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Juancho en Bretaña
demostró cuál es el mejor auto y que su ausencia del cuadro vencedor era
últimamente una cuestión de poca suerte. Dennis, como de costumbre, jugó
limpio y ha entendido que el famoso accidente a inicios de año es parte
de ese carácter explosivo que fuera una de las razones por las cuales
contrató al bogotano. El ácido muriático es un ingrediente poderoso para
limpiar, pero –y por mucho que se cuiden los detalles- nunca se evita el
riesgo de que su gran poder abrasivo nos haga daño a nosotros mismos.
Fijadas posiciones y habiendo aprovechado el episodio para poner límites
a esa expansiva energía colombiana, mantuvo su política; que sus dos
pilotos disfruten exactamente de los mismos medios técnicos y humanos.
Igualmente la remontada de Kimi deja claro quién es el mejor piloto y el
más en forma del momento. Pero para bien y para mal el Campeón no es el
que demuestre ser el mejor e incluso no necesariamente el que más
carreras gana, sino el que más puntos marque. Y por eso un español
domina la tabla.
El duelo entre los dos jóvenes relevos era algo cuyo preludio vimos en
Malasia hace dos años; el catire ganaba su primer GP y el ovetense era
el primer hispano-peninsular en el podio en casi cuatro décadas. Es
absolutamente espectacular y digno de ver, como las tretas de Briatore
para resolverle a su pupilo todos los problemas que no tengan que ver
con el manejo; él se encarga de que el auto sea competitivo, de que los
ingenieros y la infraestructura sean óptimos, dejando a Alonso la misión
de pilotar tal y como el team le pida. Es algo que hace bien –como debe
y puede hacerlo cualquier profesional digno del circo- y un ejemplo de
las diferencias entre un buen piloto y un piloto completo, rol éste del
cual Raikkonen está más cerca. Lo del catire ha sido de antología y
luego de controlar sus ímpetus maritales y etílicos, ha podido sacar la
esencia a una gran máquina que requirió cierto rodaje para rendir al
tope. Que no esté en la vanguardia del Campeonato lo debe a la pura mala
suerte, a esa “divina injusticia” de las carreras que hacen que tardes
como las del finlandés en Francia o Inglaterra no merezcan la victoria y
encima terminen con el español aumentando su ventaja en puntos pese a no
ser el más fuerte. Y también es interesante ver a Ferrari, que viene de
obtener cetros por imponer su superioridad técnica a base de haber
contado con más datos que sus rivales pues gozó la ventaja de tener
suficiente poder político como para trabajar en función de reglamentos
que conoció antes que sus rivales. (Por ejemplo Irvine, en sus tiempos
rojos, ya decía que le parecía impropio de la F1 usar V8 de 2.4lts pues
muchos autos de serie usaban más cilindros, cilindrada e incluso
potencia. Cosas que ningún piloto de BMW o Mercedes dijo hasta el año
pasado) pero que ahora lucha en igualdad de condiciones para descubrir
que sus otrora “prodigiosos” pilotos, con un auto igual o ligeramente
inferior a los otros, luchan por la victoria sin ser capaces de ganar.
Igualmente este año nos ha permitido ver porqué todos se obsesionan por
la Pole; los autos son tan iguales que ni siquiera un binomio
auténticamente vencedor como Kimi-McLaren puede recuperar el handicap de
salir tres o cuatro filas más atrás. Si el margen seguro para pasar
rivales es 3 o 4” por vuelta, es fácil verificar que este año tal
diferencia la hay solo entre un McLaren y un Minardi o Midland-Jordan. Y
hay más argumentos; la gran injusticia “a lo Trulli” que se comete con
Fisichella en Renault; la habilidad gerencial tan falta de escrúpulos
del gran Flavio; la incógnita sobre lo que vale o no Villeneuve; los
aparentes estertores del otrora gran equipo Williams; los avances tan
endemoniados de Michelin o Bridgestone por no mencionar los relativos a
motores; el confuso mercado de pilotos y las grandes mejoras
aerodinámicas que han permitido en tiempo record recuperar lo que el
reglamento voluntariamente quiso lastrar en este terreno a los autos
para evitar que fueran más veloces. Solo por mencionar unas.
Sin embargo, una temporada de F1 que comenzaba con pocos cambios que
parecían intrascendentes pero que se revelaron más trascendentes de lo
nadie esperaba, una campaña que prometía exaltar el valor humano al
volante y poniendo a punto la tecnología sobre la capacidad negociadora
de cada gerente o la habilidad para crear estructuras organizativas
altamente eficaces, se está convirtiendo en la más vergonzosa e
ignominiosa de la historia del automovilismo y quizá del deporte. Por
culpa de quienes anteponen el afán de poder ante los intereses
deportivos y de competencia que inspiran cualquier deporte.
¿VICTORIAS EN LA PISTA
O FUERA DE ELLA?
Lo de Indianápolis es un golpe bajo a la F1, al automovilismo, al
deporte, a todos los aficionados a las carreras, a los autos o a las
tecnologías avanzadas. Michelin es simplemente un caballo de Troya, una
excusa que vino al pelo para iniciar un pulso de poder de los que han
salpicado la historia del circo desde 1950. Lo lamentable es que esta
vez atacados y atacantes se han enfrentado con saña y sin piedad,
irrespetando todos los factores que dominan y gracias a los cuales han
podido ocupar una cúspide desde la cual aspirar a ser la cabeza de un
monstruo cada vez más bicéfalo. Los organizadores de carreras, los
fabricantes de autos, los patrocinantes, los suplidores de tecnología,
el público, los televidentes del mundo, los turistas, los que pueden
considerarse nuevos mercados para el circo y quienes pueden hacerlos
realidad. Todos han sido ignorados por quien o quienes pretenden ser su
cabeza. Para decirlo más claro, es el duelo entre quien detenta
actualmente el poder en forma imperial y pretende hacerlo hasta que
muera (con la aparente intención oculta de no dejarlo a nadie) y el que
pretende ocupar la silla máxima antes que su actual inquilino muera (lo
cual, de todos modos, no tardará). Los ataques solapados y contundentes
se han convertido en algo absolutamente público y directo que destroza
al sistema que pretenden liderar. La lucha entre Briatore y Ecclestone
por la silla suprema terminará con un KO contundente, pero ambos son
poderosos y los ataques de uno son repelidos por el otro con golpes tan
mortales como defensivos. Hasta ahora ni Briatore ha logrado destruir a
Ecclestone, ni viceversa, pero su guerra particular amenaza con destruir
la F1. Y lo está haciendo.
Enarbolar la bandera de la seguridad en este caso se parece mucho a
cuando el hijo pregunta al padre porqué le prohíbe tal o cual cosa y
este responde “porque soy tu padre” al no tener mejor respuesta.
¿ES LA PRIMERA VEZ?
En 1978, por ejemplo, la accidentada largada del GP de Italia involucró
once autos y causó grandes daños; Vittorio Brambilla sobrevivió por un
inexplicable milagro a su fractura de cráneo mientras Ronnie Peterson
falleció pocas horas más tarde. Hubo gritos, pataleos, amenazas y
acritudes de todos lados pero la carrera se realizó por respeto a los
patrocinantes, los pilotos, los equipos y todos los que acudieron a
Monza. Se les tildó de inhumanos, de inmisericordes, incluso de
asesinos, pero el show debía continuar.
En 1980 el conflicto entre FOCA y FISA (los constructores de autos F1 y
la Federación) tuvo diferentes fases. Los pilotos intentaron un
apartheid y todo, con posiciones intransigentes de pilotos, equipos,
algunos patrocinantes y ciertas empresas fabricantes de autos. Pero la
carrera se corrió y el teatro de tantas discusiones no fue el paddock de
la carrera africana a minutos de la largada, sino la quietud y
discreción del lujoso Kyalami Ranch, donde se hospedaban todos los del
circo. Ese fin de semana no se limaron las asperezas, pero la carrera se
realizó a pesar de todo.
Ese mismo 1980 el famoso conflicto FISA-FOCA siguió desarrollándose y la
parte atacante intentó un franco asalto al poder supremo de FOCA cuando
decidió “secuestrar” el GP de España. Los equipos adheridos a FISA
decidieron no participar, pero alguno de los adeptos a esta causa
decidió participar sin por ello apoyar la causa contraria. El GP se
realizó con el 70% del plantel en pista. Luego se determinó que los
puntos no servían y los pilotos que marcaron tantos los perdieron. Pero
la carrera se realizó.
Una situación análoga ocurrió en Imola 1982. Esta vez los team FOCA
intentaron su asalto al poder con otra táctica; en vez de forzar a la no
participación de los team contrarios, declararon forfait. Pero la
carrera se realizó y aunque el resultado fue previamente negociado entre
los pilotos de Ferrari y uno de los pilotos de Renault que el año
siguiente entraría curiosamente a Ferrari, el público asistente tuvo su
espectáculo y hasta la carrera fue histórica y todo.
En 1994, en Imola, falleció Ayrton Senna, el mejor piloto de todos los
tiempos. Razón más que suficiente para suspender la carrera, pero sin
embargo y mientras se intentaba confundir a todos con la hora en la que
el piloto estaba “cerebralmente”, “físicamente” y “médicamente” muerto,
avisando que las tres muertes no habían llegado al mismo tiempo, el GP
se reinició y disputó normalmente. Solo una situación tan extrema
autorizó la instalación de una chicana artificial a base de cauchos casi
al final de la larga recta de Montmeló pocos días después porque el
accidente de Senna demostró a todos que la categoría sí era peligrosa.
Y, al margen, muchos pilotos chocaron con ella registrándose la fractura
de los tobillos de Andrea Montermini, lesión que –si mal no recordamos-
acabó con su carrera en F1. Proponer una chicana así en Indy delata la
desesperación de la contraparte, pero técnicamente era un absurdo y
frente al público era casi tan engañoso como el que no corrieran todos
los autos en pista. Si el gol es el orgasmo del fútbol, curvas como la
13 de Indy o la Eau Rouge de Spa, son los de la F1.
En el GP de Brasil de 1995 hubo una discrepancia entre los patrones de
gasolina que Elf presentó en la pista y los que habían sido aprobados
por FIA a inicios de la temporada. Se les advirtió tal cosa a los
equipos diciéndoles que, de usar esa gasolina en carrera, serían
descalificados. Ellos, a falta de otro combustible, usaron el que tenían
y compitieron a sabiendas que serían descalificados, pero el compromiso
con los patrocinantes y el público eran mayores. Al final los equipos no
sumaron puntos, pero los pilotos sí en una decisión sin precedentes en
la historia de la F1 y en la cual un venezolano tuvo un rol decisivo en
su papel de comisario principal del evento.
En 1981 una guerra de neumáticos entre uno de los dos actuales
suplidores del circo y otro suplidor americano, causó no pocas
polémicas. En el marco de un GP, un cambio al reglamento tomó
desprevenida a una de las marcas, que se declaró incapaz de cumplir las
exigencias, demostrando su transparencia. Por unanimidad se decidió que
todos los autos disputaran ese GP usando la marca de neumáticos que sí
estaba preparada técnicamente, pero los autos que oficialmente usaban
gomas suministradas por el otro fabricante podían mantener las
calcomanías de este en sus autos mientras que en los cauchos de todos
los carros el nombre del fabricante sería borrado. La carrera se corrió
normalmente.
El año pasado Michelin tuvo problemas de conformidad estructural justo
en la polémica curva de este año y a ello se debió el accidente dantesco
de Ralf en su BMW Williams o aparatosos reventones como el de Alonso,
por mencionar solo uno. Una experiencia que debió haberles persuadido de
reforzarse adecuadamente. FIA, por otra parte, tenía razón al recordar
que el reglamento permitía llevar dos tipos de neumáticos para tiempo
seco, pero Michelin no lo hizo. De allí a pensar que “alguien” se
aprovechó de la transparencia del gomista francés al declarar su error,
hay muy poco, al verificar lo que ocurrió luego.
¿Y qué ocurrió? Pues que Michelin fue conminado a declarar públicamente
que sus cauchos no servían para Indianápolis y que recomendaba su cambio
cada diez vueltas o no participar. Curiosamente tal cosa no ocurrió en
la exigente recta española, o en la violenta frenada monegasca, o en los
infernales climas de Malasia o Bahrein cuando el afectado era
Bridgestone. ¿Porqué en Indy sí? Cabe especular si tiene algo que ver el
que USA sea la plaza donde Ecclestone tiene más intereses personales.
Una carrera con mucho valor para él económica y sentimentalmente. Y USA
ciertamente es un mercado importante para el circo, si lo puede
consolidar, pues hasta ahora simplemente es un mercado por conquistar y
que para ser conquistado exige muchos más esfuerzos e inversiones que
los nuevos circuitos al oriente. Un lugar perfecto para un intento de
boicot, con la intención de suponer que la contraparte se amedrentaría.
Sin embargo ello no ocurrió y, una vez lanzado el intento de rebelión,
la respuesta fue más rebelión. Cuando hasta ahora, reglamento en mano,
se había sido permisivo, el mismo reglamento en mano fue usado como arma
para obligar el repliegue. Este llegó puntual y la parte “rebelde” se
alineó como corderito a negociar posiciones para meramente correr. Pero,
para la parte atacada, tal cosa significaba que todo terminaba sin
vencedores ni vencidos, incluso aunque los team adscritos al “eje”
sumaran muchos puntos contra ninguno de sus rivales. No correr, incluso
aunque la carrera en USA se pierda para siempre, era una solución que
permitía desprestigiarles públicamente, disminuyendo su cuota de poder y
persuadiéndoles de no intentar más rebeliones. ¿Valía perder la carrera?
Sí. Al menos para ellos. Lo contrario era perder el poder del circo y
eso no podía permitirse.
Para quienes observan claramente el circo, ahora ya luce clara la magna
maniobra de Ecclestone tras morir Senna, propiciando que su posición
dominante sobre FIA facilitara la tarea de convertir al piloto más
exitoso y al equipo más tradicional y con más seguidores del mundo en
una dupla que convertir en un producto embajador con el cual abrir
nuevos mercados que reemplacen a los europeos, esos que todos los días
exigen más inversiones para generar menos dinero. Por años resultó bueno
para todos que Ferrari-Schumacher ganasen carreras pues el importante
apoyo mediático generado permitía al circo crecer más y más. Ecclestone,
claro está, no hizo nada para que Schumi y Ferrari alcanzaran su
superioridad, pero sí permitió que la Scudería acumulara suficiente
poder político para imponer su organización y métodos, disfrutando lo
que por años fue el mayor presupuesto del circo. Y eso significa que
podían trabajar en cosas como motores V8 de 2.4lts cuando nadie
imaginaba que el reglamento algún día los exigiría. Si usted sabe que el
reglamento exigirá una barra verde dentro de dos años, comenzará lo
antes que pueda a adaptarse y si sus rivales se enteran después que
usted, tendrán menos tiempo para lograrlo. Algo parecido ocurrió en este
caso, aunque no en una forma tan obvia, ni tan directa, pues si algo
tiene el circo es que es complejo. El cisma estaba más que predicho.
Ecclestone también está consciente de que su marcapasos de titanio no le
garantiza la inmortalidad, pero más conscientes de eso están quiénes
quieren ocupar su lugar. Algunos, como Ron Dennis, desean un liderazgo
natural. Otros, como Di Montezémolo, han demostrado su habilidad
gerencial y negociadora al mando de sus equipos y, si su agenda se los
permitiera, el mando del circo sería una gran flor en el ojal. Otros,
como Briatore, tienen ansias megalómanas. Los primeros trabajan duro
para heredar el testigo en forma natural, por sucesión, una vez
Ecclestone deje de estar. Otros esperan al deceso para a su vez ocupar
el lugar y, desde allí, emplear los mismos elementos que otrora le
permitían aspirar a tal lugar sin estar dispuestos a esperar el deceso
ni la sucesión natural; desde ya intentan atacar a quienes detentan el
poder y a quienes pretenden sucederle al tiempo que disputan una carrera
frenética para superar a quienes trabajan duro por ocupar ese lugar
cuando esté disponible. Destruyendo a Ecclestone será fácil ocupar su
silla sin que este intente regresar en forma alguna (una muestra del
gran respeto que impone aun el poderío de Mr. E.) y asestar un par de
patadas intimidantes a Ferrari hará que Montezémolo piense que el poder
del circo requerirá invertir un tiempo que el gran magnate preferirá
emplear en el intento de reflotar comercialmente a FIAT siempre que su
team siga siendo una fuerza vencedora en F1. En su carrera contra Dennis
ya Briatore tiene una cabeza de ventaja pues el inglés trabaja duro para
que McLaren sea cada día más grande a sabiendas que nunca podrá ser más
grande que el circo dentro del cual vive y en el cual creció, pero
Briatore trabaja cada vez por ser más grande él.
Lo ocurrido con Michelin en Indianápolis, las declaraciones de Withing,
los entreveros técnicos, son caballos de Troya, medios para alcanzar un
fin y la coyuntura vino como anillo al dedo aunque es más razonable
decir que parte y parte estaban pendientes de la primera oportunidad
para lanzar un pulso de poder que ya lucía inminente. Recordemos que ya
a inicios de año Renault, Michelin y Toyota habían alzado la voz
diciendo que para ellos en el circo debía ganar quien invirtiera más y
mejor en medios técnicos y humanos, posición que hasta no hace poco
Ecclestone le respetó a Ferrari quien ya el año pasado dejó de disfrutar
del mayor presupuesto del circo si bien todavía sigue pareciendo el team
que lo emplea mejor. Renault y Michelin comparten la nacionalidad y las
ansias de triunfar, sabiendo ya que la Regié se ha dejado colocar en los
brazos de Briatore, quien hábilmente ha sabido convencerles de que la
única manera de conquistar ese cetro que ansían desde hace tanto
(Renault siempre ambicionó un cetro con un auto totalmente suyo y, de
ser posible, con un francés al volante y gomas Michelin) es a través de
él. Briatore obra para que Renault sea, efectivamente, campeón, pero lo
hace porque ello contribuye a aumentar su cuota personal de poder en el
circo y en el deporte automotor (adivine quien rige los destinos de la
GP2 y de la famosa asociación de constructores de F1 que tanto amenaza
con ese “campeonato paralelo”). Ecclestone, el que antes sostenía que el
espectáculo y la cara frente a los clientes (patrocinantes, TV,
industria automotriz y de tecnología, público y dueños de autódromos)
tenían que estar por encima de cualquier interés personal, ha decidido
que su liderazgo sobre el circo acabará el día que muera. Aunque el
circo muera con él.
Luego de USA, la nada sorprendente reacción de los americanos y de
tantos poderosos partner que, a diferencia de la F1, Briatore y Renault,
sí tienen en USA su mercado principal o de ultramar; Phillip Morris,
Mercedes, BMW, Bridgestone, SAP, Honda, Toyota, la propia Michelin, HP y
un largo etcétera. Ellos han respondido fuerte porque sus intereses
comerciales están siendo vulnerados y porque para ellos esta pugna de
poder carece de sentido; ellos quieren vitrina en la categoría máxima
del motor para desarrollar su tecnología y potenciar su imagen ante el
mercado. Así, tímidas recapitulaciones de unos y otros, con Michelin
aceptando una responsabilidad tácita, con los dueños de equipo
agradeciendo al cielo el no haber tomado una posición relevante en el
asunto (¿no le pareció que Ferrari estuvo demasiado callado?), con
Briatore hábilmente enmascarado tras la trampa que armó y con FIA
aceptando no sancionar a nadie señalando la culpabilidad y la
publicación del veredicto el próximo mes de Septiembre, una fecha que
protege la integridad del negocio al impedir que nuevas rebeliones
pongan en peligro las carreras que restan en Europa y deja como única
carrera con posible riesgo, la de Brasil, al menos si el cetro no se
decide en ella, porque es difícil que los japoneses dejen poner en
peligro la cita en su casa o que se haga un feo a los turcos en la
inauguración de su faraónico autódromo en lo que promete ser un nuevo y
lucrativo mercado virgen.
Pareciera, incluso, que el eje pudiera hasta ejercer cierta presión; si
Renault intenta una nueva rebelión, disolverla con una sanción orientada
a todos los team Michelin que automáticamente daría nuevos cetros a
Ferrari y Schumi, cosa que de ocurrir sería más obvia que lo ocurrido en
Monza 2003 con el dilema de las gomas que en aquella oportunidad le
impidiera a Michelin luchar hasta el final con los rojos por el cetro.
Así ¿el ajedrez queda tablas en la última partida, con ambos
pretendientes en igualdad de victorias y dejando, por ende, que el cetro
siga teniéndolo quien salió a defenderlo de quien pretendía
arrebatárselo? Pues... como signo de luchas políticas intestinas y de
cómo se está inclinando la balanza, vale la pena verificar qué auto ganó
en Francia y qué gomas llevaba.
Pero... ¿no y que las gomas francesas se desbarataban en solo diez
vueltas? ¿en apenas días se corrigió el defecto? ¿los franceses tenían
gomas aptas para correr en casa, pero no para una prueba que se
realizaba antes? ¿o vale la pena consultar la opinión de un ingeniero?
Pero... ¿no y que el celeste no es el mejor auto del momento ni su motor
el más potente?
Pero... ¿no y que el ovetense no es gran qué en la puesta a punto o
cuando hay que evaluar que un verdadero Campeón debe pilotar bien y
además organizar el team en torno suyo, decir a los ingenieros cómo
ponerle a punto el auto y no a la inversa, ser un relacionista público
que no mande “las cosas al carajo” con su manera de expresarse tal y
como debe hacerlo un deportista que es imagen pública frente al mundo y
frente a sus jóvenes?
Amigos... recordemos que el Campeón del Mundo de Conductores o
Constructores es solamente el que más puntos marca durante el año. El
reglamento no habla del piloto más hábil al volante o del conductor más
completo, o del auto mejor diseñado, ni tampoco del equipo más
organizado y eficiente. Solo de puntos en el Campeonato.
Y bajo esa tesis, todos en el circo saben que los puntos se obtienen en
la medida en que se inviertan medios técnicos y económicos.
Por años esta fue la tesis con la cual Ecclestone defendió el poderío de
Ferrari; son los que más han trabajado e invertido para desarrollarse en
función de marcar la mayor cantidad de puntos. Esta es ahora la tesis
que Renault, Michelin y Toyota pidieron seguir respetando cuando han
pasado a ser los que más invierten.
En otras palabras, Briatore y quien sabe que otro gerente del circo
intenta destruir a Ecclestone para ocupar su sillón supremo haciéndole
tomar su propia medicina ¿o veneno?
¿Recordarán estos dos maquiavélicos genios del business que el deporte
de la F1 permitió que naciera el negocio de la F1 y que el segundo no
puede existir sin el primero?
Por nuestro bien, por el bien de aficionados, apasionados y fanáticos,
que lo recuerden.
Julián Afonso Luis
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