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¿DAMON HILL? ¿QUIEN ES DAMON HILL?
Para algunos de los actuales aficionados a la Fórmula 1, Damon Hill es
el flamante Presidente del Club Británico de Pilotos y tendrá a cargo la
regencia del autódromo de Silverstone, en Northamptonshire. Dos cargos
bastante más allá del simple nombramiento político, del figurar por
figurar; el primero agremia a los pilotos profesionales de uno de los
países más prolíficos en fórmulas de promoción automovilísticas y, hoy
por hoy, el que sirve de referencia a todo aquel chico que quiere ser
piloto profesional. El otro tiene, como gran responsabilidad, la gestión
del principal autódromo de Inglaterra, capital mundial del automovilismo
deportivo de alto nivel. Hill releva en esas tareas a un gran Campeón,
Jackie Stewart, cuyo aporte al automovilismo deportivo de alto nivel y
concretamente a la Fórmula 1 es infinitamente mayor al hecho de haberse
ceñido tres coronas y ganado 27GP, así que imagine. Otros grandes
nombres, como el del propio Bernie Ecclestone, han estado asociados de
una forma u otra y a lo largo de los años a esta ilustre asociación.
Damon Hill ciertamente es uno de los mejores pilotos británicos de todos
los tiempos y, junto con Michael Schumacher, el mejor en la Fórmula 1 de
la segunda mitad de la década de 1990. En Inglaterra, Damon va mucho más
allá de tener una gran fanaticada; se trata de un hombre idolatrado,
venerado y con relevancia cierta en los medios de su país por sus
opiniones sobre el ambiente del automovilismo deportivo dentro y fuera
de las fronteras y por su gran aceptación mediática. Esta última ha dado
para todo y Damon tras su retiro de la Fórmula 1 no solo se ha dedicado
como muchos colegas a la promoción de artículos de consumo comercial
sino que además ha incursionado con éxito en la organización y gestión
de equipos de carrera para auspiciar a jóvenes talentos, ha realizado
exitosas colaboraciones editoriales -quizá las más conocidas las
publicadas a través de Autosport y F1 Racing (las dos revistas,
pertenecientes a un mismo grupo editorial, son las de mayor circulación
semanal y mensual respectivamente sobre el mundo del circo)- y hasta ha
hecho TV, teniendo incluso un talkshow que no tiene nada que ver con el
automovilismo deportivo y si mal no recordamos se transmite (o
transmitió) a través de la BBC, con su propio nombre.
¿EL CAMPEON OSCURO DE LA F1?
Para la gran mayoría de los fanáticos de la Fórmula 1, Damon Hill es
solo el hijo de un olvidado doble Campeón Mundial. Un piloto oscuro y
gris, coronado Campeón Mundial 1996 pero sin los quilates para medirse
con Michael Schumacher. Quizá la antítesis de todo lo que es hoy el
circo. Opinión que, empero, no comparte gran parte de la afición
británica y tampoco es la de millones de conocedores del automovilismo
deportivo en el mundo. Ellos (y todos los que han postulado al hoy
popular y celebrado exCampeón) saben exactamente qué es Damon para el
deporte automotor mundial y para la Fórmula 1; uno de sus mejores
embajadores y exponentes recientes. Una verdadera referencia.
Una parte de la verdad en la Fórmula 1 ha sido la figura del hombre que
pasa por meta delante de los demás o del que respeta un patrón que
voluntariamente semejante al de miles de millones de personas en el
mundo. Hill, en cambio, es un profesional del automovilismo deportivo y
de la Fórmula 1, pero solo cuando nos referimos a los aspectos puramente
deportivos-profesionales, sin nada que ver con política, marketing o eso
que los británicos son tan dados a llamar business.
La biografía de Hill se halla salpicada de hechos más que encomiables,
como asumir en primera persona la inmensa responsabilidad (que no muchos
grandes líderes del automovilismo británico han querido para sí) de
llevar al histórico trazado de Silverstone a los estándares del Siglo
XXI (Ecclestone mismo no ha podido, pese a su poder e influencia) sin
que pierda su romántica estampa y toda esa patina que ha venido
acumulando desde que era un viejo aeródromo de la Royal Air Force o
desde que recibió en Mayo de 1950 el primer GP de Formula 1 de la
historia. En el caso de los aficionados venezolanos, que la historia
completa no se conozca y únicamente se haya divulgado una parte del
devenir deportivo de Damon Hill, se debe simplemente a que por entonces
la mayoría de la información relativa al circo era de carácter noticioso
y esta, obviamente, colocaba usualmente a Hill por detrás de Michael
Schumacher. Años en los que el nombre del alemán se asociaba al término
“ganador” y, obviamente, como le había ganado a otro piloto (en este
caso, Hill) inevitablemente cayó sobre aquel el remoquete de “perdedor”.
En realidad gran parte de la fama acumulada por Michael Schumacher en
sus primeros años triunfales en Fórmula 1, época en la cual la ausencia
de Senna dejó por primera vez en muchos años la categoría sin un ex
Campeón entre sus participantes activos, se debe precisamente a haber
derrotado a Damon Hill. La brillantez del duelo entre ambos hizo que
aquel público que huyó en desbandada del circo tras morir Senna, o hacía
guiños a otras disciplinas encabezadas por la americana IndyCART,
regresara y ha permitido que Ecclestone pudiera construir un espectáculo
de clase mundial dirigido a una comunidad de consumo mayormente formada
por elementos de Generación X.
¿Porqué Michael y no Damon? Por una cuestión muy humana, aunque sea
crudo decirlo; el alemán, joven y pletórico de energías, se había venido
preparando desde muy joven para llegar a Fórmula 1 rebosando salud y
experiencia a una edad que le permitiera combinar esa trayectoria
profesional en el automovilismo como piloto con un rápido aprendizaje de
lo que se hacía en F1 para alcanzar rápidamente un largo nivel de
competitividad. Su meta no era llegar a Fórmula 1, sino mantenerse mucho
tiempo en la cima. Hill, en cambio, pertenece a otra generación, la que
lentamente escala escaños y trabaja para ver qué tan lejos puede llegar
a lo largo del tiempo. Para él la Fórmula 1 era la cúspide en su carrera
profesional, tal y como ocurría hasta no hace tanto con todo piloto
profesional con muchos años de experiencia que, al llegar el final de su
trayectoria en Fórmula 1, optaban por el retiro de la actividad
profesional. ¿Para pilotos como Michael Schumacher en cambio, la F1 era
simplemente otro objetivo, pues llegaban con suficiente juventud y
experiencia a ella como para aspirar a militar dentro y al máximo nivel
de competitividad por muchos más años de los que normalmente se hacía.
Es el ritmo del mundo.
EL CHOQUE DE DOS GENERACIONES
Muchos medios de comunicación, incluyendo algunos venezolanos, se han
hecho eco de muchas inexactitudes ligadas a Damon Hill, precisamente por
esa necesidad inmensa que tenía la Fórmula 1 de hace diez años de
construir una figura de ganador supremo a costa de una de perdedor
supremo, dirigida expresamente hacia el grupo de consumidores con mayor
potencial, justamente el más joven. Ello no tiene nada de malo y es
parte de lo que podríamos llamar el ABC del mercadeo; en el mundo
siempre habrá más jóvenes que personas mayores y el deporte lleva
asociado a sí mismo un componente de juventud, de dinamismo, de acción.
Una de las varias imprecisiones de la gran mayoría de “especialistas” a
nivel mundial al mencionar a Hill ha sido, definitivamente, desconocer
absolutamente la trayectoria del volante británico e incluso podríamos
decir que es una gran irresponsabilidad el pretender juzgarlo sin
valorar sus logros previos. Sin embargo bien justo es el refrán ese que
dice que el veredicto definitivo sobre cualquier gran figura lo dará la
historia y no lo que sobre él se diga en el presente, por lo cual ahora
estamos viendo que a Sir Damon esa historia le reconoce como lo que
verdaderamente es, un gran piloto, un mejor corredor y uno de los dos
mejores de su tiempo. No solo tiene numerosas gestas heroicas que lo
avalan, sino que además tiene un palmarés absoluto y relativo de gran
respeto. Otros pilotos, incluso de la actualidad, han tenido material
tan o más excelso que el suyo, pero su palmarés no alcanza lo mismo. ¿Un
caso? Sin ir más lejos, Fernando Alonso. En lo que va de año y durante
todo 2005, el español tuvo el mejor o uno de los dos mejores autos del
circo. Encima tuvo durante ese tiempo y también durante 2003 y 2004 el
apoyo pleno e incondicional de su team, a diferencia de Damon Hill. Con
seis años en el circo, once victorias y un cetro lucen bastante
escuálidos frente a los veintitantos triunfos, el cetro y las tantas
llegadas en los puntos y podios que ostentaba el as inglés.
Sin embargo, para demostrar que una cosa dicen los medios y otra muy
distinta, la realidad (sobre todo en un momento donde la proliferación
de “medios especializados” sobre Fórmula 1 ha hecho crecer en forma
exagerada el número de quienes opinan no sobre lo que ocurre realmente,
sino sobre lo que les parece que ocurre, abandonando la objetividad para
establecer juicios de valor que tildan de bueno o malo a determinada
cosa o persona por el hecho de que les guste en lo personal o no, siendo
quizá Hill el mejor de los ejemplos), hagamos el ejercicio de comparar
las trayectorias de Damon Hill y el Campeón más reciente, Fernando.
Antes, empero, digamos que Damon no pudo aprovechar mucho el apellido de
su padre en sus ambiciones deportivas ya que cuando Graham Hill falleció
en un accidente aéreo en Noviembre de 1975, dejó a Damon quinceañero y
huérfano y a su familia llena de grandes deudas. En otras palabras,
Damon no era el adinerado y popular hijo de un ex Campeón del Mundo de
importancia histórica como pueda serlo hoy Nelsinho Piquet. Comenzó en
motos y sus inicios no fueron auspiciosos, pero ello impide señalarle
como uno de los pocos en saltar de las motos a los autos de carrera con
éxito. Su ascenso fue muy trabajado pues no tenía el físico ideal para
el deporte ni tampoco había comenzado a tonificarse desde niño con la
meticulosidad de los Michael o Alonso de hoy; demasiado larguirucho y
con una fastidiosa alergia nasal que le impedía respirar adecuadamente.
Tampoco era un hombre metrosexual físicamente asociable a campañas de
productos de moda y cosas así, por lo cual difícilmente podría ser
auspiciado por modistos, relojeros y similares. Además, no tenía dinero
a borbotones para poder basar su aprendizaje en el uso del mejor
material disponible como en cambio ocurre a un Fernando, a un Michael o
a cualquiera de los pilotos de Fórmula 1 de las últimas generaciones, ni
tampoco era normal en la generación previa de jóvenes que le precedió,
tipo Lauda o Senna. Y venía de Inglaterra, donde sobran los pilotos con
ganas y deseos de llegar a Fórmula 1, haciendo todo más difícil a nivel
de patrocinios, auspicios y todo eso.
Aun así, Damon llegó. Frank Williams, un viejo zorro capaz de ver al
rostro de cualquier piloto y determinar su potencial, pronto se dio
cuenta de que Hill tenía una habilidad excepcional en el trabajo
técnico. Paciencia para dar vueltas y vueltas en pista, con suficiente
sensibilidad para verificar cualquier cambio en cualquier componente y
las razones (desgaste, rotura, debilidad, etc.) Además su manejo
resultaba particularmente fino y limpio, sin excesos y con un ritmo
excelente a lo largo del tiempo que duraba una carrera. Cosa rara en los
pilotos, especialmente en los que como Damon hacen aprendizajes por
ensayo y error -sin militar en categorías propedéuticas de monoplazas
sino solo en aquellas en las cuales se pudiera y como se pudiera- era
posible decirle que mantuviera el ritmo durante determinado número de
vueltas, siendo las únicas variaciones las inherentes al desgaste
natural de la máquina que manejara si ese fuera el caso e incluso
compensándolas, lo cual sí es una rara habilidad.
Añadamos un último detalle; cuando Damon Hill llegó a Formula 1 lo hizo
con una familia establecida e incluso con hijos. Uno exigía mayor
atención, pues sufre del Síndrome de Down. No es lo mismo llegar a
Fórmula 1 joven, con la sola preocupación de correr lo más rápido que se
pueda, que hacerlo ya a una edad madura, cuando además de las
preocupaciones deportivas hay que atender las preocupaciones que la vida
diaria pone sobre cualquier profesional, padre de familia y miembro de
una comunidad. Algo que, lamentablemente, falta a la gran mayoría de los
pilotos actuales de Fórmula 1 entre otros deportistas y que puede
explicar su falta de madurez en muchas ocasiones. Algo, si se nos
permite decirlo, realmente detestable y criticable cuando hablamos de
iconos, de modelos que toman como imagen miles de millones de
contemporáneos en el planeta. No quisiera saber qué me hubieran hecho
mis padres o qué me haría mi jefe si yo les saludara con la inclinación
característica del actual Campeón cada vez que gana un GP. Es una falta
de respeto inherente a la madurez que por mostrarse a tal escala mundial
puede perfectamente ser imitada por cualquiera, desde el empleado de un
McDonald hasta el Subgerente de un banco. Luego nos quejaremos y
preguntaremos porqué el mundo es un lugar cada vez más ingrato para
vivir, pero si esas son las imágenes que permitimos que vean nuestros
niños para que las tomen como ejemplo...
Apartando los aspectos ligados a la moral y al respeto, ahora sí
entremos de lleno en la comparación diciendo que tanto Damon Hill como
Fernando Alonso tuvieron un año como tester y también uno pilotando la
peor máquina del lote. Tomemos, como base de comparación, seis años
completos de Fernando en Fórmula 1 entre 2001 y 2006 (asumamos que todo
el año mantendrá su tren competitivo mostrado en las cinco primeras
pruebas) y en el caso de Damon tomemos la época entre 1992 y 1997.
Históricamente, el verdadero valor de un piloto-conductor de Fórmula 1
se manifiesta en sus méritos en la puesta a punto y en el trabajo de
box, pero también en lo que hace al volante de un auto “malo”. Fernando
Alonso no tuvo un papel demasiado claro en la evolución del Renault R23,
salvo los test de fiabilidad, y tampoco lo tuvo en la evolución del auto
usado en 2002, el R202, en su año como probador en Renault, si bien
también es cierto que su rol como tester le fue otorgado más para
terminar su formación en Fórmula 1, que por esperarse algún aporte suyo
en el desarrollo de tecnología. Damon Hill, en cambio, puso a punto dos
sistemas que luego en Williams se hicieron cruciales para establecer su
dominio neto en Fórmula 1; las suspensiones activas y el cambio
electromagnético con cambios en el volante. Renault, además, encontró
sumamente provechoso el aporte de Damon para desarrollar sus V10 en
Specs RS5, RS6, RS7, RS8, RS9 y RS9bis, con ángulos de bancada desde los
67º hasta los 90º, pasando por los 72º y los 75º. Un trabajo que
aprovecharon Mecachrome en 1998, Supertec entre 1999 y 2001 e incluso
Renault, pues sus V10 originales a 72º y 75º fueron la base de los
propulsores que se usaron exitosamente en 2005 y 2004. Renault y
Williams monopolizaron la Fórmula 1 entre 1992 y 1997 gracias al fino
trabajo de puesta a punto de Damon, que también hizo los test de
fiabilidad.
Al volante de un auto malo habrá espacio también para comparar el primer
año de uno y otro. Damon hizo su primer año de Fórmula 1 a bordo del
Brabham Judd BT60B, mientras Fernando usó el Minardi European PS01.
Fernando tuvo un año duro con muchos problemas de fiabilidad y su mejor
resultado en meta sería un 10º, si mal no recordamos. Damon tuvo seis
salidas con su Brabham (de nuevo un dato que extraemos de la memoria)
con cuatro intentos no logrados de calificación y dos largadas
efectivas, en Silverstone y Hungaroring, terminando ambas en meta. Si
bien el auto de Alonso era el peor del lote en 2001, eso no quiere decir
que fuera malo pues ese mismo diseño, al año siguiente, hizo 5º en
Australia (una verdadera carrera por descarte) con el debutante Mark
Webber y cuatro años más tarde acabó 8º con Zsolt Baumgartner en Indy
así que, en una Fórmula 1 que cambia minuto a minuto, no puede llamarse
malo un diseño que puede con pocos cambios competir año tras año, por
casi cinco años. De hecho, en dos décadas de militancia de Minardi en
Fórmula 1, el PS01 (y sus sucesivas evoluciones con los años, cambiando
el nombre a tenor de la temporada) será uno de sus mejores autos. El
auto de Damon, en cambio, ni siquiera tenía esa garantía y sería el peor
Brabham jamás hecho. Que Giovanna Amati no pudiera calificarlo en tres
intentos podría tener algo que ver con su deseo de imponer al sexo débil
en un deporte masculino por excelencia, pero un especialista como Eric
Van Der Poele tampoco pudo sacarle gran qué y eso es un indicio de lo
carente que era el material. Lento, inestable, frágil y armado por un
equipo en disgregación con un presupuesto paupérrimo, el Brabham en
manos de Damon terminó la carrera en el rapidísimo Silverstone. Una
hazaña corroborada por el hecho de haber terminado también la carrera en
Hungría. Frente al team Brabham de 1992, el European Minardi de 2001, en
cambio, es como comparar arroz con caviar. Aquel era un team donde los
técnicos se contaban con las manos y el de Stoddart tenía una buena sede
en Faenza con dos centenas de técnicos y un suministro “cliente” de
motores lo cual estaba bastante lejos de los pobres motores que John
Judd podía dar al team a cambio del escaso dinero que recibía por ellos.
Que fuera el más pequeño del circo no significa que careciera de
infraestructura, presupuesto y esas cosas, aspectos en los cuales el
Brabham de tiempos de Damon Hill estaba francamente mal. Y además, Hill
hizo coincidir su primer año de tester en F1 con su primer año como
piloto activo. Alonso, en cambio, debutó y al año siguiente hizo de
tester, cuando Renault determinó que pese a su militancia en Minardi aun
tenía cosas que aprender. Si vamos a seguir con los paralelismos,
encontraremos que uno basó su trayectoria en el ensayo y error por
cuenta propia mientras otro aprendió lo que le enseñaron, aplicando
luego lo aprendido al momento de correr.
Si evaluamos los resultados, las once victorias de Alonso pesan bastante
menos que las veintiuna logradas por Hill en esos mismos hipotéticos
seis años. Ambos, en ese mismo tiempo, lograron un cetro y si bien es
cierto que Alonso este año podría añadir un segundo (recordemos que la
comparación la hacemos a base de seis años) para que igualara la
cantidad de victorias de Hill tendría que ganar una docena de carreras
más y también estamos en una época donde se correr más carreras al año.
Pero no todo son números. Damon ciertamente tuvo el mejor auto del lote
en 1993 -su primer año completo en Fórmula 1- pero contribuyó en forma
sustancial a su desarrollo, por lo cual podríamos decir que mereció
tripularlo. Alonso, tras su año de tester en 2002, no tuvo un 2003
comparable al 1993 de Damon y ese no fue su primer año completo en
Fórmula 1, sino el segundo. Ambos, el inglés y el español, ganaron su
primer GP ese año y Damon pudo haber ganado al menos dos más, aparte los
dos que sí ganó para dejar la marca en tres victorias al final de la
campaña. Alonso apenas ganó una vez y fue la única ocasión en la cual
pudo optar al triunfo. Ciertamente su auto no era el mejor, pero ¿qué
hizo el team encargado de desarrollarlo a lo largo del año anterior? Hay
un atenuante, claro, el uso del V10 a 111º…
Ya en, 1994, su tercer año en Fórmula 1 (segundo completo disputando GP)
Hill estaba en posición de luchar por el cetro, cosa que Alonso apenas
pudo hacer en su quinta temporada (cuarta disputando GP) y quedó
subcampeón. El español, en cambio, fue tremendamente criticado por no
batir regularmente a Jarno Trulli mientras Briatore estaba en buenos
términos con él, por no haber ganado en Francia (batido
espectacularmente por Michael en una carrera para la historia) y por su
segunda mitad de campaña, al punto que muchos encontraron elementos de
base para criticar la decisión de retirar a Button para colocarle a él,
cosa que todavía causa malestar en el español. Briatore tuvo que
defender tremendamente a Alonso de los ataques de todos, pero Damon
Hill, a su vez, en su segundo año y también rodeado de una mala crítica
(no cabe el término mala prensa) fue subcampeón del Mundo. Y no de un
año cualquiera; fue el líder de un equipo totalmente desmoronado por la
muerte de Ayrton Senna, para el cual fue capaz de ganar su primer GP de
esa temporada a apenas semanas de la desaparición del mito. A lo largo
de todas las carreras ese año, Hill representó la parte bonachona e
inocente del asunto, mientras Schumi tomaba el papel del chico avispado.
Pero incluso así, la voluntariosidad de Hill ese año pudo más que el
deseo de Ecclestone de no apoyar públicamente su ascenso pues su imagen
no era la adecuada para vender ningún producto, pudo más que la tristeza
de haber perdido a Senna y también pudo más que las constantes vivezas
de Michael y Briatore. De hecho, debió haber sido Campeón pues
batallando como siempre lo hizo, en buena lid y ceñido a las reglas, fue
capaz de obligar a Michael, al “invencible” a cometer un error. Este,
para batirle, tuvo que apelar a una maniobra extra-deportiva y eso no
está en las reglas del juego. Pero así es la vida. Aun así, Alonso no
tuvo en su segunda o tercera campaña completa en Formula 1 una actuación
que valiera reconocerle haber sido derrotado en última instancia. Por no
decir nada del apoyo que el español ha encontrado en sus aspiraciones
gracias a la habilidad gerencial de Flavio Briatore y también a Renault.
En comparación, Damon igualmente recibió un trato igualitario y muy
bueno de los franceses que valoraban mucho su capacidad técnica, pero en
el team, si bien Frank Williams confiaba en él con los ojos cerrados,
Head nunca dudó en señalar a Damon Hill cuando tenía que informar que
había perdido una carrera o había debido retirarse, pero se reservaba
tácitamente las causas de los malos resultados cuando estos eran
inherentes a malas decisiones del team o errores técnicos. En ese
contexto muchos interpretaron sus “Damon no pudo hacerlo hoy” o “Damon
tuvo que retirarse” como el señalamiento de la culpa del piloto, lo cual
no era nada correcto. Head tampoco hizo nada al respecto, al menos
positivamente, pues no más lejos que el día en que Hill debía dirimir el
cetro contra Schumacher en Australia 1994, estando un Williams en Pole y
Damon apenas un punto por debajo de Michael, el patrón de Williams
declaró “Digamos que si yo fuera apostador y me gustara apostar, lo
haría por Michael no por Damon”. ¿Habrá escuchado usted a alguien de
Renault que se ha expresado así de Fernando Alonso incluso en las
numerosas ocasiones como Italia 2004, Mónaco 2004 o 2005, Canadá 2005,
Hungría 2005 y así sucesivamente en las cuales pudo haber quedado más
que en entredicho la capacidad verdadera del íbero? ¿Es posible ganar un
cetro cuando todos los miembros de un team no empujan hacia el mismo
lado y se mantienen unidos en las verdes y en las maduras?
¿LA DERROTA DE 1995? NO FUE CULPA DE HILL
La temporada 1995 de Hill hay que tomarla con pinzas. No es cierto que
el Williams FW17 haya sido ese año el arma absoluta o que esa temporada
el mejor team haya sido el de Sir Frank, tal y como pregona tanto
“conocedor”. Seguramente el diseño del auto era más acertado que el del
Benetton B195, más difícil de manejar y en opinión de Michael
Schumacher, junto con el Ferrari F310 uno de los autos más ingratos que
le haya tocado. Sin embargo Williams ese año hizo una gran apuesta en la
miniaturización de componentes, alguno de los cuales simplemente no era
suficientemente robusto, así que las carreras se iban por pequeños
detalles. Además, el Williams no es ese tipo de team como Renault o
Ferrari, o McLaren, que abrazan a sus pilotos y le apoyan cuanto pueden.
Senna, al percatarse cuan poco caso hacían de sus indicaciones los
hombres de Head, habría musitado “ahora entiendo muchas cosas” y eso que
Damon Hill no era mucho más que un colega. No había una relación
estrecha de amistad entre ambos, pero sin embargo Senna supo ver casi de
inmediato que el inglés en el team hubiera podido estar mejor apoyado de
lo que estuvo. Hill, efectivamente, comenzó ese año muy fuerte y un
error de montaje en la suspensión trasera le quitó la victoria en
Brasil. Otro error del team que ocasionó un fallo eléctrico, le quitó el
2º lugar en España. Una nueva falla de preparación en box acabó con las
esperanzas de al menos un podio en Canadá (y ese día Hill, un carácter
apacible hasta lo absurdo, llegó a perder los estribos…), tampoco
divulgada por los medios, igualmente no comentada por los especialistas
de TV incluyendo los de Venezuela y, por supuesto, tampoco usada por
Hill para atacar a su equipo o para defender u excusar su posición, en
un admirable ejemplo de algo que debe ser ley; los trapos sucios se
lavan en casa y en un team se debe ganar y perder juntos, ingenieros,
dirigentes, pilotos y mecánicos. En Mónaco se cuestionó la derrota de
Hill a manos de Michael y el mejor manejo estratégico de Benetton, pero
nadie habló demasiado de que ese año el Williams tenía un tanque de
gasolina cuya capacidad impedía ser más flexible con las estrategias
obligando a dos paradas en Mónaco por ejemplo. Fue esa misma falta de
flexibilidad estratégica la que acabó con las esperanzas de ganar en
Francia luego de haber logrado la Pole y entonces entenderemos que Hill
corrió en Inglaterra bajo una gran presión, el perfecto caldo de cultivo
para un error de precipitación que Michael supo aprovechar a la
perfección si no causando el encontronazo entre ambos en Silverstone, sí
al menos no haciendo nada en lo absoluto para impedirlo, pues sabía que
a esas alturas un abandono de ambos le beneficiaría a él. Tal como
ocurrió en Bélgica donde de nuevo la mayor malicia de uno se impuso ante
la correcta deportividad del otro. Tal como en Italia, donde con Taki
Inoue como carnada, Michael hizo algo de lo mismo. Ese año, empero, Hill
terminó la temporada ganando en Australia con dos vueltas de ventaja y
ese margen jamás ha podido lograrlo Michael en alguno de sus 84GP
ganados, por no decir nada de Alonso.
Comparando los años en los cuales cada uno consiguió su corona, Hill en
1996 ganó la mitad de las carreras que disputó ese año. Es decir ocho.
Alonso, para poder decir lo mismo en 2005, había debido ganar la mitad
de diecinueve pero solo ganó siete, de los cuales entre tres y cuatro se
debieron al retiro del líder de la carrera. Hill, en cambio, siempre
supo gestionar perfectamente todas las carreras cuando salía en punta.
Esas ocho victorias bien pudieron haber sido nueve si el motor no se
rompe en un GP de Mónaco muy bien ganado hasta ese momento bajo una
insidiosa lluvia, o hubieran podido haber sido doce si el team no
hubiera cometido los errores tácticos que favorecieron a Villeneuve en
detrimento suyo en Hungría, Portugal y Bélgica, aplaudidos de paso por
Bernie Ecclestone y el ambiente comercial del circo justamente porque lo
contrario hubiera causado que el cetro se fuera por una sola calle, para
perjuicio de las cifras que le dan de comer al circo; las de audiencia
televisiva.
Ciertamente, culpable de no tener una imagen atractiva para los
consumidores de la Generación X, Hill fue marginado de todo tipo de
negociación con otros team por quienes manejan la faceta comercial del
negocio, si bien tampoco tenía necesidad de hacerlo pues para un
británico no hay mejor orgullo que conducir para el mejor team de su
país e incluso tampoco era la intención de Hill el convertirse en una
“star” pues su única aspiración era demostrarse a sí mismo que podía ser
Campeón del Mundo, no hacerse una celebridad gracias a ello. Hubiera
podido llegar el trato con Jordan en 1997, pero Eddie no tenía el dinero
completo. Hubiera podido ir a Benetton, tal y como sugería Ecclestone en
vista del deseo de Renault de mantenerlo en sus filas, pero al final
Briatore consiguió a dos top drivers, Berger y Alesi, por el precio de
uno. Fue a Arrows cuando tras escuchar durante todo un año de Head y
Williams la intención de renovar contrato (razón por la cual Hill o su
manager no buscaron alternativas) a última hora se dio cuenta que,
aunque Frank se lo había negado, los rumores que hablaban de una firma
en secreto con Heinz Frentzen eran ciertos (Michele Alboreto también fue
víctima de un manejo similar de Williams y Head que le impidió encontrar
sitio en un top team en 1989 acabando así su carrera de top driver) y
con un auto que calificó 20º en la parrilla en su primer GP, ya dos o
tres carreras después, en Brasil, se pateaba luchando por la 4ª plaza. A
mitad de año, esa carretilla armada por Tom Walkinshaw con piezas
ortodoxas sacadas de aquí y de allá era, en manos de Hill, capaz de
marcar puntos en el veloz Silverstone. Y en Hungría, 11ª prueba del año,
Hill calificó 3º, superó limpiamente a Michael Schumacher y se fue en
ganancia. Un fallo hidráulico en la penúltima vuelta acabó con una
ventaja de casi 40”, pero aun así, a base de experiencia y con el cambio
bloqueado en tercera velocidad, el inglés acabó 2º. Ganar carreras con
un auto malo fue un milagro que se escapó ese día, pero llegó en 1998,
cuando Hill da a Jordan su primer triunfo en una inundada Spá luego de
haber revolucionado la puesta a punto de un auto que había probado por
vez primera en invierno con grandes esperanzas terminando aquel test
enormemente desolado y realmente preocupado por sus grandes carencias.
Un auto inspirado por la “escuela técnica” Hill fue el que alineó Jordan
en 1999 y Damon ese año simplemente se limitó a hacer presencia en las
carreras, mientras sopesaba la decisión de irse o quedarse. Jordan lo
hubiera tenido allí por siempre, aunque simplemente deseara pasear la
pista, pues su aporte en la puesta a punto permitió por sí solo que con
ese auto un piloto simplemente promedio como Heinz Frentzen pudiera
aspirar al Campeonato del Mundo hasta la penúltima prueba.
Y es que esa fue la otra gran faceta del inglés; la de gran colaborador
en box. Damon no tuvo problema en absoluto en instruir a Jacques
Villeneuve, quien jamás ha ocultado cuánto debe a los consejos del
paternal Damon su rápida y milagrosa adaptación a la Fórmula 1. David
Coulthard solía bromear diciendo que Hill a veces se tomaba las cosas
demasiado en serio y que por eso tenía tantas canas (ya en la época en
la cual ambos pilotos fueron compañeros Hill era tan canoso que le era
exigido teñirse el cabello para no verse excesivamente viejo y Coulthard
confesó que él estaba comenzando también a teñirse las canas a fines de
1995) pero también le reconoció como un buen compañero. Ayrton, pese a
que no intimaron mucho, igual valoró sus dotes técnicas. Prost y Mansell
nunca tuvieron más que elogios a la actitud de Damon e igual ocurre con
Frentzen si bien entre ambos hubo cierta fricción porque el alemán le
reemplazó en Williams en 1997 (un secreto que a Hill le fue revelado
demasiado tarde en 1996, cuando ya no había chance en otros team y que
causó justamente su firma con Arrows ya que el manager de Hill estaba
tan seguro de la palabra de Williams por lo que respecta a la renovación
que simplemente no escuchó mucho las ofertas de Benetton o de Eddie
Jordan a mediados de año) y también pareció hacerlo en Jordan en 1999.
Hill, en efecto, sin ser un verdadero “killer” con los compañeros de
equipo, realmente no desmereció de ninguno, incluso teniendo que
vérselas con verdaderas leyendas del deporte. Se cuenta que cuando Damon
supo que Williams finalmente había podido contratar a Ayrton para 1994,
acabando así con las esperanzas de Damon de ser primer piloto del team,
este habría dicho a un periodista local de un modo humorísticamente
británico “Dios… me pusieron a Mansell y a Prost. A ambos les he ganado.
Ahora viene Ayrton. ¿Quién será mi próximo compañero de equipo? ¿Dios?”
¿Qué estos párrafos han mencionado a Alonso y a la hipotética
comparativa poco o nada? El español no tiene aun en su historial
anécdotas como estas, pese a sus seis años de militancia en Fórmula 1
¿Victorias? No hablemos ya de que Alonso tiene once victorias y Kimi o
Montoya van más o menos en esos números mientras Hill superó las veinte
en sus seis primeros años de Fórmula 1. ¿Spá? ¿La pista para verdaderos
pilotos? ¿Esa donde Michael es imbatible? Hill se ganó al propio Michael
limpiamente y con máquinas semejantes en 1993. También repitió en 1994
aunque ciertamente eso se debió a la descalificación del Kaiser. En 1995
fueron Schumi y Hill quienes se disputaron el triunfo. En 1996 un error
estratégico y de logística de Williams impidió a Hill hacer mejor que 4º
pese a todos sus esfuerzos y vamos un poco más allá, a 1998, cuando
Damon hizo 3º en parrilla y ganó la carrera. El único que pudo superarle
esa tarde fue justamente Michael, pero ahora añadamos una perla,
divulgada algún tiempo después por el propio Hill. “Estaba muy cómodo en
punta y veía que Michael se acercaba. Pude aguantarle o incluso pude
haber acelerado más para mantenerme delante, pero le dejé pasar apenas
le vi detrás de mí. Sabía que manejando de ese modo no llegaría
demasiado lejos”. Clarividencia… una cualidad que hoy no tienen muchos
pilotos y que ha sido reemplazada en el circo por la supuesta
inteligencia que hay en esperar que el líder rompa para así tomar la
punta sin luchar por ella.
Así, seguir poniendo en relación las hazañas de Damon Hill con las de
Fernando Alonso, por nombrar solo al Campeón más reciente, dejan ver que
el inglés está demasiado lejos de la mediocridad. No en balde, si
Michael Schumacher no hubiera existido nunca, o si sencillamente los
gustos de la Generación X no hubieran tenido mucho que ver al replantear
cómo debía reconstruirse la imagen de la Formula 1 tras la muerte de
Ayrton Senna, Hill hubiera sido tres veces Campeón del Mundo. El propio
Kaiser, tras declarar a los cuatro vientos la incapacidad de Hill como
parte de una aberrante táctica sicológica para batirlo, fue lo
suficientemente honesto con todos al reconocer entre los primeros que
Damon Hill mereció totalmente la corona de 1996 por lo mucho que había
trabajado para obtenerla y durante su militancia en el circo. No
llegarían a ser amigos, pero Schumacher ha tenido la delicadeza de
reconocer a Hill y a Hakkinen como sus dos rivales más completos. Y si
tras leer este trabajo haya quien siga pensando que Damon Hill es un
piloto mediocre ¿qué términos deben caber entonces para definir a
Fernando Alonso, a Juan Montoya, a Kimi Raikkonen, a Jenson Button o a
cualquiera de los volantes de la actual generación solo en base a lo que
uno u otro lograron en sus primeros seis años de Fórmula 1?
Julián Afonso Luis |