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Ahora bien, no se me desanimen, ya que los verdaderos aficionados, que no los espectadores ocasionales, siempre conseguiremos los más rebuscados motivos para presenciar una carrera de Fórmula 1, aunque nos toque trasnocharnos como será el caso en esta oportunidad en que se corre en el otro lado del mundo. Esas son cosas que solamente nosotros entendemos, ¿cierto? Cabe señalar que la pelea por el subcampeonato de constructores luce tanto más interesante, por cuanto ninguna de las dos escuderías aspirantes, BAR-Honda y Renault, eran las llamadas a ocupar dicha posición en la tabla a comienzos de temporada. En base a los resultados de la campaña anterior, se apostaba con fuerza por la BMW-Williams y a la McLaren-Mercedes para disputarle el puesto de honor a la Ferrari, máxime cuando el año pasado estuvo signado por una mayor competitividad tanto en el Campeonato de Pilotos como en el de Constructores, precisamente porque ambas divisas le habían ido descontando ventaja a la casa de Maranello y porque se esperaba que continuaran con ese mismo ritmo durante la pretemporada invernal…. Peeero, al llegar a la carrera inaugural en Australia, los equipos anglo-germanos demostraron que no fueron tan diligentes ni tan aplicados en sus respectivas tareas, como efectivamente sí lo fueron sus homólogos italianos. En cuanto a la casa francesa Renault, esta apenas aparecía como un equipo emergente, capaz de ganar una que otra carrera en algún circuito que particularmente favoreciera las bondades de su formidable chasis, tal como sucediera con el sorpresivo triunfo del asturiano Fernando Alonzo en el Gran Premio de Hungría del 2003, así como también en casos de percances o abandonos por parte de las grandes escuderías. ¡C´est tout! Si esto sucedía con la Renault, ¿qué cabía esperar de la BAR-Honda luego de todos los traspiés que había dado la divisa emblemática de la tabacalera desde su ingreso a la categoría? ¡Absolutamente nada! Que ninguno me venga con el cuentico de que yo te lo dije. Porque nadie apostaba un medio picado por la mitad a una escudería que lo que había hecho era dar erráticos pasitos a tientas con aquellos carros llenos de apéndices aerodinámicos en forma de alerones, aleroncitos y aletitas de todos los tipos, modelos y tamaños de las temporadas anteriores que, precisamente, buscaban corregir los enormes defectos de un chasis a todas luces indócil e inmanejable desde su concepción primaria en la computadora del diseñador en jefe del equipo británico. Pero de tantos ensayos y errores algo bueno tenía que salir y, afortunadamente, así sucedió este año. El nuevo modelo 006 de la BAR ha sido una verdadera revelación, sobretodo porque el cambio experimentado ha sido drástico, del cielo a la tierra. Tanto así, que lucen como los más serios aspirantes a quedarse con el subcampeonato, contando con nueve puntos de ventaja sobre sus más cercanos seguidores, la Renault, cuando apenas restan dos carreras para el final de la temporada. Claro está, que ayudaría mucho que Takuma Sato, “El Kamikaze de la Fórmula 1”, no funda por enésima vez, y por lo menos no en su carrera en casa, otro de los motores fabricados por la Honda, cuyos ingenieros tiemblan cada vez que su paisano aprieta el acelerador con su, ya desafortunadamente famoso, pié de plomo. ¡Taku e chiquito.. pelo podeloso!
Otro que necesariamente tendrá que salir a luchar a brazo partido, si es que quiere mantenerse en la cresta de la ola, es su compañero Rubens Barrichello. En la actualidad el piloto paulista está atravesando el momento cumbre de su dilatada trayectoria en el automovilismo. “Rubinho” ha logrado alzarse con sendos triunfos, conseguidos al hilo y en carreras tan importantes como el Gran Premio de Italia, en el legendario Autodromo Nazionale di Monza y en medio del delirio colectivo de decenas de miles tifosi de la Ferrari que le vitorearon a todo pulmón y con el corazón en la mano; para luego extender su buena racha al novísimo Circuito Internacional de Shangai, escenario del Gran Premio de China, donde se ganó a pulso, pero con autoridad, el honor de que su nombre fuera inscrito, en dorados caracteres del alfabeto mandarín, en la primera página del Libro de Records que recién se aperturaba tras su gran actuación. A Barrichello se le presenta en Japón la oportunidad de oro para ratificar en la pista lo que en recurrentes declaraciones ha repetido hasta el cansancio año tras año, temporada tras temporada: Su capacidad de batir a Michael Schumacher en carrera y disputarle el título mundial. Aunque ya sea tarde para impedir que el volante alemán agregara una nueva rayita y otra estrella a su gorra roja de campeón, nunca lo será para tratar de arrancarse de la suya esa etiqueta de piloto escudero y segundón que Rubens mismo aceptó lucir desde el tristemente recordado Gran Premio de Austria de 2002, cuando le tocó regalarle en bandeja de plata a su coequipero la que, con toda seguridad, pudo ser su segunda victoria en la categoría. ¡Ya está bueno de seguir interpretando el papelito de Sancho Panza! ¡Basta con eso de ser cola de león!! Eso sí, habrá que estar con la mirada atenta para ver si, ahora que “Rubinho” logró asegurar el sucampeonato de pilotos, los mecánicos y las asistencias en los pits del equipo italiano son capaces de mostrarse tan solícitos y eficientes como lo fueron en la carrera china con el brasilero. Será interesante evaluar si realmente priva la imparcialidad y sobra el favoritismo en el seno de la Scuderia o, si por el contrario, vuelven a sus andanzas de costumbre, brindándole un trato preferencial a “Schumi” en detrimento de aquel. Todo en aras de esa mayúscula estupidez que se conoce como “ordenes de equipo” y que tanto daño han acarreado tanto al espectáculo mismo como al deporte en general. Obscuras prácticas en las que se han prodigado hasta la saciedad Jean Todt y su combo del Cavallino Rampante, a fin de mantener contento al “bambino” consentido de la casa de Maranello, cuyo nombre no repito pero todos conocen. A buen entendedor…. Ahora bien, independientemente del aplastante dominio ejercido por parte de los “Ferrari Boys”, hay que admitir que el espectáculo ha venido de menos a más en las postrimerías de la presente temporada. Después de una campaña signada en su mayoría por carreras que resultaban auténticas procesiones, donde los adelantamientos brillaban por su ausencia y el ganador se sabía de antemano, debo reconocer que, una vez cumplido el siempre tedioso Gran Premio de Hungría en el no menos poco excitante Hungaroring, le han seguido tres carreras que han servido para renovar las esperanzas y desentumecer un poco el ánimo de los aficionados quienes ya prácticamente habían perdido la fe en una Fórmula 1 verdaderamente competitiva. La reincorporación del Gran Premio de Bélgica al Calendario Oficial de la Temporada 2004, tras un año sabático impuesto por los tejemanejes comerciales del omnipresente y siempre bellaco Bernie Ecclestone, volver a contar con el tradicional y siempre cautivante escenario que nos ofrece el circuito interurbano de Spa-Francorchamps, con su temida curva de Eau Rouge y su recién modificada chicana de la Parada de Autobús, ya constituye de por si un valor agregado que los amantes de esta disciplina deportiva agradecemos de todo corazón, en la certeza de que en la pista que discurre entre el bosque de Las Ardennas, las competencias difícilmente nos harán bostezar. Aun y cuando a Michael Schumacher le bastó con llegar en segunda posición, algo totalmente inconcebible para él, la última edición del Gran Premio de Bélgica sirvió de marco para que este alcanzara su más que merecido Séptimo Título Mundial de Pilotos. No obstante este hecho, que decantaba a favor del as germano dicho campeonato y cortaba de plano las más caras aspiraciones de sus rivales, la carrera en Spa sirvió para devolvernos esa extraviada sensación de aire fresco que deseperadamente necesitaba la actual temporada. Al final de la competencia nos permitimos ver a otro piloto, a una cara diferente celebrando en lo más alto del podio, en este caso la del “Hombre de Hielo”, Kimi Raikkonen, quien congelaba las intenciones triunfalistas de Schumacher de apropiarse del título ganando además la carrera. El halo de invencibilidad del germano llegaba a su fin y se acababa con una impresionante racha de doce (12) aplastantes victorias a favor del recién ratificado campeón, únicamente interrumpida por un polémico accidente con Juan Pablo Montoya, ocurrido dentro del túnel de Montecarlo, que le otorgaba a Jarno Trulli el honor de “heredar” un triunfo en el diminuto Principado. Sin querer desmerecer lo conseguido en Mónaco por el piloto italiano de la Renault, lo que quiero es destacar la hazaña del helado Kimi, quien sí pudo ganar su carrera con “Schumi” aún participando en la misma. Efectivamente las cosas han cambiado para mejor después de Bélgica. Porque a pesar de la consagración de la Ferrari en el Gran Premio de Italia, donde la Scuderia volvía a poner las cosas en su sitio, esta vez no sería producto de una nueva y monótona procesión favorable solamente a ellos. No, en esta oportunidad no la tuvieron nada fácil los favoritos indiscutidos de los tifosi que plenaban todos los espacios del mítico circuito de Monza. Luego de algunos contratiempos como el incidente que en la segunda chicana, la variante Roggia, protagonizó Schumacher al dar un trompo que terminó relegándole a las posiciones finales antes de cumplirse la primera vuelta; para luego sumarse el de la torpe escogencia de neumáticos intermedios por parte de Barrichello, error que le obligaría a una parada totalmente extemporánea que le hiciera perder la punta de la carrera, se presagiaba un final nada favorable para ambos pilotos de la Ferrari que corrían en su propio predio. No obstante ello, la lucidez mental de ese estratega en que indudablemente de ha convertido su Director Técnico, Ross Brawn, aunado a una feroz remontada por parte de sus pilotos, quienes a fuerza de muchas vueltas rápidas consecutivas, así como también gracias a un milimétrico trabajo de los mecánicos en los pits, les permitió cosechar un nuevo doblete, tal vez más apreciado que todos los anteriores, precisamente por lo cuesta arriba que lucía la tarea luego del primer tercio de la competencia, la cual tuvo que esperar hasta los giros finales para decidirse con tan feliz desenlace a favor de un pletórico“Rubinho”, quien conseguía su tan ansiada primera victoria de la Temporada y, al igual que Raikkonen en Bélgica, con Schumacher en carrera arribando segundo al banderazo a cuadros. Excelente demostración de lo que es el trabajo en equipo. Una vez más: ¡Auguri ferraristi! En esa misma tónica de emoción continuaría la acción en el Gran Premio de China, donde por segunda vez consecutiva Barrichello fue el catire de la película, recordándole a la divisa de Maranello que pueden contar plenamente con él en caso de que Schumacher sufra algún revés en su desempeño, siempre y cuando el equipo le brinde la debida atención.
No me resta sino decirles “arigato” por su enorme paciencia y “sayonara” hasta después de la carrera. Caracas, 06 de Octubre de 2004.
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