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El circuito de Interlagos, conjuntamente con el Enzo y Dino Ferrari de la ciudad de Imola, escenario del Gran Premio de San Marino, son los únicos trazados dentro del Calendario de la Temporada donde los pilotos giran en contra del sentido de las agujas del reloj. Esto, aunque parezca algo trivial, constituye un factor adicional de desgaste físico para los competidores, puesto que se ven obligados a ir en dirección inversa a como acostumbran en los 16 autódromos restantes donde se celebran carreras, así como también en aquellos otros autorizados para llevar a cabo sus entrenamientos. Este cambio les origina una gran tensión y una fatiga extra, especialmente en los músculos del cuello y de los hombros como consecuencia de las altas fuerzas G a que se ven sometidos los pilotos al momento de tomar las curvas, incrementándose en varias veces el peso de la cabeza y del casco protector. La tortícolis y los calambres en Interlagos están a la orden del día, por lo que es menester dotar a los botiquines de primeros auxilios con el doble de paquetes de relajantes musculares, así como también son muy efectivos los masajes en las zonas afectadas. Sin embargo, todo este tipo de inconvenientes pasan a un segundo plano cuando se ve el gran ambiente que reina durante los días del Gran Premio de Brasil. Se desbordan las bancadas de samba, colorido y emoción como no se ve en ningún otro circuito. Tal vez suceda algo similar en Imola o en Monza, por aquello de los tifosi de la Ferrari, o en el Hockenheimring de Alemania con los seguidores de Schumacher, pero dudo que lleguen a las elevadas cotas de contagiante alegría que experimentan las batucadas brasileras, las cuales no sólo son famosas en el automovilismo, sino en todas las disciplinas en que participen deportistas de esa nación. Imagínense una Copa Mundial de Fútbol sin Brasil. Que triste ¿verdad? Y es que Brasil es una cantera inagotable de talentosos pilotos que han descollado en todas las categorías del automovilismo internacional. Basta apenas con mencionar tres nombres, entre tantos como ha dado este país suramericano, para sumar ocho títulos mundiales de Fórmula 1: Emerson Fittipaldi con dos, y Nelson Piquet y Ayrton Senna con tres cada uno. El actual campeón de la categoría Indy Racing League (I.R.L.) es Tony Kanaan y el último titulado de la F-3 Británica es Nelson Piquet Jr., así como muchos otros que, en categorías menores, están dando la pelea y consiguiendo importantes logros que convierten al Brasil en una verdadera potencia, cuidado si la más prolífica de todas, en el mundo de las carreras de carros. Este año el gigante suramericano contó con tres pilotos que buscarían tener una destacada actuación en el Gran Premio que corrían en casa: Rubens Barrichello de la Ferrari, Felipe Massa de la Sauber-Petronas, ambos naturales de Sao Paulo, y Ricardo Zonta del equipo Toyota Racing, nacido en Curitiba. De los tres, el único con auténticas posibilidades de ser gallo en su patio era “Rubinho”, quien sí contaba con un auto verdaderamente competitivo, el F-2004, con el que por enésima vez aseguraba que batiría a su compañero de equipo, Michael Schumacher, en su corrida…. La verdad es que Barrichello efectivamente batió al “Barón Rojo” tanto en los cuatro entrenamientos libres del viernes y del sábado, como en la prueba clasificatoria, así como también en la carrera. Pero aun y cuando se cumpliera su pronóstico con respecto a su coequipero y lograra subirse al podio, sin duda alguna que este no fue para nada el resultado por él esperado. Luego de sus victorias al hilo en los Grandes Premios de Italia y de China, el conseguir la pole position en casa, haciendo las delicias de sus paisanos que, en medio del frenesí colectivo, creían estar presenciando el renacer del nuevo “Rubinho”, del Barrichello que para ellos ese día de seguro encarnaba lo mejor de Emerson, de Nelson y de Ayrton. Él era la esperanza inquebrantable de millones y millones de brasileros hambrientos de un nuevo campeón de Fórmula 1, único maná capaz de saciar esa hambre que vienen soportando desde la trágica muerte del “Magic” Senna en el Gran Premio de San Marino del año 94.
Al principio yo no podía entender cómo pudo perder tanto tiempo como para quedar tan rezagado en las posiciones intermedias. Sobretodo cuando entró a boxes comandando la competencia y apenas una vuelta después de Montoya y Raikkonen. Incluso su crono fue de 5,6 segundos por 6,8 del colombiano. La explicación estaba en los cauchos Bridgestone, los cuales van bien sobre seco o sobre mojado, pero no son tan eficientes cuando las condiciones son variables, o sea, parte de la pista húmeda y otra visiblemente seca. Aquí los equipos que contaban con neumáticos Michelin pudieron sacar mayor provecho de las condiciones climáticas cambiantes. Nuevamente la mala fortuna se ensañaba contra el mil veces desafortunado “Rubinho”, birlándole la posibilidad de una victoria en su patio. Su suerte adversa escamoteó la diversión a los cientos de miles de incondicionales del piloto paulista que abarrotaban las graderías del Carlos Pace, así como a los millones de fervientes espectadores que le seguían, pegados a las pantallas de sus televisores, en todos los hogares del inmenso Brasil. Aquello fue como cuando perdieron la final del Mundial de Fútbol del 98 contra Francia. Al igual que en aquel entonces, a los brasileros les habían robado, intempestivamente, a su Ronaldo del automovilismo, dejándoles más hambrientos que antes y sin ganas de bailar más samba ni de tomar más caipirinha. Ya en años anteriores había corrido con peor suerte en el Gran Premio de su país. Recuerden el año 99, cuando aun era piloto del equipo Stewart-Ford, la actual y también a punto de desaparecer Jaguar-Cosworth, oportunidad en que comandó la competencia por un buen trecho antes de verse obligado a abandonar. Lo mismo le sucedería en la edición del 2002, ocasión en la que un problema hidráulico le dejó varado luego de mandarse un carrerón en el que pasó a Raimundo y todo el mundo, incluido Schumacher. El 2003 no sería una excepción, cuando nuevamente tuvo que tragar grueso al momento en que su carro le dejó botado cuando estaba en la punta, al quedarse ¡SIN COMBUSTIBLE! Como diría César Augusto: “Papá, ¿será que le pusieron la GasoLula que de allá nos mandaron cuando el paro petrolero?”. Hasta el pasado domingo, la mejor clasificación de Barrichello corriendo en su país la obtuvo en la edición del año 94, cuando a los mandos de un Jordan arribó cuarto al banderazo a cuadros. Aunque en esta oportunidad mejorara aquel resultado al poder treparse al tercer peldaño del podio, lo cierto es que lamentablemente el piloto carioca se queda con las ganas de cumplir su ansiado sueño de ganar en Interlagos. A pesar de no creer en nada de esas cosas, estoy llegando a pensar que “Rubinho” realmente está “empavado”, por lo que necesariamente tendrá que recurrir a una macumba brasilera, a ver si de una buena vez lo despojan del sino negativo que como una nube negra le acompaña cuando corre en casa. No obstante una mala salida, en la que perdió varias posiciones con respecto a Raikkonen, a Massa y a Button, Montoya supo reponerse a fuerza de vueltas rápidas y sacando a relucir sus enormes habilidades conductivas, un tanto opacadas en las carreras anteriores, para alzarse con un brillante victoria en este Gran Premio con el que se despedía, saliendo por la puerta grande, del equipo BMW-Williams. Triunfo por demás relevante, luego de que nadie esperaba nada del volante bogotano. Incluso una reputada casa de apuestas londinense le otorgaba la séptima probabilidad entre los favoritos para ganar esta carrera, ofreciendo 25 libras por cada una que se apostara a Montoya, cuyo consistente manejo echó por tierra todos los pronósticos de los jugadores, así como las utilidades de los banqueros. Realmente le vimos poseedor de una madurez insospechada en él, más proclive a un manejo mucho más temperamental e incluso pasional. Prueba de ello fue como supo mantener la calma cuando Felipe Massa le recostó el carro recién iniciada la competencia, así como no se precipitó y cedió el paso a Kimi al momento de salir de los pits en la primera parada. ¿Será que Juan Pablo entendió, de una vez por todas, que si una carrera está pautada a setenta y un (71) vueltas, porqué se tiene que tratar de ganarla en las primeras curvas? Es imperativo para las futuras aspiraciones del colombiano que aprenda la lección si realmente quiere llegar a ser campeón.
Muy bien Kimi Raikkonen, quien a pesar de poner toda la carne en el asador no pudo con el ritmo endemoniado de su futuro compañero de escudería, teniendo que conformarse con el segundo peldaño del podio. El “Hombre de Hielo” tuvo un inicio espectacular llegando a colocarse por delante del poleman, Barrichello, y hacia el final apretó descontando considerablemente la ventaja con respecto a Montoya, quien supo contener los embates del escandinavo. Va a ser interesante ver a esta pareja de pilotos de la McLaren-Mercedes compitiendo entre ellos en las próximas temporadas. Considero que conforman el dúo más aguerrido de toda la plantilla de equipos participantes para el 2005. Dios quiera que tanto la gente de Ron Dennis como la de Norbert Haug sepan afilar bien las puntas y sacarle brillo a las “Flechas Plateadas”, entregándoles un chasis balanceado y un motor lo suficientemente potente y confiable para que ambos puedan acertar al blanco con regularidad. ¡Que así sea! Fernando Alonso se mandó una carrera que espero sirva para acallar a todos los que han puesto en duda el enorme talento del asturiano, a quien el recuerdo del pavoroso accidente sufrido el año pasado en ese mismo escenario, del que fue menester que le retiraran en camilla, no amilanó para nada su determinación en esta oportunidad, llegando en un más que merecido cuarto lugar tras una brillante actuación. ¡Bien, macho, bien! Contando con un carro al que le falta toda una caballería de potencia y tomando el riesgo de arrancar con cauchos para pista seca cuando aun estaba mojado el asfalto, supo defender su posición a capa y espada ante el intenso asedio a que se vio sometido inicialmente por Schumacher y, luego, hacia el final de la competencia, por Sato y Ralf. A estos dos últimos les propinó sendos adelantamientos en una muestra de lo que es correr con verdaderos bríos. De esa manera Fernando lograba su objetivo de mantener su cuarto puesto en la clasificación general de pilotos con respecto a Montoya quien, a pesar de ganar la carrera, quedó a tan solo un punto por detrás del ovetense. Curiosamente la casa Renault fue el único equipo que optó por una estrategia de dos visitas a los pits mientras todos los demás apostaron por tres paradas. Se invirtieron los papeles en el equipo BAR-Honda. Esta vez fue Button y no Sato el encargado de fumigar en Interlagos. Ya buscando su posición en la parrilla de largada, el motor del británico dio muestras de estar herido de muerte con una fumarola que presagiaba lo peor. No obstante ello, Jenson fue capaz de demostrar, en el par de vueltas que pudo dar, su superioridad conductiva sobre su compañero nipón. Takuma finalmente llegaría quinto, no sin antes perder el control a la entrada de las eses de Senna ante el acoso de Barrichello, cediendo una posición ante la presión del brasilero, y de ser superado posteriormente por la furia española de Alonso cuando recién salía de los pits. Ralf reincide con los altibajos a que nos tenía ya acostumbrados. Luego de su gran demostración en Japón, aquí en Brasil experimenta un nuevo bajón si comparamos su rendimiento con el de su compañero Montoya, quien viene a ser la referencia obligatoria para evaluar justamente la actuación del alemán. Fue precisamente ese pase que le metió Alonso, lo que permitió al piloto español quedar por delante del colombiano en el Campeonato Mundial. Desafortunadamente para el menor de los Schumacher, creemos que con su nuevo equipo más serán los picos bajos que los altos, como ha sido el caso de todos los que han pasado por las filas de la escudería Toyota Racing. Realmente espero estar equivocado de plano, ya que por el bien de la competencia, deseamos una mejoría futura notoria por parte de la divisa japonesa.
Pareciera que de tanto andar desprendido en la punta en la mayoría de las carreras de la temporada, la estrella de la divisa del Cavallino Rampante no se acostumbra a rodar en medio del pelotón. Precisamente porque es un hábito que nunca tuvo. Sin embargo, a pesar de tener que partir desde la penúltima fila, pese al trompo sufrido y al hecho de no contar con los cauchos ideales para las condiciones reinantes en la pista, Michael pudo descontar posiciones hasta concluir en la séptima casilla y arañar dos puntos más para sumar a su ya abultada cuenta. Como dice un refrán criollo: “Gallo fino hasta con el ala mata”. Si hacemos a un lado el resultado final y tomamos en consideración los inconvenientes sorteados, el desempeño de Schumacher fue muy superior al de Barrichello. Aquel salió en la casilla número 18 y remontó once posiciones con todo y el trompo; mientras que Rubens, partiendo desde la pole position, perdía dos lugares y sin haber tenido contratiempo alguno en carrera aparte del asunto de los neumáticos que eran iguales a los de su compañero. El último en colarse en la zona de puntos sería Felipe Massa. El pequeño piloto de la Sauber-Petronas sería otro de los afectados por el bajo rendimiento de los cauchos Bridgestone en esta carrera. No obstante ello, “Felipinho” nos brindó momentos de intensa emoción en los giros iniciales de la competencia. Llegó a liderar, aunque solo fuera por una vuelta, luego de que su paisano Barrichello entrara a los pits. Incluso se dio el tupé de “carajear” a Montoya, al mejor estilo del propio piloto colombiano, obligando a este a encaramar dos ruedas sobre el bordillo de la pista a fin de evitar el “tatequieto” del paulista en la primera vuelta. Desafortunadamente, su posición final no se correspondería con lo que fue una destacada actuación frente a su público. El equipo Jaguar-Cosworth vivió un momento aciago cuando sus dos pilotos se vieron involucrados en un tonto percance que culminaría con la salida anticipada de Mark Webber al destrozar su carro. Precisamente fue el australiano quien llevó la situación al límite al intentar barrer hacia fuera a su compañero Christian Klien en las eses de Senna. Triste despedida del volante oceánico en su última carrera con el equipo felino, que también buscaba dar algún que otro zarpazo final antes de desaparecer por completo o de cambiar de nombre y de dueño tras el sorpresivo anuncio de Ford de retirarle su apoyo. Aparte de la salida definitiva de Jaguar-Cosworth de la Fórmula 1, tras el Gran Premio de Brasil también hay dos escuderías más que no tienen del todo claro el panorama de cara a su futura participación en la máxima categoría del automovilismo mundial. Me refiero a los equipos Jordan-Ford y Minardi-Cosworth. Aparentemente, la primera está en negociaciones con Toyota Racing para que esta le suministre los motores para el año que viene. Sin embargo, todavía no se ha firmado nada al respecto. El caso de la divisa de Faenza se presenta aun más incierto que el de los bólidos amarillos, ya que las posibles soluciones que les han planteado han resultado más desalentadoras aun. Pero la “otra escudería italiana” ya se las ha visto más feas en temporadas anteriores y ha sabido sortear toda clase de escollos, sin rendirse ante la adversidad, para continuar alineando sus autos en la parrillas de largada año tras año. Esperamos que en la próxima campaña podamos verles nuevamente en la carrera inaugural, el Gran Premio de Australia, así sea en sus habituales puestos finales al momento de apagarse las luces del semáforo del Circuito Albert Park. A quien si no creo que veremos en Melbourne el año entrante es a David Coulthard, a menos que sea como espectador de lujo. Porque la verdad sea dicha, su rendimiento en su última carrera con el equipo McLaren-Mercedes, más que pobre lo califico de patético. El escocés, quien celebraba en Brasil su Gran Premio número 150 a través su dilatada trayectoria por la Fórmula 1, no se cansaba de reiterar en las entrevistas que le hacían, que él era la mejor opción con que contaba Sir Frank Williams para ocupar el asiento que quedó vacante dentro de su escudería, tras la decisión de la Junta de Reconocimientos de Contratos de la F.I.A. que imposibilitaba a Jenson Button hacer pareja con Mark Webber en su equipo para el 2005. Obviamente que cada pulpero alaba su queso. Pero sería precisamente la triste actuación del propio David en Interlagos, la que se encargaría de aclarar las posibles dudas, si es que verdaderamente había alguna, con respecto al enorme bagaje de experiencia con que cuenta el británico para aportar a cualquier equipo grande que quiera pelear por el título. En todos y cada uno de los entrenamientos libres, tanto del día viernes como del sábado, en la clasificación para la parrilla de largada y en la propia carrera “Mandibulín” fue notoriamente superado por su “mucho menos experimentado” coequipero. Algo que no es un hecho aislado ni insólito, sino que por el contrario, ha sido una constante a lo largo de toda la presente temporada y de todas las anteriores en que ha corrido el escocés, que a diferencia del whisky que se produce en su país, no ha mejorado para nada con los años, a pesar de haber contado con toda la maquinaria de equipos tan avezados como la Williams-Renault, en sus auspiciosos inicios como piloto de Fórmula 1, y de McLaren-Mercedes, en su ya evidente ocaso. Yo, en mi muy humilde opinión y aunque suene duro al mencionarlo, la verdad es que prefiero no verle correr su Gran Premio número 151. En el caso de que consiga hacerlo, espero que no sea con la escudería BMW-Williams, ya que considero mucho más justo que dicha butaca sea ocupada por una joven promesa, como el brasilero Antonio Pizzonia o el inglés Anthony Davidson, que por una promesa incumplida como lo fue siempre David Coulthard. Cerramos con el gracioso episodio protagonizado por el hombre más conocido en el mundo entero, considerado por muchos el mejor futbolista de todos los tiempos y galardonado con el Premio Deportista del Siglo XX: Edson Arantes do Nascimento, el inmortal “Rey Pelé”. Este famosísimo personaje había sido distinguido con el honor de dar el banderazo a cuadros al ganador del Gran Premio de su país del año 2002, pero resulta que una pequeña distracción de último momento le impidió agitar el paño mientras en aquel entonces Schumacher cruzaba victorioso la meta. Se comenta que, a sazón de excusa, se le escuchó decir: “Ay, eu me Pelé”. Yo, por mi parte, les estoy muito obrigado por su enorme paciencia al leer tan extenso artículo. Caracas, 31 de octubre de 2004.
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