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La Fórmula 1 daba un pequeño salto desde la ciudad condal de Barcelona hasta la famosa Roca en medio de la Costa Azul. Del borbónico Reino de España al glamoroso Principado de Mónaco, bastión de la dinastía Grimaldi desde hace algo más de 700 años. Del rapidísimo Circuito de Cataluña a las tortuosas calles de Monte-Carlo, escenario de la sexta carrera válida del Calendario Oficial de la Temporada 2005, la llamada “Joya de la Corona” del automovilismo deportivo mundial. Con apenas 1,95 km2 de extensión, esta diminuta franja de litoral aprisionada entre los Alpes Marítimos y el Mar Mediterráneo llamada Mónaco, tiene el privilegio de haber albergado su propio Gran Premio 21 años antes de la creación del Campeonato Mundial de Fórmula 1 en 1950. Igualmente, ha contado con 2 pilotos nacidos en su territorio que se pusieron al volante de una máquina de la máxima categoría del automovilismo, a saber: Louis Chiron, quien tomó la salida en 15 Grandes Premios y obteniendo un tercer lugar como mejor resultado; y Andre Testut, quien no pudo clasificarse en sus dos intentos. Pero, lo más curioso es el hecho indiscutible de que es el país que ha contado con la mayor cantidad de residentes que han corrido en la historia de la Fórmula 1. Baste con decir que actualmente 9 de la plantilla de 20 pilotos titulares, así como 3 de los probadores, han fijado su residencia en ese paraíso fiscal que es Mónaco, motivados más por el hecho de poder evitar las cargas impositivas de lo que vendría a ser el SENIAT de sus respectivos países, que por las bondades del clima o la belleza del paisaje monegasco. Incluso el escocés David Coulthard es copropietario de un lujosísimo hotel en el Principado: El Hotel Columbus. Viendo lo intrincado y sinuoso de este anacrónico trazado, el cual difícilmente se corresponde con los elevadísimos estándares actuales de seguridad dentro de la Fórmula 1, forzosamente surge la interrogante: ¿A quién se le ocurrió hacer allí un circuito? Anthony Noghes era el nombre del visionario a quien en 1925, en medio de una caminata por las calles de la ciudad, se le vino a la mente la brillante idea de tratar de levantar la economía local, bastante abatida en la década que siguió a la Primera Guerra Mundial, mediante la realización de una carrera de carros que sirviera para mostrar al mundo los atractivos de Mónaco, tales como el Casino de Monte-Carlo y el palaciego Hotel de Paris, por solo mencionar algunos, a fin de atraer al turismo de elite. El sueño de Noghes, que tal vez a muchos pareciera algo descabellado, tardaría cuatro años en hacerse realidad, ya que la primera edición de este Gran Premio se corrió en el año 1929. Desde entonces, y con alternadas interrupciones por diversos motivos, esta carrera se ha ganado un importante lugar como uno de los acontecimientos, no solo automovilísticos, sino deportivos e incluso sociales, de mayor tradición y de más rancio abolengo en todo el mundo. Un espectáculo donde el llamado jet set internacional acude religiosamente año tras año ya sea para ver o para dejarse ver. En virtud de ello, es que se decidió bautizar con el nombre de su creador a la última curva del circuito que lleva de nuevo a la recta principal: Curva Anthony Noghes. Un merecido reconocimiento al importante legado de aquel emprendedor monegasco. Con respecto a la edición del Gran Premio de Mónaco de este año, habría que señalar que hemos sido testigos de un extraordinario espectáculo que fue ganando en emoción y en competitividad, que se vino de menos a más. Lo que en principio se nos presentaba como otra soporífera procesión, tan habituales a este circuito citadino, a medida que se cumplían las vueltas se trocaría en la carrera más apasionante de lo que va de temporada, gracias a las diferentes pugnas por posiciones que se dieron detrás del líder absoluto de la competencia. Eso sí, fue menester que ocurrieran un par de incidentes en pista para que se produjera tan drástico vuelco. Pero no nos adelantemos a los hechos, vayamos con calma. Con excepción del corto período que media desde que se apaga la luz del semáforo hasta que se toma la primera curva de Santa Devota, en el que un impetuoso Fernando Alonso buscó infructuosamente adelantar a Kimi Räikkönen, el finlandés ha dominado de manera aplastante durante las 78 vueltas que duró la competencia. Nadie ha podido acercársele al glacial rubio que ostentaba su apodo “ICEMAN” escrito con auténticos diamantes en un casco que, junto al de su compañero Juan Pablo Montoya, luego serían subastados a fin de recaudar fondos para una causa benéfica. Efectivamente, al igual que en el Circuito de Cataluña, así como en las escasas vueltas que diera en Imola antes de abandonar debido a problemas técnicos con su auto, Kimi aplicó la misma receta de pisar a fondo el acelerador y perderse en la distancia sin dejar margen alguno a sus rivales de poder comprometer ese peldaño más alto del podio tan apetecido por todos los pilotos, especialmente en Mónaco. De esta manera, quedaba claramente demostrado que el MP4-20 de la McLaren-Mercedes es el vehículo a vencer y que las llamadas “Flechas de Plata” están acertando cada vez más con mayor precisión al blanco. Sobretodo si nos detenemos a considerar que la pole position, la tercera consecutiva del volante de Espoo, la consiguió con suficiente gasolina como para durar ¡¡¡41 vueltas!!! en pista antes de entrar a repostar, o sea, más de la mitad del recorrido total pautado para la carrera, en vez de con poco combustible, como muchos supusieron que había hecho para salir a la cabeza del pelotón de autos. La grata sorpresa vino de la escudería BMW-Williams, que conseguía completar el podio metiendo a sus dos pilotos a costa de un arrollador Fernando Alonso que no se había bajado del mismo desde que se levantara el telón de la temporada en Australia. Efectivamente, la pareja del equipo comandado por Sir Frank logró ponerle fin a la seguidilla de 5 podios consecutivos del volante hispano. El segundo lugar de Heidfeld es el mejor resultado del alemán desde su arribo a la categoría reina, ya que tan solo contaba con un par de terceros puestos en su palmarés. El espectacular pase con que “Quick Nick” desbancó a “Nando” del segundo peldaño, fue de los momentos más emocionantes de toda la carrera. Por otra parte, el tercer lugar de Mark Webber no solo constituye su mejor figuración hasta la fecha, sino su primer podio. No obstante ello, y luego de tan prolongada espera, el australiano no ocultó su decepción al describir su posición final de “anti-clímax”, ya que siente que “merecía algo mejor”, según sus propias palabras. A confesión de parte…. Aun debe estar lamentando su “morrocoyerica” salida, en la que fue superado por los italianos Fisichella y Trulli. Hasta ahora, el talón de Aquiles del volante oceánico ha sido su lenta reacción al momento de apagarse los semáforos. Pero hay otro aspecto que me parece aun más preocupante en cuanto al desempeño de Mark: Su notoria falta de ambición en carrera, síntoma éste que comenzó a manifestarse después del incidente con Fisichella en Malasia y que se ha hecho aun más crónico en sus últimas actuaciones. ¿Por cuántas vueltas estuvo Webber siguiendo la huella de Alonso sin intentar rebasarle? Su asedio al español comenzó en la vuelta 39. Si tomamos en cuenta que la competencia estaba pautada a 78 vueltas, no hay que ser un genio en matemáticas para llegar a la conclusión de que desde la mitad exacta de la carrera el de las antípodas se limitó a mantenerse por detrás de Fernando sin hacer mayores esfuerzos para ganarle la posición. Tuvo que esperar a que su coequipero le metiera un pase brillante al hispano para animarse él a hacer lo propio en los giros finales. Me imagino que por su mente pasaría un pensamiento más o menos por este mismo estilo: “Si Nick pudo…entonces yo también puedo”. En resumen: Webber salió tercero y llegó tercero. Ni frío ni calor, simplemente tibio. Por su parte, Heidfeld partiendo desde la sexta casilla logró el segundo peldaño del podio, o sea, escaló cuatro posiciones y le ganó la pelea a su principal rival, su compañero de escudería. La edición del Gran Premio de Mónaco del año 2003, significó para el equipo BMW-Williams el punto de inflexión a partir del cual vendrían las pole positions, las vueltas rápidas y las victorias en esa campaña en la que Juan Pablo Montoya se convirtió en un serio aspirante con muchas posibilidades a alcanzar el título mundial. Esperemos que ahora, dos años más tarde y con caras renovadas al volante, esta carrera haya sido el comienzo de una racha positiva para la formación anglo-germana que le permita buscar nuevas glorias como las que disfrutó en la década pasada. Pareció poco el cuarto puesto conseguido por Alonso, quien se defendió como un varón ante los distintos asedios que soportó a lo largo de la competencia: Primero, el de los dos pilotos de BMW-Williams que finalmente le rebasaron; y, al final, el de Juan Pablo Montoya, al que si pudo contener tras batallar para mantener en pista a su Renault, que confrontó graves problemas de adherencia en el último tercio de la carrera. Ciertamente “Nando” hizo algunas maniobras no muy ortodoxas buscando retener infructuosamente el tercer peldaño del podio. Llegó hasta el descaro de comerse, tragarse, atiborrarse de Nouvelle Chicane sin ningún tipo de disimulo y hasta por partida doble en su fallido intento de contener el avance de Webber. Hay que destacar que si la primera vez cabía la posibilidad de una duda razonable a favor del español, puesto que ambos pilotos entraron pasados en la chicana, en la segunda oportunidad, apenas una vuelta después, el engolosinamiento del ovetense fue tan flagrante al cambiar la dirección a un auto que ya había entrado en la curva, que no le quedó más remedio que entregar la posición al australiano. Ahora bien, he notado que muchos cuestionan la actuación de Alonso y hasta reprueban su comportamiento en la pista monegasca pidiendo sanciones que no vienen al caso. Primero, porque si aun fue más que evidente que no siguió intencionalmente la trayectoria del trazado en el segundo intento de Webber, no sacó ninguna ventaja de ello, puesto que finalmente fue rebasado por el piloto de BMW-Williams. En caso de que Mark no hubiera podido consumar el pase, tengan la certeza de que Fernando iba a ser notificado por parte de los comisarios de carrera de que debía ceder el paso a su rival, que es lo que reglamentariamente procede en estos casos, cosa que no vimos que sucediera porque al perder la posición no había ya motivo de penalización alguna y quedaba zanjado el asunto que ni siquiera fue sacado a colación por el propio Webber ni por su escudería, quienes fueron los afectados más directos. O sea, que dejemos de querer ser más papistas que el Papa pidiendo excomuniones solo porque un piloto defienda los colores de un equipo que no sea el de nuestra preferencia. La estupenda actuación de Montoya sirvió para ratificar el buen momento que está atravesando la escudería McLaren-Mercedes. El colombiano tomó la salida desde la casilla 16 y pudo ir remontando hasta llegar a comprometer la cuarta posición de Alonso, a quien presionó sin llegar a conseguirlo hasta el banderazo a cuadros, teniendo que conformarse con el quinto puesto. Ahora bien, independientemente de lo muy bien que haya estado Juan Pablo en carrera, hay que señalar que ya está bueno de tanta malasangre e inmadurez de su parte. Para muestra el botón del incidente por él causado en las pruebas sabatinas con Ralf Schumacher, el cual era perfectamente evitable y que además motivó la penalización que le relegara al fondo de la parilla de largada. Ciertamente, estamos claros que nadie más que él lamenta lo sucedido, más por la sanción impuesta que por verdadero arrepentimiento, pero sucede que este tipo de estupidez de levantar adrede el pie del acelerador cuando venía el alemán detrás, ocasionando un accidente en el que también se vieron involucrados David Coulthard y Jacques Villeneuve, es un comportamiento peligroso e inexcusable que le ha costado barato al colombiano, puesto que era como para imponerle una sanción mucho más severa por parte de las autoridades. El dejarse llevar por su ya más que famoso agrio temperamento, le apartó nuevamente de conseguir mejores resultados. Resultados por los que todos sus seguidores, entre los que me cuento, su equipo entero y su patrón, Ron Dennis, han esperado ansiosamente desde hace algún tiempo y por lo que le están pagando buena platica como para que “Juanpa” se ponga a pasear con su bólido como si de un desfile de carrozas se tratara, en plenas pruebas libres y, para colmo, en ese vericueto que es Mónaco. Y todo porque, supuestamente, Ralf le había arruinado su vuelta rápida al salir el germano de pits cuando él venía lanzado buscando mejorar los cronos. ¡Avemaría hermano, no se puede ser tan toche! La actuación de Ralf Schumacher el domingo la califico de sobresaliente. El alemán estuvo muy bien, sobretodo si se toma el rosario de hechos desafortunados que le tocó vivir a lo largo del fin de semana: Primero, el accidente sufrido en las pruebas libres por culpa de un revanchista Montoya al que de repente le dio por rodar como si fuera la reina del carnaval. Segundo, el error de su equipo al colocarle uno de los juegos de cauchos que no habían sido marcados por su proveedor, Michelin, para luego empastelar aun más el asunto al hacerse los locos y cambiarlos por otro que sí estaba marcado esperando no ser pillados en la picardía, por lo que le impusieron una penalización de medio segundo adicional que se le sumaría a su tiempo de calificación definitivo para la parrilla de largada. Tercero, el aparatoso accidente en la clasificación sabatina a la entrada de la curva de Tabac, donde visiblemente se pudo apreciar que se debió a un clarísimo error de manejo por parte del menor de la dinastía Schumacher, quien calculó mal su trayectoria enfilando la punta de su monoplaza hacia las barandas metálicas que le cobrarían bien caro su pecadillo al volante, destrozando su segundo TF105 en apenas dos días y confinándole automáticamente al fondo de la formación de salida para la carrera. En fin, todo predecía que ese iba a ser un fin de semana para olvidar. No obstante ello, Ralf supo hacer de tripas corazón, se disculpó por su falta con el personal de Toyota Racing y, ya en carrera, se dedicó a remontar y a seguir remontando hasta hacerse de un más que merecido sexto puesto, después de tantos contratiempos que confrontó y que bien hubieran podido desanimarle o justificar una mala figuración por su parte, la cual nunca sucedió. Cambiemos de personaje pero no de apellido. Le llega el turno a Michael, el mayor de la dinastía Schumacher, quien tras batallar arduamente llegaría en la séptima posición. Luego de la carrera, con los motores aun calientes, tanto su escudero por antonomasia, Rubens Barrichello, así como su propio hermano menor, la emprendieron en contra del as de la Ferrari acusándole de manejo peligroso. Cuanta razón encierra el refrán popular que asegura que “No hay peor cuña que la del mismo palo”, ya que sería el propio Ralf el que haría los más mordaces comentarios en tal sentido, al señalar que cuando su hermano intentó fallidamente adelantarle sobre la misma línea de meta, había puesto innecesariamente en riesgo tanto su seguridad como la de los demás en una maniobra “en que ha podido romperse el cuello”, según sus propias palabras emitidas en unas declaraciones dadas a un canal de televisión alemán. Pero no bastándole con eso, remató lapidariamente con esta perla: “A Michael a veces se le apaga el cerebro”. A lo que su hermano mayor muy acertadamente le respondería: “Yo soy un piloto de raza y esto no es un paseo dominical”. Yo, por mi parte, le agregaría el consabido proverbio que sentencia que “el que le pega a la familia se arruina”. Señores, estamos hablando de la categoría tope del automovilismo mundial, donde los únicos que dejan huellas imborrables son aquellos capaces de poner toda la carne en el asador y de luchar a brazo partido por conseguir el mejor resultado que sus habilidades conductivas y sus posibilidades (carro, escudería, apoyo financiero, etc.) le permitan. Donde los que alcanzan la verdadera gloria son esos pocos que están dispuestos a echar el resto, de dar ese “extra” que finalmente les consagra, algo de lo que no han sido capaces aun ni “Rubinho” y mucho menos “Ralfito”. Luego de ver en repetidas oportunidades y con mucho detenimiento las cuestionadas maniobras de Michael Schumacher en Mónaco, soy de la opinión de que ninguna de ellas implicaba mayor riesgo del que conlleva cualquier intento de sobrepasar un auto rival en las estrechas y reviradas calles del Principado. No aprecié nada que me hiciera pensar en manejo peligroso o en comportamiento antideportivo por parte del “Barón Rojo”. De lo que sí pude darme cuenta, era que no estábamos en presencia de un piloto conformista. Schumacher ponía de manifiesto que aun y cuando el carro o los cauchos no alcancen las mismas prestaciones o el rendimiento de temporadas anteriores, el ánimo no le flaquea y las habilidades siguen intactas, así como que no piensa dejar escapar ninguna ocasión de sumar un puntito adicional a su ya más que abultado palmarés. ¡Como debe ser! ¿Será precisamente por esos “apagones cerebrales” que “Schumi” se ha titulado campeón mundial en siete oportunidades, así como la causa de que haya roto casi todos los records de la Fórmula 1? Pues si es así, bienvenidos todos los “cortocircuitos mentales” que puedan ocurrirle en el futuro a este Gran Campeón y a todos aquellos que no se resignan a conformarse con menos de lo que puedan conseguir en la pista. Hablando de conformismo, llegamos al octavo lugar de Rubens Barrichello, el eterno “cola de león” dentro de la escudería Ferrari. Ciertamente este no será un fin de semana que le brinde gratas memorias al piloto paulista, quien primeramente confrontó problemas al apagarse su auto al momento de su parada para surtir combustible, lo que le costaría perder una posición con respecto a Juan Pablo Montoya, a quien había logrado contener en su impetuoso avance por un largo tramo de la carrera. Luego sería penalizado con un nuevo pase por los pits al haber excedido el límite de velocidad reglamentario en dicha área. En fin, una auténtica torta. Ahora bien, esos pequeños pero costosos pecadillos se le pueden disculpar por aquello de la presión del momento. Está bien, se las dejamos pasar. Pero ¿qué vaina es esa de reclamar por el adelantamiento que le metiera Schumacher en la última vuelta? ¿Es que acaso Trulli le objetó algo a Rubens después de que este le metiera aquel zarpazo en la última curva del Gran Premio de Francia del año pasado, arrebatándole el tercer peldaño del podio, cuando Jarno defendía los colores del Renault F1 Team en su carrera en casa y que a la larga le costaría su puesto dentro del equipo galo? Si en ese entonces no hubo reclamos, porque obviamente no venían al caso, me pregunto ¿porqué aquí sí habría de haberlos? ¿Acaso porque Schumacher es su coequipero y estos no están para hacerse ese tipo de jugarretas de mal gusto en carrera? ¿Es que acaso allí sí había órdenes de equipo, prohibiendo a los pilotos de la casa de Maranello a pasarse entre si y “Schumi” descaradamente las ignoró? Lo dudo. Lo que Barrichello no se perdona a si mismo es el hecho de no haber podido contener a Michael a escasa media vuelta del banderazo a cuadros. Lo que disgusta al de Sao Paulo es que, ¡una vez más!, no pudo quedar por delante de quien él mismo aceptó por contrato como su superior inmediato dentro del escalafón jerárquico de la escudería Ferrari. Por otro lado, debo confesar que a mi personalmente esta reacción de Barrichello me huele a “parapeto montado”, a reclamo de utilería. No puedo evitar que este adelantamiento de último momento por parte del alemán me recuerde aquel triste domingo 12 de Mayo de 2002, cuando se perpetró el por mi llamado “Gran Robo de Austria”, carrera en la que pudimos ver a un cándido “Rubinho” celebrando en el podio el flagrante despojo del que había sido víctima en medio de la rechifla colectiva. Si en aquel entonces fue tan pusilánime, no digo de acatar las antideportivas e injustas ordenes que le hacían ceder a favor de su compañero una más que segura victoria suya, sino de hacerlo con una patética sonrisita que difícilmente podía corresponderse con la enorme impotencia, la desilusión, la amargura y cuantos sentimientos encontrados podamos atribuirle y que seguramente estaba él padeciendo a la enésima potencia en aquel momento. Precisamente aquella embarazosa mueca de Rubens que a duras penas buscaba fingir una alegre sonrisa en el A1 Ring, me hace pensar ahora, tres años después de aquel vergonzoso episodio, que esta presunta molestia, ventilada públicamente por un sumiso consuetudinario como siempre ha sido Barrichello, no deja de ser una pantalla, una cortina de humo, un nuevo acto histriónico bien orquestado para hacernos creer que el brasilero fue sorprendido en su buena fe por un desesperado “Schumi”, cuya intempestiva acción daba pie al “justificado malestar” de su siempre fiel escudero y al consecuencial acto de manifiesta “rebeldía” que, bajo otras circunstancias, pondría a “Rubimho” al borde del sacrilegio al incumplir con su casi sacerdotal voto de obediencia. Con toda esta tramoya, además de simularse muy bien una supuesta “reñida disputa” por posiciones en la pista entre los dos compañeros, se lograba el objetivo de hacerlo sin levantar sospechas y que todo el mundo dijera: “Esta vez Barrichello no se dejó pasar ni de broma, fíjense que hasta se arrechó con Schumacher”. En fin, estas son elucubraciones mías que no espero sean compartidas por quienes las lean, ya que igualmente espero estar equivocado de plano por el bien del deporte. Peeeero, la verdad es que nadie me saca de la cabeza que nuevamente Rubens acató instrucciones precisas y claras de la Gestione Sportiva della Scuderia Ferrari que reincidía en aquello de ordenarle que cediera el paso a Michael. Mis sospechas se acentúan al considerar que la carrera fue en Monte-Carlo, un circuito donde hace unos pocos años atrás Enrique Bernoldi, otro brasilero pero mucho menos solicito que “Rubinho”, conduciendo un muy inferior Arrows-Cosworth le hizo la vida imposible por cerca de 20 vueltas a un David Coulthard desesperado por pasarle sin poder lograrlo, aun estando el escocés al volante de un McLaren-Mercedes en los años de pleno apogeo de la formación anglo-germana. Es como para ponerse a pensar ¿no creen?, sobretodo si en este caso los dos pilotos conducían autos idénticos. Total, esta vez no era tan grave la cosa, regalar apenas un puntito de diferencia a cambio de una posible renovación de contrato del paulista con varios ceros a la derecha no está mal ¿verdad? Discúlpenme, pero nuevamente estoy viendo confabulaciones y maquinaciones donde no las hay. Así que mejor cambiemos de tema. Ya hemos visto cómo quedó confeccionada la tabla de puntuación para esta carrera. Igualmente considero obligatorio señalar dos hechos de especial significación para comprender lo que transformó a la aburrida competencia inicial en un Gran Premio memorable. Bastó con que en la vuelta 24 el Minardi de Christijan Albers se quedara atascado luego de un trompo en la curva de Mirabeau, para que se formase un tapón que redujera las ventajas y agrupara nuevamente al pelotón, llevando la peor parte David Coulthard, quien se vería obligado a abandonar al llegarle la macchina rossa de Michael Schumacher y darle un leve pero preciso toque que dañó la suspensión trasera del Red Bull del británico. Este atascamiento conllevaría al ingreso en pista del carro de seguridad, el cual permaneció por espacio de 4 vueltas, algo excesivo si tomamos en cuenta que la situación fue rápidamente resuelta y no había ni vehículos ni escombros que pusieran en peligro la seguridad de los participantes, asemejándose más a una carrera de la Indy Racing League o de la Champ Car que a una de Fórmula 1. Lo prolongado del régimen de bandera amarilla en todo el circuito fue aprovechado por gran parte de los competidores para llenar los tanques de combustible, lo cual alteraría las posiciones provisionales en carrera. El equipo Renault cometió el error estratégico de llamar al mismo tiempo a sus dos pilotos, quienes entraron simultáneamente a los pits, razón por la cual Fisichella tuvo que hacer cola amargamente detrás de Alonso para surtirse de gasolina, perdiendo valiosísimos segundos y cayendo unos cuantos lugares en el marcador. El otro hecho que desencadenaría una serie de adelantamientos en pista, sería el realizado por un desesperado Jarno Trulli que se encaramó sobre la acera en la horquilla del Grand Hotel, a fin de superar al escollo ambulante que era en ese momento Fisichella, quien a su vez peleaba afanosamente con sus muy desgastados cauchos buscando retener la quinta posición así como evitar terminar estampando su R25 en las barreras metálicas. “Fisico”, previendo un inminente percance con su paisano, se hizo a un lado abriendo una brecha que también fue aprovechada por Montoya, Ralf y Barrichello y, más adelante, a la entrada del túnel, también le pasaría Schumacher. Sin embargo, luego de aquel impetuoso pase en la vuelta 64, Trulli inmediatamente confrontó problemas al poner prácticamente de costado su auto al bloquear los frenos en la Nouvelle Chicane, siendo superado por Raymundo y todo el mundo y llegando en décima posición final. Por cierto, la maniobra del piloto de Toyota me recordó en mucho a la realizada en el año 1996 por otro italiano, el simpaticazo de Alessandro Zanardi, en el circuito de Laguna Seca, donde como un desaforado se metió por la tierra en la curva del Tirabuzón para adelantar a Bryan Herta en la última vuelta, ganando espectacularmente aquella carrera de la categoría CART norteamericana. Gran momento digno de recordar del querido y carismático Alex. Otro incidente, pero digno de olvidar fue el protagonizado por los pilotos de Sauber-Petronas. Nuevamente, la impaciencia de Villeneuve hacía de las suyas jugándole, literalmente hablando, una mala pasada. El canadiense buscaba adelantar, a como diera lugar, a su mucho menos experimentado compañero, Felipe Massa, al ver que éste batallaba con unos neumáticos excesivamente desgastados. Irónicamente, sería el brasilero quien demostró mayor madurez al hacerse hacia la zona de escape a la izquierda de la curva de Santa Devota, a fin de evitar ser arrollado por un desenfrenado Jacques que terminó chocando contra la barrera. El garrafal error de no saber esperar el lugar y el momento oportuno para hacer correctamente la maniobra por parte del Campeón Mundial del año 1997, terminó por arruinar lo que hubiera sido un gran resultado para la escudería suiza con sus dos autos dentro de la zona de puntos. Esto fue suficiente para que el patrón del equipo, Peter Sauber, citara a ambos pilotos a su oficina en Hinwill al día siguiente, reunión de la cual saldría Jacques con puntos negativos en la libretita de calificaciones que admitió llevar el jefe de la formación helvética. Hablando en criollo: A Villeneuve lo rasparon o le dieron coleto en esta prueba. Los grandes ausentes en Mónaco: Fuera de la pista, Su Serenísima Alteza el Príncipe Rainiero III Grimaldi, fallecido recientemente y bajo cuyo patronato e incondicional apoyo se celebraron todas las carreras anteriores, razón por la cual quince minutos antes de la largada fuera justamente recordado por todos los pilotos, quienes guardaron respetuosamente un minuto de silencio frente al palco que por tantos años ocupó este digno y muy querido monarca y mecenas del automovilismo deportivo. Los otros grandes ausentes, pero dentro del circuito, fueron los bólidos del equipo BAR-Honda. En forzoso cumplimiento de la sanción impuesta de no participar en dos carreras, por irregularidades conseguidas en el tanque de combustible luego del Gran Premio de San Marino, el británico Jenson Button y el japonés Takuma Sato se tuvieron que conformar con ver impotentes la carrera desde la barrera, además de realizar labores de relacionistas públicos atendiendo a los múltiples invitados al motorhome del conjunto anglo-nipón. Como diría “Taku” a su compañero: “Que alechela mi pana, no filmo un autóglafo máj”. Además de los variopintos personajes que acostumbran pavonearse en estos días por Mónaco, tales como el galáctico del Real Madrid, Zinedine Zidane; la pantera de las pasarelas, Naomi Campbell; el supergenio del fútbol argentino y nefasto ejemplo de juventudes, Diego Armando Maradona, por solo mencionar algunos terrícolas famosos, asimismo la edición del Gran Premio de este año contó con la visita de seres de otros planetas y constelaciones. El paddock monegasco se vió invadido por la presencia de los personajes de la famosa saga de ciencia ficción del director norteamericano George Lucas, “La Guerra de las Galaxias”: el malvado Lord Darth Vader, el simiesco Chewbacca, el androide C-3PO y Anakin Skywalker se apoderaron de las instalaciones del novísimo equipo Red Bull Racing como plataforma de despegue para promocionar su más reciente largometraje, “EPISODIO III: La Venganza de los Sith”. Lo cierto, es que resultó muy simpático todo este enorme despliegue publicitario que, además de los invitados “espaciales”, incluyó tanto el decorado de los monoplazas como el trailer del equipo con motivos alusivos a la película, así como los atuendos de las asistencias de los pits disfrazados de auténticos guardias imperiales. No obstante, la suerte no acompañó esta vez a la escudería de los “toros colorados”. Eso les pasa por estar aliándose con el “lado oscuro de la fuerza”, tal como se podía leer en el rotulado de sus bólidos. A pesar de lo fascinante que fue el Gran Premio de Fórmula 1, Mónaco nos mostró el otro lado de la moneda, trayéndonos muy malas noticias a los venezolanos. Nuestros dos pilotos criollos con mayores opciones de llegar en el futuro a la máxima categoría del automovilismo deportivo mundial: Ernesto José Viso, en la GP2 Series; y, Pastor Maldonado, en la World Series by Renault, confrontaron problemas en sus respectivas actuaciones de ese fin de semana en el Principado. El caraqueño Viso chocó en la prueba clasificatoria, luego de haber obtenido un prometedor tercer mejor registro en los entrenamientos libres, razón por la cual le correspondió tomar la salida desde la casilla 15 de la parrilla de largada. Pero el vía crucis no terminaría allí, ya que una vez que se apagaron los semáforos se le quedó calado el motor teniendo que ser empujado su auto por el callejón de salida de los pits, desde donde finalmente tomaría la partida después de ser solucionado el problema inicial. Tras unas escasas vueltas al trazado monegasco, a Ernesto José le sacarían la bandera negra que le obligaba a retirarse de la competencia por haber arrancado erróneamente sin la autorización del comisario, cuando aun estaba encendida la luz roja que le prohibía incorporarse a la carrera. Esto era algo prácticamente inevitable por parte del piloto debido a la posición un tanto adelantada con respecto al semáforo, que se encontraba en un ángulo imposible de ver por el venezolano. En fin, continúa la mala racha plagada de fallas técnicas en el auto y de errores por parte del equipo BCN Competición, que han apartado a Viso de la contienda por el título a pesar de ser uno de los grandes favoritos. Por otro lado, tenemos el incidente de Pastor Maldonado, el cual es mucho más grave aun. El maracayero no se percató de las banderas amarillas de precaución que se agitaban en la curva de Massenet que lleva a la Plaza del Casino y atropelló a un comisario de pista quien se encontraba atendiendo a otro vehículo accidentado, produciéndole múltiples fracturas. Como consecuencia de aquella falta, las autoridades le impondrían una sanción excesivamente severa, al prohibirle a Pastor participar en los próximos cinco eventos. Si tomamos en cuenta que son dos carreras por evento, exceptuando el de Mónaco donde nada más se corría una, estamos hablando de nueve competencias que se perderá el volante aragüeño, quien podrá volver a tomar contacto con las carreras de la World Series a partir del mes de Septiembre, con lo cual le matan cualquier chance a aspirar a algo en la presente temporada, así como también ponen en peligro su continuidad dentro del proyecto Renault Driver Development (R.D.D.) del cual forma parte junto a otras cuatro seleccionadas promesas de la generación de relevo. Estamos de acuerdo con la aplicación de sanciones para evitar situaciones de peligro, sobretodo en un deporte como el automovilismo en el que el riesgo siempre está implícito y, más aun, en las categorías inferiores de ascenso, en las que se busca contener el exceso de ímpetu a través de ejemplarizantes medidas disciplinarias. Ahora bien, con lo que no estamos de acuerdo es con la imposición de desmesurados castigos impuestos arbitrariamente dependiendo más de la gravedad de los daños causados y de las personas que cometen las faltas, que de los hechos que rodearon a tal o a cual situación en particular, independientemente que de que hayan actuado de manera involuntaria o sin ninguna intención de ocasionarlo. O sea, pienso que no se corresponde que a Ernesto José Viso lo retiraran de carrera por desatender un semáforo que no vio, aunque no causara daño a nadie, en vez de imponerle una penalización de tener que pasar por los pits (drive through) o la de detenerse 10 segundos frente al box y seguir (stop & go), sin duda algo mas acorde con la falta cometida que la pena de descalificarlo. Igualmente, me gustaría que me explicaran el draconiano criterio empleado para establecer la sanción a Maldonado. Me imagino que tal vez contaron el número de huesos rotos del malogrado comisario y le prohibieron a Pastor participar en igual cantidad de carreras. En descargo del aragüeño, habría que señalar que, luego de su percance, vendrían un grupo de 3 pilotos más: Andreas Zuber, Colin Fleming y Matteo Meneghello que tampoco se percataron de las banderas amarillas en el mismo sector y, aunque los dos primeros pasaron sin inconvenientes, el tercero se unió al accidente múltiple y arrolló a otro comisario, pero le penalizarían con muchas menos carreras, me imagino que la víctima no tendría tantas fracturas como el que le tocó al venezolano. Después de lo sucedido, me pregunto si no había la más mínima posibilidad a que hubiera lugar a una duda razonable en favor de los pilotos involucrados. De que realmente no vieran a tiempo las señales de precaución, ya fuera porque había muy pocas banderas advirtiendo la situación de peligro inminente que existía en ese momento, o porque las que había se estaban ondeando demasiado cerca del área del percance. Asimismo, aun otorgándoles la razón a las autoridades en cuanto a la imprudencia de los jóvenes participantes de la World Series by Renault, no era esto menos censurable por la falta de intencionalidad de causar un daño, que la palmadita en la mano que representa la sanción a Juan Pablo Montoya de relegarlo al fondo de la parrilla de salida, aun y cuando voluntariamente realizó un acto que sí puso en peligro la seguridad de otros pilotos. Tal como dice el refrán: “La salsa que es buena para el pavo, también es buena para la pava”. Ya para concluir, esperemos que, tal como reza el lema de Mónaco y de sus Príncipes: “Déo Juvante” (con la ayuda de Dios), nuestros muchachos que están haciendo campaña afuera puedan salir adelante a pesar de todos los inconvenientes con que han tropezado en la primera parte de la temporada. Igualmente, esperemos que la misma intercesión divina nos permita ver en la Fórmula 1 muchas más carreras de este tipo a lo largo del año. ¡Que así sea! Caracas, 09 de Junio de 2005. NOTA DEL AUTOR: Ofrezco disculpas por el retraso en la entrega de mis últimos artículos. Espero ponerme al día lo antes posible, a fin de evitar que dichos escritos puedan carecer de interés alguno por parte de Ustedes debido por motivos de extemporaneidad. |
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