“ALONSO: El Zorro del Desierto”
  Por: Andrés Ignacio Fortique Schmidke.

El Campeonato Mundial de la Fórmula 1 finalmente levantó el telón de la temporada 2006, dando por terminada la angustiosa espera de los millones de aficionados con que cuenta este deporte en todo el mundo. Esta vez no lo hizo en el tradicional Albert Park, escenario del Gran Premio de Australia, tal y como venía siendo costumbre desde 1996. Este año, ¡y sólo por este año!, debido a la coincidencia de fechas de los XVIII Juegos de la Commonwealth en la ciudad de Melbourne con la del calendario oficial aprobado por la Federación Internacional de Automovilismo (F.I.A.), el gigante país oceánico cedía la primera carrera válida, la que sube la santamaria de la presente campaña, al reino de Bahrein en el Medio Oriente.

En medio de las dunas del desierto de esta isla del Golfo Pérsico, con sus tormentas de arena y el sofocante calor seco de Manama, se erige el monumental Circuito Internacional de Bahrein, otra fastuosa obra producto del ingenio del arquitecto alemán Hermann Tilke, quien se apuntaba otro tanto a favor luego de diseñar el trazado de Sepang, en Malasia, al que seguirían este de Sakhir, el de Shanghai en China y el de Estambul en Turquía, entre otros.

Ya en la edición del año 2004, cuando apenas debutaba esta competencia dentro del calendario de la Fórmula 1, la carrera se llevaría el galardón al “Gran Premio Mejor Organizado del Año”, lo cual denota claramente la capacidad de preparar grandes eventos por parte de esta diminuta nación, que entonces se convertía en el vigésimo cuarto país en albergar un Grand Prix de la máxima categoría del automovilismo deportivo mundial.

Independientemente de que tanto el trazado en sí como el resto del complejo de instalaciones sean apoteósicos, creo que a este circuito le resta por realizar un gran trabajo ornamental, tales como la construcción de fuentes, sembrar mucho más grama así como una gran cantidad de palmeras y otras plantas exóticas en sus zonas internas y en sus inmediaciones. En fin, no le vendría nada mal un poco de paisajismo que busque brindarnos la sensación de estar en un paradisíaco oasis en medio del yermo desierto.

Precisamente, esa condición desértica constituye uno de los mayores inconvenientes que tienen que sortear los miembros de los equipos participantes. Debido a que la pista está rodeada de grandes espacios abiertos, los pilotos no cuentan con las usuales señales de referencia que son tan útiles para familiarizarse con el trazado, tales como los puntos de frenado de cada curva. Igualmente, lo sucio del pavimento hace que su superficie no cuente con el debido agarre, razón por la cual los corredores deben buscar mantener sus bólidos dentro de la línea de carrera donde la adherencia es mayor.

Pero aparte de estos inconvenientes, se suma uno aun mayor y más preocupante que aquellos, a pesar de no ser tan visible: La fina arenilla que puede colarse fácilmente en cualquier parte del auto. Prácticamente es una especie de baño de arena a presión, lo que se conoce en inglés como sandblast, que termina gradualmente por erosionar todas las superficies y por obstruir las finas celdas de los radiadores tras rodar una distancia considerable y, sobretodo, a tan altas velocidades. De las pistas donde se ha corrido una carrera de Fórmula 1, la que más se le asemeja en este aspecto es el circuito costero de Zandvoort, antiguo escenario del Gran Premio de Holanda.

A pesar de modificaciones realizadas el año pasado tendientes a minimizar este grave inconveniente, los ingenieros prestan especial atención tratando de impedir el paso de esa arenilla al motor, máxime cuando el reglamento actual establece que la vida útil de los mismos debe ser de dos carreras.

Como al comienzo de cualquier temporada, este año también había grandes expectativas. La mayor de todas era precisamente ver cuál escudería había hecho mejor su tarea durante la pretemporada invernal, y cuál había podido sacar mayor provecho de los drásticos cambios adoptados en las nuevas regulaciones para esta campaña. Todos estábamos ansiosos de apreciar, ya en carrera, si los tiempos registrados y las prestaciones alcanzadas en los entrenamientos libres realizados en diferentes circuitos se correspondían con los resultados luego de cumplirse las 57 vueltas a que estaba pautada la competencia.

Otra gran interrogante que flotaba en el ardiente viento de Sakhir era la efectividad del nuevo formato de clasificación por “knockout”, cuya finalidad fundamental es la tratar de recuperar la emoción que el anterior esquema le robara a la jornada sabatina de la pole position. A pesar de que considero que el sistema previo, de una sola vuelta lanzada, que apenas duró un par de años, era mucho más justo y equitativo para con todos los participantes que el actual, puesto que las llamadas escuderías “cenicientas” gozaban de la misma exposición televisiva que los grandes equipos, debo reconocer si ambages que esta novedad introducida por Mr. Mosley y su combo federativo, aun y con lo engorroso que en principio pueda parecer, brinda mayor entretenimiento para el público espectador. Al César lo que es del César. ¿Verdad Max?

Y ya que tocamos el punto del entretenimiento, desde el propio sábado comenzaba el show con un Michael Schumacher que, mostrando de nuevo la garra del gran competidor que es, se hacía de la primera posición de la parrilla de salida en una cerrada lucha contra su nuevo coequipero, el paulista Felipe Massa, igualando el record de pole positions que por años permanecía en poder del tristemente desaparecido Ayrton Senna, el siempre recordado “Magic”. Los bólidos escarlatas de Maranello copaban de nuevo los espacios de la primera fila de la formación de salida, rotundo éxito que no conseguían desde el Gran Premio de Hungría de 2004. La scuderia italiana, con su nuevo modelo 248 F1, pegaba primero y por partida doble buscando reencontrar la senda ganadora que extraviaron el año pasado.

Debo reconocer, sin ser un tifoso de la divisa del cavallino rampante, que me alegra mucho el hecho de verlos de nuevo en la contienda por los títulos en disputa. Ver a “Schumi” y a “Felipinho” con material que les permita buscar la victoria es algo que deberían agradecer todos los seguidores de esta disciplina, en aras de la competitividad a que todos aspiramos disfrutar, independientemente de nuestros gustos o preferencias. Igualmente también me place ver al equipo Honda emerger como una seria amenaza. Me parece estupendo que se sumen más escuderías a la refriega, en vez de ser nuevamente testigos de hegemonías absolutas por parte de un solo equipo o piloto que terminan por restar interés a cuanto suceda en la pista.

La nota discordante del sábado sería la rotura de la suspensión trasera del MP4-21 de Raikkonen. Al igual que el año pasado, continúan los problemas de confiabilidad del McLaren-Mercedes socavando el camino al título del glacial Kimi. Esperemos que lo sucedido en Sakhir con el finlandés no vaya a ser un mal recurrente por parte de la escuadra anglo-germana a lo largo de la actual temporada.

Llegado el domingo, el nuevo paladín del automovilismo ibérico, Fernando Alonso, estuvo en grande en esta primera batalla por la defensa del título de pilotos. El asturiano madrugó a un Jenson Button que se durmió al momento de apagarse las luces del semáforo, para luego soportar, estoicamente, la agresiva barrida a la derecha que le hiciera un impetuoso Massa que, a toda costa, buscaba defender su segunda posición tras la huella de su más experimentado compañero. “Nando” no cayó en provocaciones y supo aguardar, aunque muy poco, para dar el zarpazo con que desbancaría al brasilero apenas en la cuarta curva. Comenzando la octava vuelta, Alonso tuvo los reflejos necesarios para no estrellarse contra el misil rojo en que se había convertido el Ferrari, del aun más impetuoso Massa que, algo pasadito de frenada, trompeaba en la primera curva y a poco estuvo de llevarse consigo al español.

La carrera iría transcurriendo sin que hubiera cambios en la punta, manteniéndose Schumacher por delante de Alonso. Las vueltas se sucedían con el de las 7 barras en la gorra seguido por aquel que el año pasado truncara su seguidilla de títulos mundiales. El campeón saliente acosado por el campeón reinante. Mientras tanto, varias interesantes peleas por posiciones se libraban en medio del pelotón. Así se fueron los dos a la primera parada para reincorporase a la pista a ocupar los mismos lugares. Pero llegado el momento de la segunda visita a los pits, el alemán se vio obligado a hacerlo antes que el hispano quien, al mejor estilo de “Schumi”, aprovechó la vía despejada para dar tres vueltas adicionales a toda máquina, buscando ganar unas cuantas fracciones de segundo que le permitieran, llegado su turno de reabastecer combustible, salir por delante de Michael. La estrategia, que tantas veces funcionará a la perfección en manos del as germano, ahora rendía frutos al volante de Oviedo, quien le dio a Schumacher una cucharadita de su propia medicina al retornar a carrera con un escasísimo margen de diferencia, milímetros más, milímetros menos, que le permitió ganarle la posición al “Barón Rojo” para irse a recibir triunfante el banderazo a cuadros y ratificar su calidad de Campeón Mundial. ¡Bravo macho!

Ahora bien, aunque lo señalado anteriormente se puede calificar como el momento estelar de este Gran Premio, hay que acotar que este asunto de ganar puestos y hasta carreras, gracias a planificadas estrategias de paradas en pits, aun y cuando sea un recurso válido de la actual Fórmula 1, me mantiene aun más firme en mi posición de preferir mil veces al peor de los adelantamientos en pista a la mejor y más precisa, y hasta quirúrgica, parada que permita a un piloto superar a un rival sin realmente haberlo pasado nunca. Pero así son las carreras de carros….

Hay que hacer especial mención del carrerón que se mandó Kimi Raikkonen. Ni el hecho de ocupar la última casilla en la parrilla de largada, ni el calor reinante pudieron derretir la gran determinación del “Hombre de Hielo” quien, con una estrategia de una sola detención en pits, fue remontando posiciones, pasando a Raymundo y a todo el mundo, ¡apenas en la primera vuelta ya había rebasado a nueve rivales!, continuando con un ritmo arrollador que le llevó a colarse entre los que se subieron al podio. Merecidísimo tercer lugar con sabor a victoria para Kimi, quien ese día fue el hombre que supo imponerse a las circunstancias, por más desfavorables que estas fueran. Necesariamente surge la interrogante de lo que hubiera hecho el finlandés de haber partido desde una posición más acorde a las llamadas “flechas de plata”.

Y ya que tocamos el tema de la McLaren-Mercedes, también es menester poner la lupa sobre la actuación del otro piloto de esta divisa: Juan Pablo Montoya. Si echamos mano de la muy acertada premisa que reza que el primer rival con que cuenta un piloto es precisamente su compañero de equipo, forzosamente nos vemos obligados a caer en las, por muchos consideradas odiosas, comparaciones. ¿Por qué Kimi saliendo de último pudo treparse al tercer escaño del podio mientras que “Juancho” partiendo quinto terminó en la misma posición? ¿Es que acaso el auto del escandinavo era superior al del colombiano? ¿Sería que el personal del equipo comandado por Ron Dennis estaba trabajando a favor del rubio en detrimento del moreno, en una clara demostración de racismo contra el “sudaca”?..... La verdad no lo creo.

Siendo yo también de esta parte del planeta, y apostando siempre al talento latinoamericano, me atrevería a decir que esta primera carrera del año ha sido la más triste, desangelada y gris actuación de Montoya desde su arribo a la Fórmula 1. Ciertamente no perdió un solo puesto y sumó valiosos puntos, tanto para su causa personal como para el colectivo del equipo. Eso es una verdad incontestable. Pero lo que sí es cuestionable, es el manifiesto conformismo demostrado por el neogranadino durante las 57 vueltas que duró esta carrera. ¿Que la puesta a punto del carro no fue la mejor?…. puede ser. Pero resulta que esta la debe conseguir el propio piloto en trabajo mancomunado con sus ingenieros. ¿Por qué Kimi si pudo contar con el set-up ideal que le permitió tan bizarra remontada?

Todos los pilotos suelen tener altibajos, eso es normal y comprensible. A Montoya siempre lo he considerado un tipo talentoso, capaz de poner toda la carne en el asador. Hasta cuando ha tenido carreras malas a Juan Pablo se le ha visto destellos de sus habilidades conductivas. Pero en Bahrein no se le vio nada de esa chispa latina al volante. Me sorprendió su falta de agresividad, puesto que tan solo se limitó a cumplir el recorrido como si de un paseo dominical se tratara. No ofreció pelea a ninguno de cuantos quisieron adelantarle. Tan solo le faltó sacar el brazo y hacerle señas a quienes les seguían para que le pasaran más cómodamente.

Meses atrás, el equipo McLaren-Mercedes conseguía firmar al actual Campeón Mundial, Fernando Alonso, para la próxima temporada, robándole su piloto estrella a la casa francesa Renault. El efecto secundario, el daño colateral de toda esta historia, es que ineludiblemente para el 2007 alguno de la actual pareja de titulares saldrá de las filas del equipo radicado en Woking para cederle su butaca al español. La pregunta de las sesenta y un mil lochas obligatoriamente es ¿y quién será el cesanteado, Kimi o “Juanpa”? Luego de lo visto el pasado domingo, creo que la balanza está completamente inclinada en contra del bogotano, cuyos servicios no son tan altamente requeridos en los actuales momentos como los de Raikkonen, quien además, según rumores que toman cada vez mayor fuerza en el paddock, cuenta con jugosas y tentadoras propuestas por parte de varias escuderías, entre ellas la Ferrari y Toyota. De aceptar Kimi alguna de dichas ofertas para irse a trabajar para cualquier otro equipo, sería la única oportunidad de Montoya de permanecer dentro de la disciplina de la casa anglo-germana. O sea que, de continuar en la misma tónica que en Bahrein, el futuro del otrora prometedor Juan Pablo, estaría más en manos de la decisión que pueda tomar su coequipero que en las suyas propias. En definitiva, muy triste el panorama del colombiano. Muy triste….

Jenson Button partía tercero y, aun a pesar de sus denodados esfuerzos por subirse al podio, tuvo que conformarse con un cuarto lugar. El británico tuvo una somnolienta partida, parecía que no se había recuperado del todo del jet lag tras tener que viajar a la tierra de las mil y una noches. Honda llegaba a Bahrein como uno de los equipos a batir tras una brillante pretemporada, en la que en más de una ocasión descollaron con fuerza en los entrenamientos libres. La casa nipona, en teoría, metía miedo a sus rivales. Ya en la práctica no asustó tanto como se pensaba. No obstante ello, habrá que esperar que avance más la temporada para poder evaluarles debidamente. Al pobre Barrichello, luego de batallar con su nuevo compañero, una vez más los problemas con su máquina le apartaron de tener una mejor figuración. Pareciera que su sempiterna mala suerte le sigue como su sombra, independientemente de cuál sea el equipo para el que corra. Su sino negativo es tan rápido como lo pueda ser el piloto paulista.

Debo destacar uno de los hechos más relevantes de este primer Gran Premio de la temporada. Me refiero al positivo comienzo del equipo Williams-Cosworth. Cierto que hace apenas tres años esta divisa estuvo luchando por el título mundial y que, por lo tanto, un resultado como el del domingo, con Webber sexto por delante de su novel compañero Rosberg, tampoco era como para celebrarlo con bombos y platillos. Pero, hay que tomar en cuenta la enorme sacudida y los múltiples cambios sufridos por la formación de Frank Williams entre la pasada y la presente campaña, a saber: El rompimiento de su sociedad con la casa motorista BMW, quienes también se llevaron con ellos a Nick Heidfeld, teniendo que pasar a comprar los motores a Cosworth como cualquier cliente más; la perdida del importante respaldo económico de su patrocinador principal HP; el hecho de haber cambiado de fabricante de neumáticos, de los actuales campeones, Michelin, a una Bridgestone que el año pasado fue ampliamente superada por la casa francesa; y, de haber sido manifiestamente rechazado por un dubitativo Jenson Button, no sin antes haber sacado un pingüe beneficio de tal desagravio, para tener que meter a un novato como Nico Rosberg. Todas estas circunstancias eran como muchos cambios de timón como para que el barco pudiera llegar a buen puerto. Muchas variables para poder ser digeridas de un solo golpe por un equipo que, de oficial de una casa constructora de autos, pasaba a ser un modesto equipo privado, con la correspondiente espada de Damocles de desaparecer para siempre pendiendo sobre sus cabezas. Definitivamente Sir Frank no la tenía nada fácil en esta campaña 2006.

El hecho de haber superado a su ahora más acérrimo rival, la BMW-Sauber, así como a otros equipos de abultados presupuestos como Toyota y Red Bull Racing, de por sí ya constituía una importante conquista para la Williams-Cosworth en esta etapa de transición, y más aun con sus dos pilotos metidos en los puntos. Pero la sorpresa grata nos la daría el aun Campeón reinante de la recién creada el año pasado GP2 Series, el alemán Nico Rosberg.

Hijo de Keijo Rosberg, Campeón Mundial de Fórmula 1 de 1982, Nico forma parte de una dinastía familiar que se remonta a tres generaciones hasta llegar al abuelo paterno, Lars, quien fue corredor de rally, mientras que su abuela competía en karts. O sea, que abolengo de piloto no le faltaba a este joven, de apenas 20 años, nacido en Wiesbaden, para debutar en la categoría máxima del automovilismo deportivo. Pero una cosa es tener dinero e influencias que indudablemente ayudan, y mucho en este mundo de las carreras, y otra cosa muy distinta, es tener el talento que te hagan merecedor de codearte con los mejores volantes del mundo. En este su primer Gran Premio de su vida, en la carrera que marcaba su debut, Nico demostró con creces que no le queda para nada grande el apellido del aguerrido “Keke”.

Luego de un incidente en la primera curva, producto de su juvenil fogosidad, viéndose obligado a una parada prematura en pits, que terminaría por relegarlo al fondo del pelotón, el novato germano protagonizó una brillante recuperación donde se cansó de adelantar rivales hasta ubicarse en una más que merecida séptima posición, convirtiéndose en el piloto más joven de la historia en conseguir puntos de campeonato, record que hasta entonces detentaba Fernando Alonso. Todo esto aderezado con la guinda de haber hecho la vuelta más rápida de la competencia.

Ya para concluir, creo que la temporada 2006 arrancó con el pie derecho. Este Gran Premio inaugural se nos antoja como un abreboca de lo que pareciera ser una campaña bien competitiva, de peleas más reñidas. Vimos adelantamientos, fuimos testigos de duelos por posiciones que se prolongaron durante toda la carrera, en fin, disfrutamos de un espectáculo muy distinto a las tediosas procesiones que caracterizaron a esta categoría en años anteriores. Esperemos que la emoción se prolongue en Malasia y que lo visto en esta primera cita no vaya a ser otro espejismo más del desierto bahreni.

Caracas, marzo de 2006.

NOTA DEL AUTOR: Ofrezco disculpas por el retraso en la entrega de mis últimos artículos. Espero ponerme al día lo antes posible, a fin de evitar que dichos escritos puedan carecer de interés alguno por parte de Ustedes debido por motivos de extemporaneidad.


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