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El Campeonato Mundial
de la Fórmula 1 finalmente levantó el telón de la temporada 2006, dando
por terminada la angustiosa espera de los millones de aficionados con
que cuenta este deporte en todo el mundo. Esta vez no lo hizo en el
tradicional Albert Park, escenario del Gran Premio de Australia, tal y
como venía siendo costumbre desde 1996. Este año, ¡y sólo por este año!,
debido a la coincidencia de fechas de los XVIII Juegos de la
Commonwealth en la ciudad de Melbourne con la del calendario oficial
aprobado por la Federación Internacional de Automovilismo (F.I.A.), el
gigante país oceánico cedía la primera carrera válida, la que sube la
santamaria de la presente campaña, al reino de Bahrein en el Medio
Oriente.
En medio de las dunas del desierto de esta isla del Golfo Pérsico, con
sus tormentas de arena y el sofocante calor seco de Manama, se erige el
monumental Circuito Internacional de Bahrein, otra fastuosa obra
producto del ingenio del arquitecto alemán Hermann Tilke, quien se
apuntaba otro tanto a favor luego de diseñar el trazado de Sepang, en
Malasia, al que seguirían este de Sakhir, el de Shanghai en China y el
de Estambul en Turquía, entre otros.
Ya en la edición del año 2004, cuando apenas debutaba esta competencia
dentro del calendario de la Fórmula 1, la carrera se llevaría el
galardón al “Gran Premio Mejor Organizado del Año”, lo cual denota
claramente la capacidad de preparar grandes eventos por parte de esta
diminuta nación, que entonces se convertía en el vigésimo cuarto país en
albergar un Grand Prix de la máxima categoría del automovilismo
deportivo mundial.
Independientemente de que tanto el trazado en sí como el resto del
complejo de instalaciones sean apoteósicos, creo que a este circuito le
resta por realizar un gran trabajo ornamental, tales como la
construcción de fuentes, sembrar mucho más grama así como una gran
cantidad de palmeras y otras plantas exóticas en sus zonas internas y en
sus inmediaciones. En fin, no le vendría nada mal un poco de paisajismo
que busque brindarnos la sensación de estar en un paradisíaco oasis en
medio del yermo desierto.
Precisamente, esa condición desértica constituye uno de los mayores
inconvenientes que tienen que sortear los miembros de los equipos
participantes. Debido a que la pista está rodeada de grandes espacios
abiertos, los pilotos no cuentan con las usuales señales de referencia
que son tan útiles para familiarizarse con el trazado, tales como los
puntos de frenado de cada curva. Igualmente, lo sucio del pavimento hace
que su superficie no cuente con el debido agarre, razón por la cual los
corredores deben buscar mantener sus bólidos dentro de la línea de
carrera donde la adherencia es mayor.
Pero aparte de estos inconvenientes, se suma uno aun mayor y más
preocupante que aquellos, a pesar de no ser tan visible: La fina
arenilla que puede colarse fácilmente en cualquier parte del auto.
Prácticamente es una especie de baño de arena a presión, lo que se
conoce en inglés como sandblast, que termina gradualmente por erosionar
todas las superficies y por obstruir las finas celdas de los radiadores
tras rodar una distancia considerable y, sobretodo, a tan altas
velocidades. De las pistas donde se ha corrido una carrera de Fórmula 1,
la que más se le asemeja en este aspecto es el circuito costero de
Zandvoort, antiguo escenario del Gran Premio de Holanda.
A pesar de modificaciones realizadas el año pasado tendientes a
minimizar este grave inconveniente, los ingenieros prestan especial
atención tratando de impedir el paso de esa arenilla al motor, máxime
cuando el reglamento actual establece que la vida útil de los mismos
debe ser de dos carreras.
Como al comienzo de cualquier temporada, este año también había grandes
expectativas. La mayor de todas era precisamente ver cuál escudería
había hecho mejor su tarea durante la pretemporada invernal, y cuál
había podido sacar mayor provecho de los drásticos cambios adoptados en
las nuevas regulaciones para esta campaña. Todos estábamos ansiosos de
apreciar, ya en carrera, si los tiempos registrados y las prestaciones
alcanzadas en los entrenamientos libres realizados en diferentes
circuitos se correspondían con los resultados luego de cumplirse las 57
vueltas a que estaba pautada la competencia.
Otra gran interrogante que flotaba en el ardiente viento de Sakhir era
la efectividad del nuevo formato de clasificación por “knockout”, cuya
finalidad fundamental es la tratar de recuperar la emoción que el
anterior esquema le robara a la jornada sabatina de la pole position. A
pesar de que considero que el sistema previo, de una sola vuelta
lanzada, que apenas duró un par de años, era mucho más justo y
equitativo para con todos los participantes que el actual, puesto que
las llamadas escuderías “cenicientas” gozaban de la misma exposición
televisiva que los grandes equipos, debo reconocer si ambages que esta
novedad introducida por Mr. Mosley y su combo federativo, aun y con lo
engorroso que en principio pueda parecer, brinda mayor entretenimiento
para el público espectador. Al César lo que es del César. ¿Verdad Max?
Y ya que tocamos el punto del entretenimiento, desde el propio sábado
comenzaba el show con un Michael Schumacher que, mostrando de nuevo la
garra del gran competidor que es, se hacía de la primera posición de la
parrilla de salida en una cerrada lucha contra su nuevo coequipero, el
paulista Felipe Massa, igualando el record de pole positions que por
años permanecía en poder del tristemente desaparecido Ayrton Senna, el
siempre recordado “Magic”. Los bólidos escarlatas de Maranello copaban
de nuevo los espacios de la primera fila de la formación de salida,
rotundo éxito que no conseguían desde el Gran Premio de Hungría de 2004.
La scuderia italiana, con su nuevo modelo 248 F1, pegaba primero y por
partida doble buscando reencontrar la senda ganadora que extraviaron el
año pasado.
Debo reconocer, sin ser un tifoso de la divisa del cavallino rampante,
que me alegra mucho el hecho de verlos de nuevo en la contienda por los
títulos en disputa. Ver a “Schumi” y a “Felipinho” con material que les
permita buscar la victoria es algo que deberían agradecer todos los
seguidores de esta disciplina, en aras de la competitividad a que todos
aspiramos disfrutar, independientemente de nuestros gustos o
preferencias. Igualmente también me place ver al equipo Honda emerger
como una seria amenaza. Me parece estupendo que se sumen más escuderías
a la refriega, en vez de ser nuevamente testigos de hegemonías absolutas
por parte de un solo equipo o piloto que terminan por restar interés a
cuanto suceda en la pista.
La nota discordante del sábado sería la rotura de la suspensión trasera
del MP4-21 de Raikkonen. Al igual que el año pasado, continúan los
problemas de confiabilidad del McLaren-Mercedes socavando el camino al
título del glacial Kimi. Esperemos que lo sucedido en Sakhir con el
finlandés no vaya a ser un mal recurrente por parte de la escuadra
anglo-germana a lo largo de la actual temporada.
Llegado el domingo, el nuevo paladín del automovilismo ibérico, Fernando
Alonso, estuvo en grande en esta primera batalla por la defensa del
título de pilotos. El asturiano madrugó a un Jenson Button que se durmió
al momento de apagarse las luces del semáforo, para luego soportar,
estoicamente, la agresiva barrida a la derecha que le hiciera un
impetuoso Massa que, a toda costa, buscaba defender su segunda posición
tras la huella de su más experimentado compañero. “Nando” no cayó en
provocaciones y supo aguardar, aunque muy poco, para dar el zarpazo con
que desbancaría al brasilero apenas en la cuarta curva. Comenzando la
octava vuelta, Alonso tuvo los reflejos necesarios para no estrellarse
contra el misil rojo en que se había convertido el Ferrari, del aun más
impetuoso Massa que, algo pasadito de frenada, trompeaba en la primera
curva y a poco estuvo de llevarse consigo al español.
La carrera iría transcurriendo sin que hubiera cambios en la punta,
manteniéndose Schumacher por delante de Alonso. Las vueltas se sucedían
con el de las 7 barras en la gorra seguido por aquel que el año pasado
truncara su seguidilla de títulos mundiales. El campeón saliente acosado
por el campeón reinante. Mientras tanto, varias interesantes peleas por
posiciones se libraban en medio del pelotón. Así se fueron los dos a la
primera parada para reincorporase a la pista a ocupar los mismos
lugares. Pero llegado el momento de la segunda visita a los pits, el
alemán se vio obligado a hacerlo antes que el hispano quien, al mejor
estilo de “Schumi”, aprovechó la vía despejada para dar tres vueltas
adicionales a toda máquina, buscando ganar unas cuantas fracciones de
segundo que le permitieran, llegado su turno de reabastecer combustible,
salir por delante de Michael. La estrategia, que tantas veces funcionará
a la perfección en manos del as germano, ahora rendía frutos al volante
de Oviedo, quien le dio a Schumacher una cucharadita de su propia
medicina al retornar a carrera con un escasísimo margen de diferencia,
milímetros más, milímetros menos, que le permitió ganarle la posición al
“Barón Rojo” para irse a recibir triunfante el banderazo a cuadros y
ratificar su calidad de Campeón Mundial. ¡Bravo macho!
Ahora bien, aunque lo señalado anteriormente se puede calificar como el
momento estelar de este Gran Premio, hay que acotar que este asunto de
ganar puestos y hasta carreras, gracias a planificadas estrategias de
paradas en pits, aun y cuando sea un recurso válido de la actual Fórmula
1, me mantiene aun más firme en mi posición de preferir mil veces al
peor de los adelantamientos en pista a la mejor y más precisa, y hasta
quirúrgica, parada que permita a un piloto superar a un rival sin
realmente haberlo pasado nunca. Pero así son las carreras de carros….
Hay que hacer especial mención del carrerón que se mandó Kimi Raikkonen.
Ni el hecho de ocupar la última casilla en la parrilla de largada, ni el
calor reinante pudieron derretir la gran determinación del “Hombre de
Hielo” quien, con una estrategia de una sola detención en pits, fue
remontando posiciones, pasando a Raymundo y a todo el mundo, ¡apenas en
la primera vuelta ya había rebasado a nueve rivales!, continuando con un
ritmo arrollador que le llevó a colarse entre los que se subieron al
podio. Merecidísimo tercer lugar con sabor a victoria para Kimi, quien
ese día fue el hombre que supo imponerse a las circunstancias, por más
desfavorables que estas fueran. Necesariamente surge la interrogante de
lo que hubiera hecho el finlandés de haber partido desde una posición
más acorde a las llamadas “flechas de plata”.
Y ya que tocamos el tema de la McLaren-Mercedes, también es menester
poner la lupa sobre la actuación del otro piloto de esta divisa: Juan
Pablo Montoya. Si echamos mano de la muy acertada premisa que reza que
el primer rival con que cuenta un piloto es precisamente su compañero de
equipo, forzosamente nos vemos obligados a caer en las, por muchos
consideradas odiosas, comparaciones. ¿Por qué Kimi saliendo de último
pudo treparse al tercer escaño del podio mientras que “Juancho”
partiendo quinto terminó en la misma posición? ¿Es que acaso el auto del
escandinavo era superior al del colombiano? ¿Sería que el personal del
equipo comandado por Ron Dennis estaba trabajando a favor del rubio en
detrimento del moreno, en una clara demostración de racismo contra el “sudaca”?.....
La verdad no lo creo.
Siendo yo también de esta parte del planeta, y apostando siempre al
talento latinoamericano, me atrevería a decir que esta primera carrera
del año ha sido la más triste, desangelada y gris actuación de Montoya
desde su arribo a la Fórmula 1. Ciertamente no perdió un solo puesto y
sumó valiosos puntos, tanto para su causa personal como para el
colectivo del equipo. Eso es una verdad incontestable. Pero lo que sí es
cuestionable, es el manifiesto conformismo demostrado por el
neogranadino durante las 57 vueltas que duró esta carrera. ¿Que la
puesta a punto del carro no fue la mejor?…. puede ser. Pero resulta que
esta la debe conseguir el propio piloto en trabajo mancomunado con sus
ingenieros. ¿Por qué Kimi si pudo contar con el set-up ideal que le
permitió tan bizarra remontada?
Todos los pilotos suelen tener altibajos, eso es normal y comprensible.
A Montoya siempre lo he considerado un tipo talentoso, capaz de poner
toda la carne en el asador. Hasta cuando ha tenido carreras malas a Juan
Pablo se le ha visto destellos de sus habilidades conductivas. Pero en
Bahrein no se le vio nada de esa chispa latina al volante. Me sorprendió
su falta de agresividad, puesto que tan solo se limitó a cumplir el
recorrido como si de un paseo dominical se tratara. No ofreció pelea a
ninguno de cuantos quisieron adelantarle. Tan solo le faltó sacar el
brazo y hacerle señas a quienes les seguían para que le pasaran más
cómodamente.
Meses atrás, el equipo McLaren-Mercedes conseguía firmar al actual
Campeón Mundial, Fernando Alonso, para la próxima temporada, robándole
su piloto estrella a la casa francesa Renault. El efecto secundario, el
daño colateral de toda esta historia, es que ineludiblemente para el
2007 alguno de la actual pareja de titulares saldrá de las filas del
equipo radicado en Woking para cederle su butaca al español. La pregunta
de las sesenta y un mil lochas obligatoriamente es ¿y quién será el
cesanteado, Kimi o “Juanpa”? Luego de lo visto el pasado domingo, creo
que la balanza está completamente inclinada en contra del bogotano,
cuyos servicios no son tan altamente requeridos en los actuales momentos
como los de Raikkonen, quien además, según rumores que toman cada vez
mayor fuerza en el paddock, cuenta con jugosas y tentadoras propuestas
por parte de varias escuderías, entre ellas la Ferrari y Toyota. De
aceptar Kimi alguna de dichas ofertas para irse a trabajar para
cualquier otro equipo, sería la única oportunidad de Montoya de
permanecer dentro de la disciplina de la casa anglo-germana. O sea que,
de continuar en la misma tónica que en Bahrein, el futuro del otrora
prometedor Juan Pablo, estaría más en manos de la decisión que pueda
tomar su coequipero que en las suyas propias. En definitiva, muy triste
el panorama del colombiano. Muy triste….
Jenson Button partía tercero y, aun a pesar de sus denodados esfuerzos
por subirse al podio, tuvo que conformarse con un cuarto lugar. El
británico tuvo una somnolienta partida, parecía que no se había
recuperado del todo del jet lag tras tener que viajar a la tierra de las
mil y una noches. Honda llegaba a Bahrein como uno de los equipos a
batir tras una brillante pretemporada, en la que en más de una ocasión
descollaron con fuerza en los entrenamientos libres. La casa nipona, en
teoría, metía miedo a sus rivales. Ya en la práctica no asustó tanto
como se pensaba. No obstante ello, habrá que esperar que avance más la
temporada para poder evaluarles debidamente. Al pobre Barrichello, luego
de batallar con su nuevo compañero, una vez más los problemas con su
máquina le apartaron de tener una mejor figuración. Pareciera que su
sempiterna mala suerte le sigue como su sombra, independientemente de
cuál sea el equipo para el que corra. Su sino negativo es tan rápido
como lo pueda ser el piloto paulista.
Debo destacar uno de los hechos más relevantes de este primer Gran
Premio de la temporada. Me refiero al positivo comienzo del equipo
Williams-Cosworth. Cierto que hace apenas tres años esta divisa estuvo
luchando por el título mundial y que, por lo tanto, un resultado como el
del domingo, con Webber sexto por delante de su novel compañero Rosberg,
tampoco era como para celebrarlo con bombos y platillos. Pero, hay que
tomar en cuenta la enorme sacudida y los múltiples cambios sufridos por
la formación de Frank Williams entre la pasada y la presente campaña, a
saber: El rompimiento de su sociedad con la casa motorista BMW, quienes
también se llevaron con ellos a Nick Heidfeld, teniendo que pasar a
comprar los motores a Cosworth como cualquier cliente más; la perdida
del importante respaldo económico de su patrocinador principal HP; el
hecho de haber cambiado de fabricante de neumáticos, de los actuales
campeones, Michelin, a una Bridgestone que el año pasado fue ampliamente
superada por la casa francesa; y, de haber sido manifiestamente
rechazado por un dubitativo Jenson Button, no sin antes haber sacado un
pingüe beneficio de tal desagravio, para tener que meter a un novato
como Nico Rosberg. Todas estas circunstancias eran como muchos cambios
de timón como para que el barco pudiera llegar a buen puerto. Muchas
variables para poder ser digeridas de un solo golpe por un equipo que,
de oficial de una casa constructora de autos, pasaba a ser un modesto
equipo privado, con la correspondiente espada de Damocles de desaparecer
para siempre pendiendo sobre sus cabezas. Definitivamente Sir Frank no
la tenía nada fácil en esta campaña 2006.
El hecho de haber superado a su ahora más acérrimo rival, la BMW-Sauber,
así como a otros equipos de abultados presupuestos como Toyota y Red
Bull Racing, de por sí ya constituía una importante conquista para la
Williams-Cosworth en esta etapa de transición, y más aun con sus dos
pilotos metidos en los puntos. Pero la sorpresa grata nos la daría el
aun Campeón reinante de la recién creada el año pasado GP2 Series, el
alemán Nico Rosberg.
Hijo de Keijo Rosberg, Campeón Mundial de Fórmula 1 de 1982, Nico forma
parte de una dinastía familiar que se remonta a tres generaciones hasta
llegar al abuelo paterno, Lars, quien fue corredor de rally, mientras
que su abuela competía en karts. O sea, que abolengo de piloto no le
faltaba a este joven, de apenas 20 años, nacido en Wiesbaden, para
debutar en la categoría máxima del automovilismo deportivo. Pero una
cosa es tener dinero e influencias que indudablemente ayudan, y mucho en
este mundo de las carreras, y otra cosa muy distinta, es tener el
talento que te hagan merecedor de codearte con los mejores volantes del
mundo. En este su primer Gran Premio de su vida, en la carrera que
marcaba su debut, Nico demostró con creces que no le queda para nada
grande el apellido del aguerrido “Keke”.
Luego de un incidente en la primera curva, producto de su juvenil
fogosidad, viéndose obligado a una parada prematura en pits, que
terminaría por relegarlo al fondo del pelotón, el novato germano
protagonizó una brillante recuperación donde se cansó de adelantar
rivales hasta ubicarse en una más que merecida séptima posición,
convirtiéndose en el piloto más joven de la historia en conseguir puntos
de campeonato, record que hasta entonces detentaba Fernando Alonso. Todo
esto aderezado con la guinda de haber hecho la vuelta más rápida de la
competencia.
Ya para concluir, creo que la temporada 2006 arrancó con el pie derecho.
Este Gran Premio inaugural se nos antoja como un abreboca de lo que
pareciera ser una campaña bien competitiva, de peleas más reñidas. Vimos
adelantamientos, fuimos testigos de duelos por posiciones que se
prolongaron durante toda la carrera, en fin, disfrutamos de un
espectáculo muy distinto a las tediosas procesiones que caracterizaron a
esta categoría en años anteriores. Esperemos que la emoción se prolongue
en Malasia y que lo visto en esta primera cita no vaya a ser otro
espejismo más del desierto bahreni.
Caracas,
marzo de 2006.
NOTA DEL AUTOR:
Ofrezco disculpas por el retraso en la entrega de mis últimos artículos.
Espero ponerme al día lo antes posible, a fin de evitar que dichos
escritos puedan carecer de interés alguno por parte de Ustedes debido
por motivos de extemporaneidad. |