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El verdadero vórtice de la tormenta, el ojo del huracán, fue la actuación de Michael Schumacher quien, más que zaperoquear las cosas, nuevamente puso orden dentro del insensato revuelo que se había creado en torno al hecho de que no diera su característico saltito victorioso en lo más alto de los podios de Bélgica, Italia y China. Hubo hasta quienes se apresuraron a asegurar que la “Era Schumacher” había llegado a su fin…. ¡Que inocentes! Gústenos o no el piloto alemán, resulta poco objetivo, e incluso hasta mezquino, querer desconocer las enormes habilidades conductivas de la superestrella de Ferrari. No me canso de repetir que, kilo por kilo, Schumacher es el piloto más rápido y con más oficio de todos los que conforman la parrilla de salida de la Fórmula 1 desde la época del tristemente desaparecido Ayrton Senna para acá. Poseedor de un talento natural que ha ido in crescendo carrera tras carrera, temporada tras temporada, producto de una disciplina y un profesionalismo a toda prueba, se ha permitido madurar hasta alcanzar esa llamada “difícil facilidad” que solo muy escasos volantes han podido demostrar sobre la pista a través de la historia. Lo que pasa con “Schumi” es que, además de ser un piloto fuera de serie, tiene a su disposición todos los elementos necesarios que le permiten desarrollar al máximo su enorme potencial hasta convertirle en un verdadero pulverizador de records: Maneja el monoplaza más rápido y más confiable de los últimos años, cuenta con un equipo hecho a su medida, que ha resultado ser el más acertado a la hora de planificar estrategias de carrera así como el más eficiente al momento de atenderle en los pits y, para rematar, tiene una suerte gigantesca, del tamaño de una catedral. La llamada suerte del campeón. Igualmente sería egoísta decir que esa buena fortuna de la que goza le vino de gratis, como caída del cielo. Nada más distante de la verdad que hacer una afirmación de ese tipo. Ya que la suerte suele acompañar de la mano al que más persevera, al que más trabaja y al que se prepara mejor que los demás…así como también al que sabe rodearse de la gente más idónea y competente. ¿Es que acaso es algo objetable, por no decir malo, buscar afanosamente el entorno más favorable para la efectiva consecución de las metas trazadas? Simplemente no lo creo, porque así es como sucede con los verdaderos triunfadores. “Botones” de muestra los hay en todas las disciplinas, ya que esta es una realidad que no solo se circunscribe al ámbito deportivo. El problema con toda esta situación, tan ventajosa tanto al piloto germano como para la Ferrari, es que desde el punto de vista del espectáculo en general, que no para los fanáticos empedernidos de la divisa del cavallino rampante para quienes las cosas están perfectas tal como están, la competitividad sale sobrando y , por ende, ya no ofrece la incertidumbre de quién podría ser el ganador, no digo de la temporada, sino de una que otra carrera. Desde que arrancó la aplanadora “FERRACHER” a llevarse por delante cuantas poles positions, grandes premios, vueltas rápidas, campeonatos mundiales y records que se atraviesen en su camino, para el beneplácito y mayor regodeo de sus incontables tifosi en todo el planeta, resulta que para los que verdaderamente amamos la competencia árdua y reñida, nos hemos tenido que ir conformando cada vez más con aspectos tan secundarios tales como qué escudería le escoltará en la tabla de constructores con sopotocientos puntos de diferencia, o cuál piloto ocupará la tercera posición detrás de los dos volantes que visten la braga roja. No es que nos opongamos a los sucesivos triunfos del referido binómio. ¡No y mil veces no! Ya que a finales de la década de los ochenta y a comienzos de los noventa, en la época de esplendor de la McLaren-Honda, cuando contaban con los servicios de, nada más y nada menos, que del brasilero Ayrton Senna y del francés Alain Prost, quienes se hartaron de ganar todo lo que había que ganarse y de alcanzar todo lo que había por alcanzarse dentro de la categoría máxima del automovilismo, se creó una rivalidad tan grande entre ambos pilotos que nos mantuvo a todos, ferraristas incluidos, en vilo y a la expectativa hasta la última carrera de la temporada. Precisamente en Japón, se decidieron dos títulos mundiales con sendos accidentes protagonizados por “El Magic” y “El Profesor”. Llegaron a ser los más enconados adversarios, tanto en la pista como fuera de ella, a pesar de formar pareja dentro del equipo de Ron Dennis, quien al permitirles batallar a sus anchas en pos del título, nos brindó a los aficionados un auténtico atracón de verdadera y emocionante competitividad que ahora nos resulta como algo raro o ajeno en la Fórmula 1 actual.
Cambiemos de tema pero no de apellido. A veces un golpe que sirve para descomponer algo, también puede servir para recomponerlo de nuevo. Ese pareciera ser el caso del menor de la dinastía Schumacher. Ralf se había vuelto el blanco de agrias críticas por sus inconsistentes actuaciones tras su primer percance de gravedad, sufrido la temporada anterior en Monza. Resulta que ahora, casi un año después, aparentemente el segundo incidente, acaecido en el Gran Premio de Estados Unidos, sirvió para devolverle el “sitio” perdido al piloto de BMW-Williams. Ralf estuvo grande y, al igual que su hermano mayor, personalmente se ocupó de acallar a sus detractores. Con su merecido segundo lugar demostró que, aunque se le fracturaron dos vertebras de la columna, su motivación sigue intacta y sin sufrir mella alguna tras el “mamonazo” que se dio en el legendario óvalo de Indianapolis. También dejó por sentado que quiere dejar a su actual equipo saliendo gallardo y por la puerta grande antes de irse el año que viene a la Toyota Racing. El equipo BAR-Honda hizo valer su cualidad de coanfitriones, por aquello de los motores japoneses, para dejar casi sentenciado el subcampeonato de constructores a su favor, tras un nuevo y fallido intento de la casa Renault de desbancarles de la segunda casilla. La estrategia de Jenson Button de ir a dos paradas en pits, nuevamente le rindió mayores dividendos que la de su colega, el local Takuma Sato, quien optó por tres visitas. Ambos pilotos estuvieron bastante bien y, con sus respectivos tercero y cuarto puestos, sacaron la tarea de afianzar al team británico por encima de l’equipe francés.
Resulta curioso que Alonzo, Raikkonen y Montoya, quienes ocuparon en la parrilla de largada las casillas 11, 12 y 13, respectivamente, remontaran seis posiciones cada uno, para llegar a la meta 5, 6 y 7 en el mismo orden en que salieron, con el español por delante del finlandés y del colombiano, a pesar de haber peleado y pasarse en carrera. Precisamente, la actuación de Ralf sirvió de parámetro comparativo para evaluar lo que fue otra carrera desangelada de un Montoya que, aun y cuando supo sobreponerse a una mala posición en la grilla de salida, cada día nos luce más apático y como harto de la presente temporada. En esta oportunidad no podía excusarse del poco rendimiento del carro, ya que este lució mucho más en manos del alemán que en las suyas. El bogotano debe estar bastante ansioso de que llegue el Gran Premio de Brasil, no por la carrera en sí misma, sino porque es la última del año y él no ve la hora de comenzar una nueva etapa con la McLaren-Mercedes, para ver si con esta escudería consigue lo que no pudo con la de Sir Frank Williams. Ahora bien, que Juan Pablo esté atravesando por un slump, como se dice en términos beisbolísticos, no quiere decir que el potencial no esté allí latente. Agazapado, pero al acecho. Dormido, pero con un ojo abierto. Razón por la que hay que tenerle paciencia al neogranadino, a quien por cierto buena falta que le está haciendo uno que otro consejito en cuanto al manejo de su imagen, porque la verdad es que es una verdadera “chupetica de ajo”, al que cada vez nos cuesta más apoyar, por más latinoamericano que sea. Hubo una maniobra de Montoya en la que, buscando desesperadamente adelantar al Toyota del italiano Jarno Trulli, alargó la frenada al final de la recta antes de la chicana Casio, pero entró a la misma muy pasado y perdió dos posiciones con respecto a Barrichello y Fisichella, quienes aprovecharon para pescar en río revuelto. Como dice el refrán: Juan Pablo fue por lana y salió trasquilado. Nuevamente Giancarlo Fisichella lográ arañar un puntico más para para el equipo Sauber-Petronas, ocupando el octavo lugar, último de los que premian con puntos en el casillero. Pero si “Físico” estuvo bien, ¿qué podemos decir de Massa? A “Felipinho” le toco en esta oportunidad salir desde el sótano de la formación de salida, por detrás de los Minardis. No obstante este inconveniente, supo colarse y remontar desenfrenadamente posiciones para llegar noveno, detrás de su más experimentado compañero dentro del equipo suizo, pero por delante de los dos pilotos envueltos en el último melodrama de la Renault: El entrante Villeneuve (10) y al que su paisano Flavio no titubeó en mostrarle la puerta de salida, Jarno Trulli (11). En cuanto al retorno del piloto de Pescara a las competencia con el equipo Toyota Racing, hay que destacar que por buena parte de la carrera Trulli estuvo haciendo una labor de excelso taponero. Tras su huella, un apretado rosario de monoplazas de diferentes equipos pugnaba por posiciones. Luego vendrían las paradas en pits y Jarno se toparía de frente, de manera anticipada, con la misma realidad con que en su momento se toparon Mika Salo y Alan McNish, seguidos de Olivier Panis, Cristiano Da Mata y Ricardo Zonta y que, probablemente, también le tocará enfrentar tanto a él como a Ralf Schumacher el año entrante: La poca competitividad del Toyota. Aunque realmente espero estar bien equivocado en cuanto a este pronóstico, en aras de una lucha más cerrada entre los equipos en el futuro más inmediato posible Por estar las cámaras más que pendientes de las peripecias de Takuma con su casco, fue una verdadera lástima el hecho de que los telespectadores nunca nos enteráramos de qué fue lo que pasó con Rubens Barrichello y David Coulthard, quienes venían haciendo una muy buena carrera antes del choque que motivó el abandono de los dos pilotos más caballerosos de la Fórmula 1. Con algunas pequeñas variantes, el brasilero y su colega escocés son muy parecidos tanto en sus desempeños como en sus respectivas actitudes. Ambos se excusaron mutuamente de la manera más educada posible y los dos todos los años comienzan amenazando que esta sí será efectivamente su temporada. “Rubinho” siempre asegura que batirá a Schumacher; y David, por su parte, ahora está diciendo que se merece un puesto el año que viene porque fue capaz de quedar por delante de Kimi en la parrilla de salida de Japón, hazaña que debería ser tomada en cuenta por algún equipo grande para la campaña entrante….¡Yaaaa! Los dos están como el cuento del lobo, que ya nadie se lo cree. Triste despedida la de Olivier Panis. El veterano francés sale de la pareja oficial de pilotos de Toyota Racing cediendo su butaca al brasilero Ricardo Zonta, a fin de que este pueda correr en el Gran Premio de su país. Merecido premio para el de Curitiba, tras sus sorprendentes desempeños a lo largo de la temporada como piloto probador, pero lamentable desenlace para el ganador del Gran Premio de Mónaco del año 96, el único que ganara a lo largo de su dilatada carrera en la Fórmula 1. Una trayectoria de once años para el lyones, quien se iniciara con Ligier en 1994, brindándole su última victoria al equipo galo precisamente en las intrincadas calles de Montecarlo. Cuando en 1997 esta divisa desaparece para darle paso a Prost Grand Prix, Olivier se mantuvo dentro de la nueva alineación, sufriendo un terrible accidente en el Gran Premio de Canadá de ese mismo año, fracturándose ambas piernas. Luego de un doloroso proceso de recuperación, Panis continúa bajo la tutela de Alain Prost hasta finalizar la temporada 1999, cuando anunció su deseo de abandonar el fallido proyecto de “El Profesor” de crear un equipo netamente francés capaz de ganar títulos mundiales. Cuando parecía que su carrera llegaba prematuramente a su fin, ya que no tenía contrato para la campaña del 2000, la escudería McLaren-Mercedes le ofrece el puesto de piloto probador, donde estuvo por un año logrando desempeños notables. Esto le valió para que la recién creada divisa BAR-Honda le contratara para hacer pareja con el canadiense Jacques Villeneuve durante las temporadas 2001 y 2002, en lo que fue un período aciago de muchas penas y ninguna gloria. Hasta que es llamado por Toyota Racing en el 2003, donde continuaría su calvario hasta el pasado Gran Premio de Japón. Lo más penoso de todo, es que en esta última carrera, antes de pasar nuevamente a ejercer funciones de piloto probador dentro del equipo nipón, Olivier no pudo superar en ninguna de las dos pruebas libres, ni en la clasificación, ni tampoco en la competencia final a la nueva adquisición de la escudería y por quien precisamente le reemplazarán el año entrante: Jarno Trulli, su excompañero en la Prost-Peugeot, quien escasamente apenas había probado con el TF-104B. Decepcionante epílogo de lo que fuera un talento muy prometedor, pero que nunca tuvo a su disposición una máquina de punta que le permitiera demostrar todo su potencial, aunado a una mala suerte que siempre le siguió como su sombra….incluso a más de 300 kilómetros por hora. ¡C’est tout mes amis et adieu Olivier! Y para concluir, Mark Webber. El australiano, al colarse tercero en la pole position, dio el que tal vez sea el zarpazo postrero del Jaguar, equipo de incierto futuro que no pudo darle en carrera un automóvil competitivo a este talentoso piloto, quien se quedaba casi clavado al momento de apagarse el semáforo en Suzuka. De fiera peligrosa pasaron a minino doméstico y capado en cuestión de escasos momentos. Todo ello en detrimento de las gestiones tendientes a la venta y posible continuidad de esos auténticos “Garfields” que tanto entusiamo despertaron al principio.
Caracas, 19 de Octubre de 2004.
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