"EL GRAN ROBO DE AUSTRIA" 
Por: Andrés Ignacio Fortique Schmidke.


"En esta oportunidad, traemos un controversial pero excelente visión en donde Andrés Fortque palpa la mayoría de los sentimientos de aquellos que veiamos lo que no sería una carrera más de la F1. Se trataba de una competencia sin un significado especial - al menos para ese momento- para el campeonato y debido a una infeliz decisión tomada fuera de pista, alteró el resultado debido a quién merecía la victoría y que no podía obtenerla sino ponerse a la orden de los intereses de un equipo, evadiendo el compromiso de etica y responsabilidad que deben privar en cualquier deporte. Una curiosa forma de ingresar a la historia. Y es que todo acto de uno o varios seres humanos tiene un lado oscuro..."

En esta oportunidad la Fórmula 1 daba el salto desde la ciudad condal de Barcelona en la península ibérica a la población rural de Spielberg, situada a las faldas de las montañas Estirias. Enmarcado dentro de un espléndido paisaje, digno de aparecer en tarjetas postales, se encuentra el autódromo A1-Ring, escenario del Gran Premio de Austria, sexta cita del Calendario Oficial de la Temporada 2002.

A pesar de ser considerado un circuito aburrido por muchos de los pilotos participantes, luego de los cambios realizados en aras de la seguridad al trazado original del Österreichring,  la carrera austriaca se ha caracterizado por ofrecer batallas memorables en el pasado, amén de brindar resultados sorpresivos a lo largo de su historia. Valiéndonos de una frase característica del argot hípico, se podría decir que en esta carrera rara vez hay cuadros con seis.

Ahora bien, esta última edición, sin duda alguna, también será recordada, pero no precisamente por lo que aconteció en la pista, sino por los oscuros manejos que, tras bastidores, trocaron al mejor Gran Premio en lo que va de temporada en la mayor vergüenza inflingida al deporte mundial de un tiempo para acá.

En 1938, Adolfo Hitler llevó a cabo el Anschluss, operación expansionista mediante la cual la Alemania nazi se anexaba, sin echar un solo tiro, a su natal Austria. Sesenta y cuatro años después y salvando las enormes diferencias, este país alpino es nuevamente escenario de otro asalto, en esta oportunidad perpetrado con premeditación, alevosía y ventaja por la Scuderia Ferrari, que también cuenta con su Führer germano particular, entiéndase Michael Schumacher.

En aquel entonces la víctima fue Austria, país que recibió con vitores y en olor de multitudes al nefasto caudillo del bigotico. El pasado domingo 12 de Mayo, también sería el más perjudicado por una decisión política absurda, Rubens Barrichello, el único que recibiera con un abrazo al dictador a favor de quien tuviera que ceder la mejor carrera de su vida como piloto de Fórmula 1, deporte éste que nada retribuye en gloria a quien quiera interpretar el rol de mártir.

Pero dejemos a un lado los paralelismos históricos y vayamos al grano. No son pocos los años que llevo como aficionado a la Fórmula 1, ahora bien, en todo ese tiempo nunca me había tocado presenciar algo similar a lo sucedido en esta última carrera. Anteriormente hice mención sobre las sorpresas que se han presentado en los anales de este Gran Premio, sin embargo, la edición de este año superó con creces a las anteriores en cuanto a capacidad de dejar perplejos a todos los espectadores que seguían con avidéz la carrera, tanto en las tribunas del circuito como a los que la vimos por televisión. ¿Cómo es posible que una competencia tan estupenda, la cual se mantuvo por cerca de setenta y un vueltas completas, pueda cambiar tan drásticamente en los últimos cien metros de ese giro final dejándonos tan mal sabor en la boca?. ¿Cómo se explica el hecho de que se irrespeten de esta manera los intereses de la afición a quien se debe este deporte multitudinario?. ¿Es que acaso nosotros, los espectadores, alma y sostén de esta disciplina, no contamos para nada?. ¿Somos al igual que Barrichello lo es para la Ferrari, tal como quedó demostrado el domingo, un cero a la izquierda?. ¿Sencillamente tendremos que conformarnos con hacer el papelito de “mirones de palo”, sin derecho a voz ni a voto, ante tamaño atropello a la Fórmula 1 y al deporte en general?.

Afortunadamente el mejor referéndum popular, término muy en boga últimamente, ante esta tramoya que han llamado filosofía de equipo, consistió en la sonora pita que le dieron los presentes en las graderías, incluidos los tifosi, al combinado “Ferracher”. Aquel repudio colectivo, fue la mayor demostración espontánea de rechazo a los turbios tejemanejes que condujeron a aquel descarado robo con el que se sustrajo la emoción reinante durante toda la carrera, así como también el derecho que tiene todo deportista de cosechar el fruto de sus esfuerzos y sacrificios tras una sana y reñida competencia.

Siempre se ha afirmado que una imagen vale más que mil palabras, y ¿qué mejor imagen que la cara de Ralf, el propio hermano del “ganador” de la carrera, cuando Michael se bajó de su vehículo?. La incredulidad de lo sucedido no la podía ocultar ni el menor de la dinastía Schumacher, siempre tan solícito en ser el primero en felicitarle tras una buena actuación. Aquí no hubo el característico abrazo fraternal, ni siquiera un palmoteo en la espalda, tan sólo hubo una mirada de reproche. 

Todos los seguidores de la Fómula 1 estamos conscientes de que Michael Schumacher es, kilo por kilo, el mejor piloto del mundo. Una superestrella del automovilismo poseedor de un enorme talento como en muy contadas ocasiones ha existido y quien, por el camino que va, está a punto de convertirse en el más grande as del volante de todos los tiempos. Esta es una realidad incuestionable de la cual no dudan ni sus más acérrimos detractores. Es más, por si fuera poco y apenas tres días después de esta controvertida “victoria” en Austria, el plusmarquista germano ha sido distinguido en la ciudad de Montecarlo con el Premio “Laureus al Deportista Mundial del Año”, por parte de un organismo bajo el patronato del Principe Alberto de Mónaco, imponiéndose a las mejores figuras de todas las disciplinas deportivas, entre los que se encuentran personas de la talla del golfista estadounidense Tiger Woods, el también norteamericano Lance Armstrong, último ganador del Tour de Francia, el nadador australiano Ian Thorpe y el atleta Maurice Greene.

Por otra parte, también es evidente la enorme superioridad del chasis F-2002, desarrollado por el Jefe de Diseño de la Ferrari, el sudafricano Rory Byrne, con respecto a los monoplazas del resto de los equipos participantes. Es tan grande la diferencia existente, que el propio Gerhard Berger, Director Deportivo de la B.M.W., casa motorista del equipo Williams, señaló que ya daba por hecho cierto el Título de Pilotos de la presente Temporada para el alemán, así como también puntualizó que se les haría cuesta arriba derrotar a la escudería de Maranello en el renglón de constructores. Igualmente, otro ámplio conocedor de estos oficios como lo es “El Conejo” Niki Lauda, tricampeón mundial, Director Principal del equipo Jaguar Racing y cuyo nombre cuenta con una curva en el A1-Ring, manifestó que la Ferrari se encontraba en posición de conseguir ambos títulos por los siguientes tres años, gracias a los grandes avances con que cuentan los bólidos escarlatas. Otro que admitió que sus esperanzas para alcanzar el campeonato ya se habían esfumado fue el piloto escocés David Coulthard quien, siendo realista ante el abismo existente entre los autos de ambas escuderías, decidió prestar toda su atención a desarrollar el coche McLaren-Mercedes para la campaña entrante. Una vez escuchadas estas declaraciones, cabe preguntarse lo siguiente: ¿Necesitaba Michael Schumacher este tipo de “ayuda extra” por parte de su equipo para conseguir sus más caros objetivos?.

Considero que al piloto germano le hicieron un flaco favor al exponerlo a la rechifla del colectivo a cambio de que obtuviera un “triunfo” en el Gran Premio de Austria, único circuito del Calendario Oficial donde la victoria le había sido esquiva en sus cuatro participaciones anteriores. Echando mano del refranero taurino, hay una frase que puede sernos útil para el caso que nos ocupa: “No hay quinto malo”. Pero, al igual de cómo suele suceder en muchas corridas de toros, en esta oportunidad, tampoco el quinto Gran Premio de Austria para “Schumi” fue bueno, ya que nuevamente no pudo ganar en la pista lo que sí consiguió a través de la componenda fraguada por la Gestione Sportiva della Scuderia Ferrari.

En un santiamén, los estrategas de la divisa del Cavallino Rampante pasaron de lo sublime a lo ridículo, de ser héroes a villanos, cuando ya comenzaban prácticamente a salir las letricas finales (clasificación general) de esta costosísima superproducción fílmica que bien se podría titular: “El Gran Robo de Austria”. En esta ocasión, el papel de protagonista principal nuevamente recayó sobre el sempiterno “catire de la película”, quien no es otro que Michael Schumacher; con Rubens Barrichello como mejor actor secundario; bajo la magistral Dirección Principal del afamado francés Jean Todt y la Dirección Técnica de Ross Brawn; Producción General de Luca Cordero di Montezemolo; realización de Ferrari’s Films, grabada en las majestuosas locaciones externas del Circuito A1-Ring, que sirvió de escenario ideal para la adaptación al polémico guión que relata cómo los tentáculos de la mafia se infiltran en el glamoroso mundo de la Fórmula 1.

Es menester señalar que esta era como una especie de continuación o, mejor dicho, un remake mejorado, ya que en la edición del año 2001 se realizó una versión similar que no causó el mismo efecto, a pesar de utilizar los mismos actores, el mismo equipo y el mismo set. En aquella oportunidad había cambios sustanciales en el libreto, a saber: Barrichello le cedía la segunda posición a Schumacher en vez de la victoria absoluta, la cual finalmente le correspondió a David Coulthard, quien venía apretando en los puntos para alcanzar el Título de Conductores el cual era objeto de una reñida contienda entre el alemán y el escocés. Aquel gesto del piloto brasilero lo entendió todo el mundo, ya que era obvio que ayudara a su coequipero a alzarse con su cuarto campeonato, aun y cuando al final se mostrara mucho más molesto de lo que lo estuvo en esta última y revisada versión.

Pero hagamos a un lado el sarcasmo y vayamos a los hechos. El día 09 de Mayo, tres días antes de la carrera, Barrichello rindió declaraciones a la prensa especializada con respecto a la renovación de su contrato para continuar con el equipo Ferrari hasta finales de la Temporada 2004. En esta cita con los medios el piloto paulista manifestó, entre otras cosas, que aun mantiene vivo su sueño de poder derrotar a su compañero de equipo por el Título con el mismo carro. A continuación les transcribo algunos de sus comentarios: “Todavía creo que puedo ser campeón mundial, aun cuando otras personas piensen que no es posible. Yo tengo un sentimiento interno de que será así. Tú necesitas tener sueños en la vida que tienes que llenar. Cuando tú dejas de tener sueños no hay motivación para tener una vida plena. Entonces yo me despierto cada día pensando que voy a ser un ganador”.

            Posteriormente Barrichello se luciría el día sábado al marcar el mejor tiempo para hacerse del primer lugar de la parrilla de largada, pese a los denodados esfuerzos de su compañero de equipo para desbancarle la posición, tal como sucediera en los Grandes Premios de San Marino y de España, donde el alemán le había robado el caramelo de la boca en el último de los sesenta minutos estipulados para la clasificación. Sin embargo, en esta ocasión Rubens luchó como un titán e incluso fue capaz de mejorar su registro anterior, rodando sobre una pista  muy sucia debido al polvo y a la grava que fueron dejando los coches en las multiples visitas que hubo a las zonas de seguridad del circuito austriaco. De esta manera el brasilero se alzaba con la quinta pole position de su trayectoria dentro de la disciplina y la segunda de la presente temporada luego de la alcanzada en el Gran Premio de Australia. La gran interrogante se planteaba en términos de si en esta oportunidad la mala suerte le acompañaría de nuevo en esta carrera. Habría que esperar hasta el día siguiente para ver si lograba partir bien y, en caso afirmativo, ligar que pudiera llegar al banderazo a cuadros.

            El domingo no solo tuvo una excelente arrancada, en la que soportó estoicamente los embates de los hermanos Schumacher, sino que estuvo en grande durante toda la competencia en la que no aflojó ni un momento el intenso tren de carrera al que sometió a su bólido con el que dibujó el trazado en una gran demostración de manejo. Vuelta tras vuelta mantuvo un duelo personal con “Schumi” en el que ambos pilotos se arrebataron alternativamente los mejores cronos. Tan solo perdió la punta con respecto a Michael al momento de la visita a los pits, para luego retomarla cuando le llegó el turno a aquel. Y así se aproximaba a la meta y a lo más alto del podio de vencedores....cuando de repente le llamaron a capítulo y despertó de su sueño de de derrotar con el mismo coche al Gran Michael Schumacher. Las ordenes de equipo lo tumbaron del catre, lo bajaron de la nube en que estaba montado y, una vez más, tuvo que inmolarse en beneficio del intocable “Barón Rojo”. De esta manera se había consumado la vergonzosa estafa en contra del siempre bonachón e ingenuo “Rubinho”. Aquí vale la pena recordar las últimas palabras del Emperador Romano Augusto en su lecho de muerte, cuando en medio de estertores soltó aquel latinazo: “Acta est fabula”, que no es otra cosa que “La comedia ha concluido”.

Anteriormente, uno se lamentaba de la innegable mala fortuna que acompañó al brasilero durante las primeras carreras de la actual Temporada, así como a lo largo de toda su vida como piloto de Fórmula 1. La suerte adversa, en más de una ocasión, le apartó de lo que pudieron ser más que merecidas victorias y, sin embargo, nunca  hemos visto a Rubens ceder un palmo de terreno en su eterno optimismo. Pero ahora, deploro el servilismo a que se ha visto obligado en aras de una frustrante “filosofía de equipo” que atenta contra su propia autoestima como profesional del volante, llevándole a traicionar sus más caros anhelos.

Siempre existirá la polémica en torno a si el piloto carioca debió acatar o desobedecer las ordenes de equipo. Los defensores de la Ferrari expondrán la tésis de la disciplina y de la profesionalidad que debe tener todo deportista para con su equipo, al que lo ata un contrato firmado, argumentos éstos de mucho peso y de gran validéz desde el punto de vista legal. Eso nadie lo discute. Pero lo que sí ponemos en tela de juicio, es el hecho de que esa supuesta disciplina que tanto se esgrime tiene varias límitantes tanto éticas, como morales y hasta legales, a saber: el derecho que tiene todo trabajador a recibir los beneficios de su trabajo, que en el caso particular de un piloto de carreras no se circunscribe a cobrar el sueldo, por más abultado que sea, todos los quince y últimos días de cada mes, sino también a que pueda ganar las competencias en la que haya hecho los méritos suficientes en la pista para llegar primero a la meta. Igualmente esa tan manida disciplina debe llegar hasta donde comienzan valores tan irrenunciables como el respeto a las convicciones personales, la autoestima y el amor propio. Recordemos la vieja conseja popular que sabiamente nos señala que “Quien no se quiere a sí mismo, no lo quiere nadie”.

El tristemente desaparecido Ayrton Senna sí era el ejemplo más acabado de lo que es la verdadera disciplina y un enorme profesionalismo, virtudes éstas que ha llevado a cotas más elevadas Michael Schumacher. Nadie se ha entrenado, ni se ha preparado, ni ha trabajado más que ellos. Nadie ha batallado tan intensamente como ellos lo han hecho, sin ceder ápice alguno para la consecución de sus metas. Grandes han sido sus esfuerzos, sin embargo, nunca sacrificaron sus principios personales, ni traicionaron sus ideales a favor de terceros. Han sido egoistas, antipáticos y hasta déspotas, lo cual les ha hecho acreedores de no pocos ataques y sí de muchas animadversiones, pero ambos han pasado a la gloria dentro del díficil mundo del automovilismo por méritos propios, precisamente por rebelarse contra esas falsas filosofías de algunas escuderías en las que se han ahogado tantos otros pilotos que les han hecho la obligada comparsa. ¿Ordenes de equipo para ellos? ¡Nunca!. ¿Colas de leones ellos?, ¡Jamás!.

Hoy en día, un tanto más calmado de mi indignación inicial, puedo entender a Barrichello, por quien llegué a dejar escapar algunas lágrimas de rabia y de impotencia a sabiendas de que tales sentimientos encontrados, productos de la lapidaria decisión de los capos de la Ferrari, los estaba padeciendo él en carne propia pero elevados a la enésima potencia. Hay que ponerse en los botines de “Rubinho” para comprender la enorme disyuntiva que tuvo que confrontar tras el requerimiento radial de Ross Brawn, máxime cuando vas a trescientos kilómetros por hora con un Michael Schumacher pisándote los talones. Necesariamente tenía que enfrentar una decisión nada fácil de tomar. ¿Cómo hacer para honrar su rúbrica, aun fresca, en el nuevo contrato y, a la vez, desenmascarar a los autores intelectuales de la cochinada que le querían hacer?. Finalmente, optó por una decisión salomónica con la que si no lograba salir lo más gallardo posible, que hubiera sido ganar su carrera y exponerse a una inminente rescinsión de contrato por incumplimiento, le permitía salir airoso de la encrucijada en que tristemente lo habían puesto. Es por ello que esperó hasta el último momento, justo cuando pasaban frente a la tribuna principal repleta de espectadores, para acatar las instrucciones de la escudería, las cuales indudablemente fueron transmitidas con mucha mayor antelación y, de seguro, acompañada de la sugerencia de hacerlo parecer como un adelantamiento imposible de evitar ante el terrible asedio del alemán, a fin de camuflar la verdad, de disfrazar la marramuncia que nos querían hacer tragar.

Con ese último gesto de pundonor Barrichello salvó la honrrilla al demostrar públicamente que, por lo menos ese día, él fue más rápido y mejor deportista que su compañero de equipo al que le hizo ese “regalote” del Día de la Madres, fecha que casualmente coincidió con la de la carrera. Igualmente cumplió con sus deberes contractuales de segundo piloto de la casa de Maranello, no sin antes poner en grandes aprietos a sus patrones, a quienes dejó al descubierto in fraganti quedando expuestos a un escarnio público del que todavía no se recuperan, ya que el alto mando de la Ferrari, conjuntamente con sus dos pilotos, deberá comparecer ante el Concejo Mundial de Automovilismo de la F.I.A. en su próxima reunión pautada para el 26 de Junio. Fecha ésta que me parece un tanto tardía, dada la gravedad de este controvertido asunto.

Esperemos, por el bien del deporte, que en esta oportunidad el máximo organismo rector de la disciplina no se límite a una simple reprimenda, sino que, por el contrario, se tomen drásticas sanciones a fin de ponerle coto a este tipo de manipulaciones bochornosas que atentan contra los intereses de la Fórmula 1 y causan consternación al mundo deportivo en general. Tanto es así que, además del repudio de toda la prensa especializada internacional, incluidas las publicaciones más afectas al equipo italiano, los organizadores de la carrera austriaca se han sumado a las otras quejas, solicitando alguna medida que le “duela” a la Scuderia, según palabras textuales de Hans Geist, promotor del evento. Se habla de un boicot por parte de los aficionados ingleses para el próximo Gran Premio británico. Así mismo el Presidente de Brasil, Don Fernando Enrique Cardoso, tomó partido en la controversia y emitió un comunicado oficial en donde señaló lo siguiente: “Hoy los brasileños somos unánimes. Rubens Barrichello es el ganador del Gran Premio de Austria. El trofeo es para él”.

Pero me he guardado para el final una declaración que considero la más honesta e imparcial de todas las expresadas, ya que no está supeditada a ningún otro interés que no sea la defensa de lo que debe ser la esencia del automovilismo, precisamente por venir de Alberto Beccari, nada más ni nada menos que el Presidente del Ferrari Club de Maranello: “Estamos muy decepcionados. Antes que seguidores de Ferrari somos gente que adora el deporte. La decisión de Todt no ha sido buena para el deporte. Los cuatro puntos no eran necesarios para ganar el campeonato. Nos sentimos mal porque pensamos que hemos perdido”.

 Lo que más me extrañó de todo, fueron las manifiestas demostraciones de alegría por parte de Barrichello. Aquel abrazo a Schumacher fue algo así como el beso de Judas. Sus declaraciones en la rueda de prensa no se correspondían con la trágica realidad del bajonazo que le habían propinado. Su conducta en mucho distaba de la posición adoptada en la edición del año pasado, cuando por primera vez fuera afectado por las ordenes de equipo. En aquella ocasión sí se mostró más humano al expresar claramente su molestia, a pesar de que cedió la segunda posición a favor de Schumacher bajo unas condiciones muy diferentes que todo el mundo entendió. Aquí por el contrario debía regalar la que ha podido ser apenas su segunda victoria luego de 154 Grandes Premios disputados y, para colmo de males, debía lucir una hipócrita, por no decir estúpida, sonrisa.

No se puede ser tan pusilánime después de que te restriegan en la cara el poco valor que te han asignado dentro de la escudería por parte de quienes están supuestos a ser tus mejores aliados. Los tibios no tienen cabida en un deporte tan caliente como este.

Apartando la “megatorta” puesta al final por la Ferrari, esta carrera ha sido la mejor de la actual campaña. Los adelantamientos por las posiciones intermedias estuvieron a la orden del día.

La nota trágica estuvo en el aparatoso accidente ocurrido en la vuelta 28 en el que se vieron involucrados el piloto alemán Nick Heidfeld, quien apenas dos días antes celebraba su cumpleaños número 25, y el japonés Takuma Sato. Problemas con uno de los discos de los frenos delanteros hicieron que el germano perdiera por completo el control de su coche, con el que pasó como un torbellino, a escasos centímetros de la trompa del Williams de Montoya, para terminar incrustando el misil azul en que se había convertido su Sauber en un costado del Jordan del desafortunado piloto nipón, quien ni se dió cuenta de nada antes de ser sacudido por el impacto. Heidfeld pudo ser sacado rápidamente de su vehículo por parte de los paramédicos, sin embargo, fue necesario el concurso del Profesor Sidney Watkins, delegado médico de la F.I.A., para auxiliar al malogrado Takuma, quien permaneció largo tiempo antes de poder ser extraido del habitáculo de lo que quedaba de su monoplaza amarillo. Luego, sería trasladado al hospital de Graz en helicóptero para un exámen médico más exhaustivo. Afortunadamente ninguno de los dos pilotos sufrió heridas de gravedad y, de hecho, ambos participarán en el venidero Gran Premio de Mónaco.

Luego de darle vueltas y más vueltas a la cabeza, tratando de comprender qué pasaba por la de Barrichello con aquellos arranques de aparente alegría a que ya he hecho mención en parrafos anteriores, he llegado a dos conclusiones contrapuestas para tratar de darle una explicación a tan extraña conducta. La primera es la buena, y consiste en que “Rubinho” en verdad se siente una mejor persona, tal como lo señaló a la prensa, y ha logrado alcanzar un nivel superior de tranquilidad de espíritu, basado en el convencimiento pleno de que la carrera le pertenece por derecho propio, independientemente de quién cruzara primero la meta y de quién pasara a los libros de récords. Y la segunda, que es la mala, se refiere a un individuo que, ya hastiado de ser siempre el bonachón de la partida, decidió esperar hasta el final de la competencia para echarles la vaina a sus empleadores y que, a fuerza de los repetidos desmanes de que ha sido objeto en su pasantía por el equipo, aprendió a ser más cínico que el propio “Schumi”. Es por ello que se dispuso a dar el puntillazo final con sus “cándidas” declaraciones frente a los periodistas y a las cámaras de televisión, a fin de ganarse la simpatía de todo el mundo y a sabiendas del chaparrón que por ello se les vendría encima a quienes tuvieron el descaro de solicitarle que renunciara a la segunda victoria de toda su vida, razón por la que no podía disimular su sonrisa Pepsodent. En cualquier caso, su actuación bien le merece un “Oscar” de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood. ¿No les parece?

Aunque en principio señalé que de este par de conclusiones una era la buena y la otra la mala, debo admitir que ahora ambas me parecen igualmente buenas, porque ya está bien de que sea Rubens el que ponga siempre la otra mejilla, recuerden que hasta Jesucristo la ofreció solo una vez y eso que era El Redentor. ¿Estámos?.

Hay un proverbio árabe que dice: “Todo lo que ocurre una vez, puede que no ocurra nunca más. Pero todo lo que ocurre dos veces, ocurrirá ciertamente una tercera”. Según esta premisa, puede ser que Barrichello no vuelva a derrotar a Schumacher como lo hizo en Austria; y, como Ferrari le ha ordenado a Rubens en dos ocasiones que le ceda su posición a Michael seguramente lo harán una tercera vez. Esperemos, por el bien de “Rubinho” como piloto y de la Fórmula 1 como espectáculo, que los árabes no tengan del todo la razón.


 

Caracas, 08 de enero de 2005.

 


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