carros”
nadie supo o quiso ver que para él cualquier categoría bastaba. Hoy el
bogotano se ha convertido en pionero de una emigración importante de
volantes pesados a NASCAR, seguido por Jacques Villeneuve y posiblemente
por Dario Franchitti. Todos en busca de la competitividad y autenticidad
que hoy cuesta encontrar en ChampCar, en IRL o en F1 incluso. En
realidad Kimi y Montoya estaban hastiados del ambiente de McLaren y
decepcionados por ver que Dennis había negociado a Alonso a sus
espaldas, en clara muestra de desconfianza hacia ellos aunque sus
palabras dijeran lo contrario; estaban más que deseosos de irse. Era
McLaren quien no los quería dejar marchar y encima insistía en
retenerlos bajo las condiciones del equipo, sin importar que no tuvieran
mucho que ver con las premisas de los pilotos. Kimi se dejó envolver en
un largo y semi oculto trato con Ferrari, mientras Montoya se hastió de
que Dennis jugara con él y con su reputación, pateando el plato y
largándose.
A esas alturas, Dennis se encontró con dos pilotos nuevos en el team
para 2007, uno de ellos un debutante que se montó por vez primera en un
F1 a las pocas semanas de haberse ido Montoya. Se quiso incluso obligar
contractualmente a Montoya a hacer test, pero finalmente los abogados
sugirieron que el arreglo entre ambos debía darse sin ningún regreso a
pista, ni como tester, ni como titular. El bogotano cobró todo su
contrato y se mantuvo inactivo hasta que las condiciones de ese contrato
se cumplieron, permitiéndole manejar para otra gente a partir de
Octubre. La posición del team había sido “si se quiere ir antes, que
renuncie al dinero que debemos pagarle hasta fin de año” y eso no
ocurrió.
Así, con un piloto que llega nuevo al equipo, del cual no todos se ponen
de acuerdo en lo que pueda ser su real capacidad de puesta a punto (el
desarrollo técnico de los autos lo realizaba Fisichella en Renault,
pudiéndose gracias a la telemetría determinar el tipo de manejo de
Alonso y así saber en qué dirección evolucionar el material, lo cual por
cierto proponía una forma diferente de pilotar que la del romano, más
estilista y menos brutal, que marcó a medida que pasaba la temporada
mayores diferencias entre uno y otro, aparte el hecho de que uno tenía
el carro prioritario del team y el otro sabía que el suyo sería atendido
una vez el del íbero estuviera listo) y otro piloto novato, Dennis tuvo
que dudar mucho. La promoción a titular de De La Rosa, en reemplazo de
Montoya, no solo era una movida lógica sino que buscaba evaluar al
catalán. ¿Podría estar a la altura del auto? ¿podría ser una alternativa
al inesperado dilema de buscar un buen volante para 2007, que cumpliera
las expectativa del nuevo plan de negocios del team? Su aporte en la
puesta a punto sí que era importante, pero en carrera no siempre se
mostró deslumbrante (solo en Hungría, donde el propio team admitió que
de haber pilotado Montoya, habría ganado la prueba) y sus resultados no
eran siquiera parecidos a los del colombiano. A inicios del año el carro
valía el cuarto o quinto lugar, manejara Montoya o manejara Kimi, pero
al final de la temporada el rendimiento pareció mejorar y aunque el
carro seguía valiendo la cuarta o quinta posición, lucía menos lejos de
los Ferrari y Renault, pese a lo cual De La Rosa tenía problemas con los
BMW, los Toyota y demás autos de medio pelotón. En 2006 el team, pese a
todo, acabó tercero tras Ferrari y Renault, así que para 2007 se podía
esperar razonablemente estar tras Ferrari pues se sabía que Renault
perdía a Michelin y a los patrocinantes íberos, por lo cual
irremediablemente iba a caer. ¿Podría Alonso consolidar el potencial de
un carro que, si se lograba que acabara carreras sin problemas, tenía
garantizado como peor cosa estar tras ambos –o uno- Ferrari? Si por
alguna razón la adaptación del íbero al team resultaba laboriosa (lo
cual no es de descartar ya que un team de F1 es una estructura
organizacional tremendamente grande y compleja) o no lograba hacer
sintonía con un chasis diferente al de Renault, con gomas (las
Bridgestone) que nunca había usado en F1 y con cuyos fabricantes jamás
había trabajado (un riesgo real, vean lo que le pasó a Ralf, que sí
conocía tanto el auto como las gomas pero por separado y sin embargo
jamás logró sacar nada positivo de ello) ¿el otro piloto sería capaz de
respaldarle?.
Vistos los ensayos de Hamilton y sus prestaciones puras hacia el final
de la temporada, Dennis comprendió que el moreno ya de entrada era más
veloz que el catalán debido a su mayor juventud y fortaleza física, amén
de estar mejor tonificado. Pero Lewis no estaba del todo preparado para
afrontar el rigor físico y mental de una carrera de F1 (que es más larga
que las de GP2) y mucho menos el de una temporada completa. No era un
problema de deshidratación, sino de resistencia física. El moreno
necesitaba ejercitar mucho más la problemática física de tripular un F1
y por ello a última hora se decidió no hacerle debutar en los últimos GP
de la temporada pasada. Considerando que éste ya era más rápido en
prestaciones puras que De La Rosa y sabiendo que, titular o no, el
catalán seguiría realizando su trabajo como piloto de apoyo, la
situación era lógica; valía la pena darle al moreno la oportunidad de
debutar y de hacer kilometraje en su primer año de F1. Para ello era
menester darle toda la cantidad de kilómetros de test posibles para
condicionar sus reflejos y que se acostumbrara al carro, pero también
para que se pusiera a tono físicamente, con un régimen especial de
preparación que no solo se limita a lo que hace dentro del carro, sino
en el gimnasio.
Mientras Alonso armaba un gran barullo mediático intentando que Renault
le dejara probar el McLaren antes de vencer su contrato a fines de
Diciembre pasado (vean lo discreta y formal que fue la posición de Kimi,
que tampoco fue liberado por McLaren antes de tiempo y tuvo que esperar
hasta Enero para presentarse en Maranello sin por ello armar el show
mediático del español), Hamilton desarrolló un programa de test en forma
sistemática con De La Rosa. La idea era comprobar el motor, que seguía
siendo el mismo de siempre pero que al ser regulado a solo 19milRPM
dejaba de ser tan frágil como antes, y la resistencia y eficacia de
diferentes subsistemas, incluyendo el de repartición de frenada. Hizo
unos 3mil kilómetros largos, siendo el hombre que más rodó en invierno
del 2006, por delante de De La Rosa, que también hizo muchos kilómetros
que aseguraran la robustez del paquete.
Fue el 15 de Diciembre cuando McLaren recibió por fin a Alonso en
préstamo para una pequeña sesión de pruebas en Valencia. Ese día el
íbero no coincidió en pista con Hamilton, acabando tercero absoluto. Esa
jornada de test duró unos tres días y participó una veintena de
volantes. Al final, al tabular tiempos de los pilotos presentes en las
tres jornadas (no todos a la misma hora del día y nunca todos juntos en
pista, ni probando los mismos autos o ajustes), Alonso quedaba 8º entre
una veintena de volantes, con tiempos comparables a los de DeLaRosa y
Hamilton, pero no mejores. El team, a cambio, había logrado registrar en
telemetría varias vueltas a fondo del íbero con el carro, teniendo un
“mapa telemétrico” de su modo de pilotar su sabiendo gracias a ello como
orientar la fase final de gestación de un carro, el MP4/22, cuyo
desarrollo había comenzado bastante antes, en el verano, y derivaba
claramente de un MP4/21, cuyo chasis había sido ya prácticamente
desarrollado en su totalidad por Montoya y Kimi, que realmente tuvieron
problemas de motor durante todo ese año, no tanto de aerodinámica o
chasis, excepto que para compensar la carencia de rendimiento del motor
había que exasperar los reglajes del auto para no perder demasiado
terreno. No fue el MP4/22 un proyecto totalmente nuevo, sino una lógica
evolución, adaptada al reglamento técnico vigente para 2007, del auto
que un año antes había hecho debutar Raikkonen y sí era totalmente nuevo
de cabo a rabo.
Hamilton acababa 2006 con buenos progresos en su preparación física y
mental, amén que con buenas sensaciones del auto “híbrido” (el 21 con
componentes desarrollados para el 22), pero también había protagonizado
fuertes accidentes que no dejaban duda de su nivel de entrega en esos
test, pero que también comprometían un poco su integridad a nivel de
espalda y cuello. Dennis había pedido a Mika Hakkinen ponerse en forma
física e incluso probar el auto y el simulador nuevo de McLaren (una
instalación ultra-avanzada y tan capaz que deja totalmente al
descubierto la ignorancia de quienes la tildan un Nintendo gigante). El
objetivo no era hacerle un favor al amigo finlandés para que reviviera
sus viejos tiempos en F1, sino obtener de él una asesoría clara en
términos de puesta a punto y organización. Además, que a Mika se le
pidiera adelgazar y ponerse a tono físicamente como si fuera a correr
(de hecho, se amplió su empeño en el DTW donde hasta entonces había
militado más para pasar el rato que por una obligación netamente
profesional) porque Dennis esperaba que pudiera incluso estar en
capacidad de tripular un F1 en Grand Prix. ¿Para qué? Para que sus
indicaciones fueran reales, pero también porque si Hamilton demostraba
no estar física, mental o profesionalmente a punto, Dennis le
reemplazaría de inmediato con el finlandés para no “quemarlo”. Entre
tanto, Hamilton hacía más kilómetros de test en Enero y Febrero, sumando
unos tres mil y pico más a los que ya había recorrido hasta Diciembre.
En total fueron algo más de 6mil kilómetros, siendo el piloto que más
recorrido hizo en test tras Kovalainen. El finlandés, recordemos, tenía
ya otros 20mil como tester de Renault en 2006 y el propio Alonso tenía
tres mil kilómetros de test con el McLaren y siete años de experiencia
en F1. Pesaba sobre el ambiente la gran duda acerca de si Hamilton
estaría realmente listo, teniendo tan poco kilometraje y tan poco roce.
Dudas que parecieron disipar los registros en test, en jornadas en las
que él y Alonso sí coincidieron en pista. Registros que le hicieron ver
a Dennis la necesidad de evitar que el moreno y el íbero coexistieran en
una misma sesión de test con material igual pues la brecha inicial de
3/10 que pareció darle Alonso al negro, se reducía a ojos vista. Aun así
en McLaren seguían teniendo grandes reservas sobre el verdadero nivel de
competitividad de Hamilton en Grand Prix. Eran pocos kilómetros, poca
convivencia con el team y la presencia de un compañero español que había
exigido que el patrón, Ron Dennis, pasara todo el invierno viviendo en
España a fin de hacer todo tipo de promoción con el español por delante
de la gran afición de aquel país.
El día D, el de la presentación a la prensa del nuevo MP4/22, Alonso se
deshizo en grandes declaraciones que quisieron encubrir un poco el
malestar causado por sus primeras palabras públicas tras probar por vez
primera un McLaren; “por ahora lo que más me gusta es su color”.
Hamilton, más discreto, se limitó a sonreír diciendo que esperaba
simplemente “tener una buena temporada”. Las expectativas deportivas de
gente como Kovalainen pasaban por terminar el GP del debut y crecer en
experiencia a lo largo del año hasta llegar a final de temporada en
posición de conquistar su primer podio. Hamilton manejaba expectativas
similares añadiendo que esperaba que algún día fuera todo lo
suficientemente bien como para pensar en pelear por alguna victoria y
rodar en cabeza del pelotón, aunque no terminara ganando ningún GP.
Alonso había llegado a McLaren diciendo que era un campeón por méritos
propios y que quería demostrar que todo lo que había logrado en su
carrera deportiva era por su propio mérito, talento y trabajo, no porque
–como muchos sostienen- se lo habían dado Renault y Briatore. Hamilton,
sin hablar mucho, se montaba en el carro de un team que le había visto
crecer y formarse, pero que por encima de lo mucho que le quería, sentía
que no estaba preparado del todo para debutar en F1 y mucho menos al
volante de un carro oficial de un team que apuntaba como peor cosa a
terminar 2º en el ranking. De Alonso se esperaba que con el traspié de
Renault y con un carro fiable, estuviera en posición de aprovechar los
problemas que en Ferrari generaría la ida de Schumi y de una buena parte
del organigrama funcional que, hasta 2006, solo se dedicaba a hacer
ganar al alemán y ya no estaba allí. Incluso, en un escenario muy
optimista, se esperaba que el íbero pudiera sacar partido de un duelo
interno en Maranello entre Kimi Raikkonen y Felipe Massa. El moreno era
una incógnita. Incluso para Ron Dennis. Incluso pese a que el negro, en
prestaciones puras, demostraba ya estar a la altura de Alonso y
claramente por encima de De La Rosa tras apenas 6mil kilómetros de test
preparatorios.
GP de Australia 2007. Lewis Hamilton, ante los ojos asombrados del
mundo, equipara el rendimiento de Fernando Alonso que, por mucho que
batalló, tuvo que aguardar a que el pit McLaren respetara su jerarquía
deportiva (su palmarés) y su peso específico gracias a su contrato y
patrocinantes, construyéndole una impecable maniobra virtual en box,
gracias a la cual arrebata a Hamilton el 2º lugar al final de la
carrera. El moreno acaba 3º, cuidando mucho su forma física, tras haber
aguantado al español desde la salida, en donde también se movió mejor
que aquel. Normalmente los debut en F1 son traumáticos… hay pilotos que
se esconden, que se orinan, que se cagan (¡en serio!), que sufren
ataques de nervios, que pasan toda la mañana previa a la carrera
llorando de angustia, que no soportan la presión, que se vomitan, que no
duermen (una memorable excepción fue Kimi Raikkonen, que en su debut
estaba tan relajado que hasta costó trabajo despertarlo para que fuera a
buscar su Sauber y se alineara en la parrilla de salida), que son
víctimas de olvidos u omisiones realmente tontas en carrera y que
muestran todo tipo de síntoma nada extraño al enfrentar la desconocida
experiencia de sentarse dentro de un carro, en un grupo de veintidós
máquinas que entre todas generan veinte mil caballos de potencia ¡el
equivalente a doscientos Aveo! Sin embargo Hamilton sonreía. No lloró,
no se olvidó de apretar ningún botón, no se saltó ninguna luz, no
infringió ninguna norma.
Dos horas más tarde, al culminar la carrera, en el box plateado Alonso
recibe las felicitaciones de team tras haber logrado el objetivo, llevar
el carro al nivel de prestaciones que McLaren calculaba (es decir,
acabar tras los Ferrari y eso, con la falla que afectó al auto de Massa,
significó acabar 2º), mientras Hamilton bajaba del podio y recibía una
lluvia de aplausos. Hasta entonces era imposible saber cuál era el nivel
del moreno en carrera y se temía enormemente su inexperiencia. Lo hecho
al marcar el ritmo de McLaren en carrera y mantener detrás a Alonso en
una cita donde los otros debutantes fueron irremediablemente relegados
por sus compañeros de equipo, no solo superaba cualquier expectativa,
sino que hizo ver inútiles tantas y tan largas preocupaciones tras la
ida de Montoya seis meses antes. Era, en palabras del propio team,
increíble. Por eso Alonso fue justamente felicitado, pues acababa de
lograr un resultado esperado. Hamilton, en cambio, fue también
justamente exaltado pues acababa de conseguir un resultado que dejaba
lejos los mas hondos temores del team y se colocaba a un nivel mucho
mejor de lo calculado por todos. No en balde Villeneuve casi gana en su
debut con un carro que no solo era el mejor, sino que además tenía una
diferencia abismal con el de sus rivales. Hamilton tenía un buen auto,
no el mejor. Y sin embargo solo Kimi lo superó, hasta que el team
decidió que lo políticamente correcto era que Alonso heredara esa
escolta en forma virtual.
El resto, lo que ocurrirá en esa temporada que acababa de iniciar, será
historia…
Julián Afonso Luis
julian.afonso@pasionf1.com
|