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¿Casualidad? ¿Vendetta? Como sea, tiene razón Jean Todt cuando, en representación de todo Ferrari, dice que Fernando Alonso no les preocupa. Realmente no es el asturiano el que separa a Michael Schumacher del 8º cetro. ¿Quiere decir esto que el camino del Kaiser será expedito? Afirmarlo, tal y como está la situación por puntos, es difícil, pero el que realmente inquieta al alemán y a su equipo es Flavio Briatore. Para comprenderlo recordemos cuando Michael era un jovencito taciturno como muchos, que soñaba con ser un gran corredor. Sin ese divino talento que derrocharon El Chueco, El Mágico, El León o El Profesor, el propio Michael reconoce que debe su éxito a su habilidad para estar en el lugar correcto en el momento correcto y aprovecharlo. En su caso fue que dos personas se cruzaran en su camino a tiempo. Una fue Flavio. Uno de los talentos más admirables de una persona es el de ver a otra y saber de inmediato en qué cosas puede ser bueno y cómo aprovecharlo. Briatore tiene esa capacidad y su experiencia empresarial con Benetton en USA, le permitió agudizarla. Su primer contacto con el circo lo tuvo cuando el patrón le pidió acompañarle a un GP hacia 1988. Un año después era retirado de su trabajo en USA para recibir una nueva asignación; convertir el caro pasatiempo en el cual se había convertido el team Benetton en una empresa exitosa y productiva, que –si no llegase a generar dinero- fuera un eficaz vehículo de promoción. Ese año Benetton ganó su primer GP y ya al siguiente Flavio había contratado a un triple campeón y venció dos más. Fin del aprendizaje. Flavio encontró en Michael un chico hábil, no talentoso, dispuesto a trabajar duro y en forma constante. Heredando de su padre el gusto por los autos, tuvo la ventaja de crecer y desarrollarse con un volante entre las manos. Y, como quien beca a un buen estudiante, Michael encontró quien pagara el costo de ello. Cuando llegó a F1, ya tenía unos quince años de experiencia al volante y ello le permitió conducir en forma instintiva, no aprendida. Tenía la edad y fortaleza de un debutante pero la experiencia en años de un veterano. ¿Qué daría usted por tener eso? El verdadero talento fue el de Briatore, al ver que Schumi tenía esa cualidad. Tal y como un padre que se da cuenta de que su hijo tiene facilidad para los números y le hace estudiar ingeniería en vez de derecho. Cuando Michael llegó, en el circo abundaban los Campeones avejentados. Ayrton Senna era la excepción; experto, talentoso y aun no demasiado mayor. Teniendo la materia prima Briatore hizo un estudio de situación, un análisis de fortalezas y debilidades y trazó un plan estratégico, entendiendo de inmediato que Michael, aunque sabiendo correr, tenía que aprender a hacerlo en F1. Benetton tampoco era un equipo al tope, pero según Michael aprendía, Briatore iba añadiendo al team lo necesario para luchar por la victoria. La jugada maestra fue explicar los resultados con una palabra; “talento”. Para el mundo, Schumi tras un solo año en F1 era capaz de ganar y en su tercer año luchaba por el cetro. Briatore habló de pasantías en kart, F-Koenig, F-Opel y F-3, pero divulgó menos que desde los cinco años pilotaba y disputaba campeonatos federados o que alguien invirtió para que creciera aprendiendo a pilotar y dispusiera del mejor material en las mejores condiciones. Michael quedó líder del circo tras morir Senna y Briatore manejó hábilmente la situación, viendo y aplicando los reglamentos en forma prismática. La argucia de 1994, con aquella historia del control de tracción, fue emblemática; mientras todos los equipos, incluyendo Williams que era el más competitivo, eliminaron el sistema una vez fue prohibido, Briatore simplemente pidió desconectarlo. Pudo demostrar que el sistema no estaba funcionando cuando la comisión técnica lo sometía a revisión, pero nadie supo mostrar que fuera capaz de activarlo y desactivarlo a voluntad. En realidad lo hacía y, lentamente, los demás equipos fueron aprendiendo, motivando así la enmienda al reglamento permitiendo nuevamente el uso de estas ayudas. ¿Cómo lo hacía? Pues, por ejemplo, pidiendo al piloto que pusiera neutral en plena recta y pisar a fondo el acelerador, levantar el pie y repetir la secuencia velozmente, o activando secuencias de botones tal y como llegaron a optimizar los grandes team a inicios de siglo. O instalando un sensor que activara el sistema cuando se colocaba la primera velocidad y lo desconectara cuando se volvía a usar esa velocidad. Tal cosa no era ilegal, pero no iba con el “espíritu del reglamento”. Frase muy famosa en el ambiente gracias a Flavio. Claro que dentro de la habilidad de Michael y con su gran experiencia previa, surgió un buen ingrediente. El Kaiser no es un talento capaz de controlar su auto al límite, pero sabe decir en que dirección trabajar para que los límites del auto sean más elevados. Además es capaz de motivar, de incentivar, de hacer que todos trabajen en un solo sentido. Gana si tiene un auto competitivo, pero dice cosas como “podría ir más rápido si en tales curvas no patina de atrás, lo cual podría resolverse trabajando con la suspensión pues los cauchos tienen buen agarre” y detesta trabajar con personas nuevas así que prefiere que quienes conforman su equipo se mantengan siempre con él. Nunca habla de errores... sino de experiencia. Tiene claro, como Briatore, que puede errar una vez, quizá dos, pero no más y lo hace ver a su gente. Pero es más fácil hablar de “talento sobrenatural”. Y Briatore lo hizo... ganando tres cetros (dos de pilotos). Solo que entonces, justo cuando todos preguntaban por el artífice del éxito del team que pudo romper la hegemonía de Williams y presionar a tal punto al mejor piloto de todos los tiempos que este tomó riesgos mortales, Michael decidió vestirse de rojo arrastrando a todo el séquito que Briatore aglutinó en su derredor. Y Benetton dejó de ganar. Por años Briatore estuvo buscando los ingredientes para construir un nuevo “talento”. Ni Alesi, ni Berger lo eran al ser casi-veteranos pero tampoco tenía el personal técnico de elite que les respaldaran. Luego decidió comprar el equipo para tener autonomía total. Pero no se lo vendieron y, maquiavélicamente, se las ingenió para regresar como empleado de confianza de la empresa que acabó comprando el team, Renault. Y mientras convencía a Renault de que era mejor tener un equipo propio que vender motores a terceros para que estos se llevaran los laureles, se las ingenió para comprar motores viejos, reciclarlos, venderlos y ganar dinero. Al lograr que Renault comprara Benetton, trabajó para convertirse en el supremo lo cual le indispuso con parte de la cúpula. Pero, hábil como es, lo logró. Análisis situacional, capacidad negociadora, habilidad como vendedor... pero sobre todo esa capacidad de ver a una persona y de inmediato determinar sus habilidades y debilidades. Si el mega-proyecto se estrellaba, podía seguir explotando aristas del negocio; gestionar jóvenes pilotos y, cuando estén listos para la F1, vender sus contratos. Un asunto de dinero... y si para ganarlo había que producir victorias, se haría. En otras palabras; Flavio jamás buscó ganar carreras por razones deportivas, sino por ganar cuotas de poder, nuevas oportunidades de negocio. Un megalómano. Entre tanto, Michael, amparado en su creciente experiencia y en su disciplina al trabajar en todos los sentidos (físico, técnico, mental) a los fines de compensar su falta de talento, ganaba carreras. Constancia, profesionalismo, experiencia y más de saberse colocar en el lugar justo, en el tiempo justo. Algo aprendió de Briatore y eso le permitió también negociar su posición en el circo, mantener buenas relaciones con los otros factores de poder. Incluyendo Ecclestone. Y se convirtió en la guinda del producto-estrella que Bernie comenzó a usar para abrir mercados. El piloto más exitoso en el equipo más popular. Un producto muy comercial, en el caso de existir. Una oportunidad comercial para explotar... si se sabe ver. Lo hicieron y funcionó ¿deben ser condenados? Ayrton nunca se atrevió a intentar construir ese producto. Prost no lo logró. ¿Y Briatore? Públicamente nunca dejó de alabar a Michael. Pero ¿porqué habría de rechazar ser alabado él por sus méritos? En el fondo jamás aceptó que para todos fuera Michael, no él, el artífice del éxito de Benetton. Y que por eso fuera capaz de hacer ganar a Ferrari, un gran talento, el más grande de toda la historia del automovilismo. Por eso ha defendido a Alonso evocando los errores que Michael cometía cuando novato. Así, el hábil italiano de nuevo reunió los ingredientes para construir un gran producto pero cuidándose bien de que no ocurriera lo que pasó con Benetton. Sigue siendo un empleado, hoy de Renault, pero ahora maneja suficientes ingredientes y poder. Y ya reunido un adecuado paquete técnico, ocupándose más de su punto de vista que de comprender “el espíritu del reglamento”, faltaba otro piloto con la juventud y fortaleza de un novel, pero con años de experiencia profesional. Otro Schumi crecido pilotando, que haya desarrollado eso como una característica física y mental. Y como ayuda a su mercadeo, dejó que se le colocara la etiqueta de “talento”. Como Michael. El mensaje tácito es que, por construir al “talento” Schumi, podía construir uno igual o mejor, capaz de batirle. ¿Y si Alonso le paga como lo hizo Schumi? ¿Que se crea realmente un talento y decida tomar su propio camino gracias a la experiencia ganada junto a Flavio? Mientras la tabla de salvamento de Schumi, además de sus cualidades, fue aquel mecenas que una vez creyó en él y le llevó hasta donde Briatore pudo conocerlo, Willy Weber, el italiano se ha ocupado de que su nuevo producto no tenga otro Weber a su lado. Solo tiene que olvidar el miedo a rodar a 300kmh a poco que el equipo diga que el carro puede hacerlo. Que no sepa lo que requiere un carro para lograrlo, lo que necesita un equipo para construir un carro así y todo este tipo de cosas no importa. Si Briatore pide un carro ganador y convence a Alonso de que es un superdotado, ocurrirá. Su meta hoy no es que Alonso sea Campeón, es demostrar a Michael que todo su éxito se lo debe a que una vez hizo por él lo que hoy hace por Alonso. Y ganar más dinero por destruir al Michael que él construyó. No sabemos quién ganará entre Schumi y Flavio, pero el Kaiser y el Guaje, más que talentos, deben ser vistos como pilotos que llegaron a F1 con muchos años de experiencia en pista y hábilmente manejados por un manager. Por lo que respecta a las observaciones de Flavio sobre los errores de Schumi cuando era novato como Nando, el alemán ganó su primer GP al año de llegar mientras el ovetense lo hizo iniciando el tercero tras pasar uno como piloto de pruebas (mientras Flavio le preparaba). En 2004 Alonso tenía tres años completos en el circo y Schumi, cuando eso, perseguía su primer título (de estar Senna vivo ese 1994 Schumi hubiera sido subcampeón y Alonso aun no ha llegado tan alto en un ranking). Michael, por muy poco, no superó el record de Fittipaldi como Campeón más joven... meta que alcanzaría Nando en su cuarto año en F1 si es Campeón este año, pero que el entrañable Emerson cuajó en su segundo año en el circo. Y hay que recordar que Schumi debutó calificando 7º en Spa y marcó su primer punto en su debut con Benetton mientras Alonso en su primer año solo hizo un 10º con un Minardi que, tres años después y apenas puesto al día técnicamente en el marco de una disciplina donde las innovaciones llegan a diario, marcó puntos con un gris Baumgartner. Y si ni Schumi, ni Alonso son talentos ¿quién lo es? Kimi, por ejemplo: saltó del Fórmula Renault y marcó puntos en su primer GP, con apenas 23 carreras profesionales. Y entonces ¿cómo Schumi y Nandito dominan el circo? Pues porque la mezcla entre experiencia, juventud, fortaleza, habilidad, constancia, un team estable y sólido en el tiempo, más un manager sumamente hábil, valen más que el talento. Flavio debería terminar siendo el hombre más grande, talentoso, habilidoso, rico y exitoso de la historia del automovilismo. Excepto que solo hay un Campeonato para constructores y otro para conductores. Ninguno para gerentes, así que lo sentimos por los verdaderos ganadores; Flavio, Todt, Luca, Ron, Frank... Nadie nunca sabrá ni les reconocerá el mérito en todas las hazañas de Michael o Fernando en una Fórmula Nintendo en la cual el control lo tiene el webmaster. Bernie.
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