“ TEMPORADA 2006: de – a + ”
  PARTE I: El Grandioso premio de Hungría.
  Por: Andrés Ignacio Fortique Schmidke.

Lo que son las cosas del deporte, sobretodo de la categoría máxima del automovilismo mundial: La Fórmula 1. Cuando uno menos se lo espera, viene y sucede algo que nos toma totalmente por sorpresa devolviéndonos la esperanza y nos sube la fiebre.

Tras lo que hasta entonces venía discurriendo como una temporada anodina y muy mezquina en cuanto a depararnos vibrantes emociones, aun y cuando la lucha tanto por el título de pilotos como por el de constructores estaba aun abierta, llegábamos al Gran Premio de Hungría, esperando ser testigos de otra soporífera procesión más, de otra tediosa carrera de esas a que el Hungaroring ya nos tiene más que acostumbrados….

Si nos fijáramos únicamente en los numeritos que ha arrojado esta temporada, pareciera que la competencia está mucho mejor y más cerrada que en años anteriores. Antes de la cita húngara veíamos a Fernando Alonso alzarse con 6 victorias y a Michael Schumacher responderle con 5 triunfos. El defensor del título comandaba el casillero con 100 puntos por 89 de su más experimentado y enconado rival. Apenas 11 tantos separaban al campeón hispano del plusmarquista alemán. En cuanto a los equipos, también se podía apreciar una escasa diferencia de 10 puntos a favor de Renault (149) con respecto a la Ferrari (139). Ni el volante español, ni la casa francesa del rombo contaban con una cómoda ventaja que les permitiera ser conservadores y jugar con los resultados y las probabilidades. Pero lo más preocupante era que el binomio “FERRACHER” venía apretando fuerte el acelerador, buscando desbancarles del tope de ambas clasificaciones. Desde un enfoque tan simplista, es menester que todos coincidamos en que obviamente estamos en presencia de una gran temporada. Pero viendo el panorama con mayor detenimiento sucede que la realidad era otra. Ni es tan bonita la novia, ni era tan bueno el muerto.

Y es que las frías cifras no muestran sino apenas uno de los tantos matices que pueden colorear a la obra, sin mostrar la perspectiva de la pintura completa. Porque en lo que se refiere a momentos de auténtica emoción, tales como apretados adelantamientos, maniobras espectaculares y encarnizados duelos sobre el asfalto, la verdad es que lo que debía ser un cuadro imponente no pasó de ser un escueto boceto de lo que tanto aspiramos los amantes del automovilismo deportivo: La competitividad.

Tal aseveración responde al ya manido libreto de las actuales carreras, en las que la única manera de ganarle la posición al competidor que le precede es mediante el ajedrez en que se ha convertido las estrategias de paradas en pits. El piloto con más méritos será el que sea capaz de dar varias vueltas rápidas, buscando arañar algunas fracciones de segundo al cronómetro, mientras su rival entra a reabastecerse de combustible y sustituir sus cauchos, para que, llegado el momento de hacer lo propio, pueda contar con ese escaso margen de tiempo que le permita salir por delante del contrario. Claro está, que en ese momento el piloto y el cumplimiento efectivo del plan trazado dependerá de lo diligente y precisos que se muestren los mecánicos que le asisten. Pulcras y brillantes estrategias que le han restado lucimiento a las carreras en las que nadie pasa a alguien en la pista. De las doce competencias disputadas antes de la de Hungría, tan solo los Grandes Premios de Australia y de Mónaco se salvaron del aburrimiento y los bostezos.

Y, precisamente, aburrimiento y bostezos esperábamos para esa décima tercera carrera válida del Campeonato Mundial, máxime con un número tan pavoso como el 13 y con un circuito tan revirado como el húngaro, donde las posibilidades de adelantamiento son prácticamente nulas. Sin embargo, las condiciones climáticas variantes serían las causantes del completo y afortunado giro que tomaron los acontecimientos que terminaron por romper con la reinante monotonía, permitiéndonos disfrutar de lo que ha sido la mejor y más espectacular carrera de los últimos años.

Paradójicamente, en esta oportunidad, el Hungaroring sería el escenario donde, desde el mismo instante en que se apagaron las luces del semáforo que daba inicio a la competencia hasta que cayó el banderazo a cuadros, presenciamos una impresionante compilación de buenos momentos, de esos que nos mantienen en vilo y con el corazón acelerado. Maniobras sensacionales, ajustados pases, aparatosos accidentes, estupendas remontadas, en fin, todas esas cosas de las que, precisamente, habían carecido las carreras anteriores, no decayendo la emoción en ningún momento a lo largo de las 70 vueltas a que estaba pautada la competencia.

Sin querer hacer un recuento vuelta a vuelta, puesto que no es mi propósito hacer una crónica detallada de la carrera, no quiero dejar pasar por debajo de la mesa lo que considero lo más relevante de tan atípica competencia: Primero que todo, la lluvia. La pista mojada durante la mayor parte de la carrera fue un factor determinante para como se desenvolvieron los hechos sobre la misma. El agua fue el catalizador que permitió ver las grandes habilidades conductivas del as ibérico, Don Fernando Alonso, quien partiendo desde la casilla 15, remontó como solo pocos pueden hacerlo, dando un auténtico recital de buen manejo hasta que la mala fortuna se cebó sobre el Hijo Predilecto de Asturias y de la España toda. Una verdadera pena que tan magnifica actuación no cristalizara en lo que hubiera sido un merecidísimo podio para “Nando”. Y, expresamente, digo podio en vez de triunfo, porque justo unos instantes antes del incidente que le obligara a abandonar, ya Jenson Button le había ganado la punta de la carrera.

Quiero hacer hincapié en esto, ya que algunos han querido hacer ver que el piloto ingles heredó la que ha sido su primera victoria en la categoría tras el retiro forzoso del español. Cuando el piloto de Renault se disponía a salir del área de los pits tras su segunda parada, ya el Honda del británico se había tragado la recta principal y tomaba la primera curva. La trepada a lo más alto del podio por parte de Button fue con todas las de la ley. A Jenson nadie le regaló nada. Sobretodo si se toma en cuenta que también él tomó la salida bien retrazado en la parrilla de largada, desde la casilla 14. Con ello protagonizó la victoria acompañada de la mayor remontada en la historia del Gran Premio de Hungría, superando lo conseguido por su paisano Nigel Mansell en la edición del año 1989, cuando el siempre batallador y muy recordado “León Ingles” se devoró a todos sus rivales luego de partir en la duodécima posición.

Michael Schumacher, por su parte, desaprovechó todas las oportunidades que Alonso le sirviera en bandeja de plata para descontarle un buen número de puntos en el duelo que ambos vienen librando por el título de pilotos. Primero que todo, los comisarios húngaros ya habían impuesto a Fernando una sanción de dos segundos adicionales al crono que este consiguiera al día siguiente en la prueba clasificatoria, por dos incidentes en pista ocasionados por el hispano durante los entrenamientos oficiales del viernes. Ello permitía al “Barón Rojo” buscar interponer la mayor cantidad de autos posible entre su Ferrari y el Renault de su rival en la formación de salida. Pero sucede que Michael cometió el error de adelantar a un par de autos bajo régimen de bandera roja en las pruebas matutinas del sábado, pecadillo este que le acarreo una penalización igual a la de Alonso, con lo que lamentablemente perdía el beneficio del regalito involuntario que le había dado su contrincante.

Ya en carrera, tras el ya comentado retiro de Alonso y con una pista que comenzaba a secarse, el heptacampeón ocupaba la segunda plaza cuando erróneamente decidió irse hasta el banderazo a cuadros con unos neumáticos completamente desgastados que le hacían perder varios segundos por vuelta con respecto a sus más cercanos seguidores. En su afán de encaramarse en el podio a como diera lugar, “Schumi” desesperadamente se enfrascó en sendos e infructuosos duelos, primero con el español Pedro De La Rosa de McLaren-Mercedes, y luego con su paisano Nick Heidfeld de BMW-Sauber, con el que tuvo un encontronazo que terminaría por dañar la suspensión de su Ferrari a escasas dos vueltas para el final de la competencia.

Al siempre tenaz y competitivo volante germano le faltó la frialdad para valorar las limitaciones que le imponían sus cauchos y, en vez sacrificar 3 puntos en aras de sumar los 5 que otorgan al cuarto lugar en el que hubiera arribado de no haberse arriesgado al toque con “Quick Nick”, con lo cual se hubiera puesto a tan solo 6 tantos de diferencia con respecto a Alonso, se las jugó todas con el consiguiente retiro que lo dejaría tal y como comenzó la carrera, con 11 por detrás del asturiano. Pero las palabras sacrificio y conformismo no existen en el vocabulario de Michael Schumacher, a menos que el que se inmole sea su compañero de escudería en beneficio de él. Definitivamente el piloto alemán desconoce el refrán que aconseja “que a veces perdiendo también se gana”.

Pero no todo fue adverso para la estrella de Ferrari, ya que recibió su premio de consolación al capitalizar un puntito tras la descalificación del octavo clasificado en la competencia, el debutante Robert Kubica, razón por la que Schumacher, a quien siempre acompaña la llamada suerte del campeón, pudo sumar aunque fuera ese único punto a su causa personal de obtener su octavo título. ¡Peor es nada!. Por cierto, Kubica reemplazaba a Jacques Villeneuve, recién cesanteado de las filas de BMW-Sauber, convirtiéndose en el primer piloto de nacionalidad polaca en participar en un Gran Premio de Fórmula 1. A pesar de la penalización que le impusieran al de Cracovia, su estreno en carrera lo completó en gran forma, porque aun y cuando su monoplaza no pasó el escrutinio de los comisarios, fue porque sus neumáticos estaban ya desechos y en la lona, razón por la que posteriormente encontraron que el auto llegó al parque cerrado por debajo del peso mínimo reglamentario.

Siempre será bueno para el espectáculo ver caras nuevas en el podio y que exista alternatividad de pilotos en los escasos tres peldaños que lo conforman. Incluso en este aspecto, la carrera magiar rompía el molde y, hablando en términos hípicos, se convertía en un auténtico batacazo en el que no hubo cuadros con seis. Para muestra un “Button”. A Jenson le tomaría 113 participaciones en Grandes Premios para poder subir al escalón más elevado, tras una épica competencia que en mucho nos recordó el que también fuera el primer triunfo en la categoría del brasilero Rubens Barrichello en el Gran Premio de Alemania de 2000.

Y a pesar de que esta vez no fueron ni Alonso ni Schumacher quienes flanquearan al joven ingles en la foto, sí que hubo otro español y otro alemán completando el trío: Pedro De La Rosa, quien conseguía su primera visita al podio, y Nick Heidfeld, quien aun y cuando contaba con 4 descorches de champaña previos en su palmarés, con un par de segundos lugares conseguidos en Mónaco y Nurburgring el año pasado con Williams como sus mejores figuraciones, tampoco es uno de los rostros habituales en el podio.

Ahora bien, independientemente de lo maravillosa que haya sido la carrera de este año en el Hungaroring, sigo considerándole como uno de los peores circuitos entre los que celebran competencias de Fórmula 1. Sumamente lento, demasiado sinuoso, con una pista muy estrecha y con un pavimento que siempre está polvoriento, esta instalación más se asemeja a una gran pista de karts que a un verdadero autodromo. Por todas estas razones es que me inclino a favor de que la válida que anualmente visita la población de Mogyoród sea sustituido por otro Gran Premio dentro del calendario oficial de la Federación Internacional de Automovilismo (F.I.A.), dando paso a nuevos y más competitivos circuitos, con trazados que permitan brindar un mejor espectáculo a los aficionados a esta veloz disciplina.

Y cuando la cosa comenzaba a ponerse buena, la Fórmula 1 entraba en un periodo de merecidas, pero obligadas, vacaciones de verano, en las que los equipos no estaban autorizados a realizar pruebas en ningún circuito, teniendo que limitarse a efectuar ensayos en simuladores y en túneles de viento para tratar de sacar algún desarrollo para cuando concluyera el forzoso receso. Comenzaba así la larga espera para la próxima cita del campeonato: El Gran Premio de Turquía.

Mientras tanto, todos a la playa, la montaña o el club.
 

Caracas, 11 de septiembre de 2006.
Por: Andrés Ignacio Fortique Schmidke.


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