“ BRAVO FISICO ”
Por: Andrés Ignacio Fortique Schmidke.

Precisamente ese par de palabras de reconocimiento, pronunciadas por Flavio Briatore a través de la radio interna que permite la comunicación del equipo con el piloto, y que ahora podemos  escuchar los aficionados a la Fórmula 1, resumen el sentimiento generalizado de muchos una vez que se dio el banderazo a cuadros con que se ponía fin a la primera carrera válida de la temporada de Fórmula 1 del año 2005: El Gran Premio de Australia. El piloto romano Giancarlo Fisichella, conocido por el apodo de “Físico”, se alzaba con el triunfo sobre la pista citadina del Circuito Albert Park de la ciudad de Melbourne, lo que motivó la espontánea expresión de alegría de su paisano y patrón con que titulo este artículo.

Fisichella conseguía su segunda victoria en la categoría y la primera en condiciones normales de carrera, ya que la vez anterior, el Gran Premio de Brasil del año 2003, fue bajo circunstancias bastante atípicas: lluvia copiosa, riachuelo que cruzaba la Curva do Sol, múltiples accidentes, bandera roja que detenía la carrera, absurdas reglas que confundieron a todos, resultados sujetos a reclamo, rectificaciones tardías y un pobre Giancarlo al que, ¡cinco días después!, se le hizo justicia al reconocerse en una junta celebrada en Europa lo que por descarte y ayudado por la suerte él ya había conseguido sobre la pista de Interlagos. En aquella ocasión, tuvo que recibir el trofeo de manos de Bernie Ecclestone, días antes de la celebración de la próxima carrera, sin público que le vitoreara y sin champaña para rociar y festejar la hazaña. Un mero acto equivalente a graduarse de profesional y buscar el título por secretaría, en de vez de recibirlo de manos del rector y demás autoridades universitarias, vistiendo toga y birrete junto a tus condiscípulos de estudio y frente a unos padres orgullosos por tus logros.

En esta oportunidad, “Físico” sí pudo descorchar la botella luego de ganar a ley la competencia inaugural de la campaña, imponiéndose tras una sólida actuación que viene a ser el colofón de una larga trayectoria en la categoría marcada por los altibajos y por los múltiples cambios de equipo del italiano. Por primera vez Giancarlo cuenta con un vehículo de punta que le permite sacar a lucir sus enormes habilidades conductivas, las cuales no eran un secreto para nadie, puesto que en una encuesta realizada ¡entre los mismos pilotos! quedó como el mejor. Efectivamente, el nuevo modelo R25 de la casa Renault ya lucía como uno de los favoritos luego de los entrenamientos de la pretemporada invernal, ratificándolo el propio Jean Todt, Director Principal de la escudería Ferrari.

Muchos fanáticos de otros equipos, e incluso algunos medios de comunicación, han querido desmerecer la victoria de Fisichella alegando que la lluvia de la primera clasificación fue determinante para que el volante de Renault obtuviera el triunfo. Ciertamente en esta oportunidad la buena fortuna le sonrió a un piloto al que en más de una oportunidad le ha dado la espalda. ¿Cuántas veces la suerte ha acompañado a Schumacher y nadie ha dicho nada? Baste con señalar que no han sido pocas. Lo cierto del caso, es que a Giancarlo obviamente le benefició que cayera aquel chaparrón de agua después de su vuelta lanzada del sábado. Pero al día siguiente tuvo la cabeza lo suficientemente fría para no cometer errores en su segunda clasificación, así como para desprenderse cómodamente en la punta de la carrera sin permitir que nadie comprometiera sus aspiraciones de subirse a lo más alto de un podio que siempre le fue esquivo. Y vaya que lo consiguió, porque condujo tan impecablemente como lo haría un auténtico campeón. Atreverse a negar esta realidad, es simplemente el reflejo de la mezquindad de espíritu de ciertas personas incapaces de reconocer los méritos de ningún piloto que no sea el de su predilección o de un equipo que no sea su favorito.

Igualmente el tercer puesto de su compañero de divisa, el español Fernando Alonso, confirma el desarrollo sostenido alcanzado por el equipo francés durante las últimas campañas y, sobretodo, en la pretemporada invernal. Hasta el pasado domingo, habían transcurrido 23 años desde que dos pilotos de Renault, Rene Arnoux y Alain Prost, ocuparan conjuntamente posiciones en el podio.

El asturiano es considerado por muchos, incluso por el Jefe de Ingeniería del Renault F1 Team, Pat Symonds, el mejor piloto de la carrera australiana. Ciertamente “Nando” fue el piloto que más carne puso en el asador, siendo protagonista de los escasos adelantamientos que nos deparó este Gran Premio. Muy interesante su duelo con el canadiense Jacques Villeneuve. También lograría sobrepasar al Toyota de Jarno Trulli y al BMW-Williams del local Mark Webber. No obstante la gran actuación de Alonso, me parece injusto con Fisichella decir que su coequipero fue mejor que él. Sencillamente porque el italiano nunca tuvo que confrontar el tipo de problemas que efectivamente sí se le presentaron al volante de Oviedo, razón por la que no se deben hacer comparaciones entre el desempeño de dos pilotos que han enfrentado condiciones de carrera muy diferentes, sobretodo cuando ambos fueron capaces de obtener el mejor resultado que dichas condiciones les permitieron. Tal aseveración, sería apropiada si Giancarlo hubiera cometido algún error que le hubiera costado perder la carrera o le hubiera hecho caer en la clasificación final. Pero no fue así, ya que ganó de manera contundente, y si no realizó ningún pase espectacular durante la competencia fue por la sencilla razón de que por delante de él no había sino la pista, no tuvo que pasar a nadie porque también fue capaz de no dejar margen alguno para que alguien le complicara las cosas, lo que le vale el haber sido el mejor piloto en la carrera. A Alonso merecidamente le corresponde el haber sido el más adelantador, el más batallador, pero nunca el mejor, por lo menos no en ese Gran Premio.

Este tipo de comentarios resulta más acertado cuando se comparan los resultados obtenidos por Rubens Barrichello y su paisano Felipe Massa, con respecto a sus respectivos compañeros de equipo, Michael Schumacher y Jacques Villeneuve. Los volantes paulistas fueron capaces de aventajar a ambos campeones mundiales en sus desempeños individuales. Ciertamente “Rubinho” partió desde la casilla 11 mientras que “Schumi” lo hizo desde la 19, lo que indudablemente le daba una ventaja considerable sobre su coequipero, pero al final el brasilero, con sus paradas en pits, pudo remontar posiciones que le permitieron adueñarse del segundo peldaño del podio. Por su parte, el as alemán también había logrado escalar en la clasificación, lo cual era de esperarse. Sin embargo, llegado el momento en que se vio acosado por el BMW-Williams de Nick Heidfeld, recurrió a sus consabidas prácticas intimidatorias, cerrando la puerta que había dejado abierta y barriendo a “Quick Nick” hacia la grama, quien poco pudo hacer para evitar golpear al Ferrari de su compatriota, quedando los dos fuera de competencia. Total: Dos bajas “auto” inflingidas para la causa alemana en Australia. ¡No hay peor cuña que la del mismo palo!

Más patente aun, fue el marcado contraste en cuanto al desempeño de los pilotos del equipo suizo Sauber-Petronas. Aunque arribaron con apenas tres lugares de diferencia, necesariamente hay que destacar que “Felipinho” llegó noveno partiendo desde la casilla 18, en tanto que el siempre polémico e irreverente de Jacques concluía décimo tercero habiendo tomado la salida desde la cuarta posición en la parrilla de largada. Aquí sí se puede afirmar que Massa fue superior a Villeneuve en carrera. No obstante ello, el canadiense cumplió a cabalidad su labor de excelso taponero, ya que, gracias al gran número de vueltas que pudo contener a Alonso, fue que el Renault F1 Team no logró un aplastante doblete.

Siempre habrá varias maneras de ver las cosas, diferentes puntos de vista pueden ser aplicados al momento de analizar los resultados. En el caso de los pilotos del equipo McLaren-Mercedes, las frías cifras indican que Montoya, llegando sexto, le ganó este primer round a Raikkonen, quien arribó octavo a la meta. Las matemáticas no fallan: Son tres puntos en el casillero de Juan Pablo por uno solo en el de Kimi. Esa es una realidad incontestable. No obstante los numeritos, el glacial finlandés estuvo mejor que el caliente colombiano el pasado domingo. Mientras Montoya dejaba escapar la posibilidad de un lugar en el podio por un par de pecadillos al volante, Raikkonen debía remontar desde el fondo, al calarse el motor de su “flecha plateada” al final de la vuelta de calentamiento, razón por la cual se vio obligado a tomar la partida desde los pits, para terminar arañando el último puntito en disputa. De esta manera queda más que demostrado, que las posiciones finales de una carrera no necesariamente nos ilustran de forma muy clara de cuanto aconteció en la pista.

El batacazo en esta primera válida del año, indudablemente le corresponde a la nueva escudería Red Bull Racing. Hablando en términos propios del argot taurino, se podría decir que para esta corrida concurso el ganadero mandó dos ejemplares de bandera, merecedores del indulto o de, por lo menos, vuelta lenta al ruedo de sus despojos en el arrastre en medio de la ovación de los espectadores que abarrotaban ambos tendidos del coso. Y es que los “toros rojos”, en manos de David Coulthard y de Christian Klien, acometieron con auténtica bravura y verdadera nobleza en todos los tercios de la lidia, arribando en el cuarto y en el séptimo lugar, respectivamente.

Especial mención debo hacer a la actuación del experimentado volante escocés, de quien en más de una oportunidad me he referido a él en artículos anteriores tildándole de piloto del montón al que ya le ha pasado su momento o, si seguimos echando mano a la jerga taurina, de haber “perdido el sitio”. Lo cierto es, que el propio David en esta carrera, en la que destacó por su arrolladora partida, algo extraño en él, se encargaría personalmente de arrancarse la etiqueta de segundón que él mismo se colgara al cuello, precisamente en este escenario del Circuito Albert Park de Melbourne, en la edición correspondiente al año 1998, cuando le regaló la carrera a su compañero Mika Hakkinen.

En aquel entonces, Coulthard alegó que ellos habían hecho un “pacto de caballeros” consistente en respetarse las posiciones que tuvieran una vez que pasaran la primera curva, la cual tomó adelante el finlandés. Hasta ahí todo estaba bien, pero resulta ser que luego Mika tuvo que pasar de largo por el pit lane al ser llamado erróneamente a cumplir su parada sin que estuvieran listos los mecánicos, razón por la que tendría que ingresar nuevamente a la vuelta siguiente a cambiar cauchos y a reabastecer combustible, lo que le hacía perder la punta con respecto al británico, quien luego le pondría en bandeja de plata la victoria al dejarse pasar deliberadamente a falta de dos vueltas para el final de la carrera.

Algunos saldrán en defensa de Coulthard, asegurando que de esta manera el escocés honraba la palabra empeñada en el mencionado pacto. Pero lo cierto de aquel caso, es que este tipo de acuerdos previos entre pilotos los considero totalmente antideportivos, por más “caballerosidad” que se alegue para disfrazar la componenda, ya que atentan contra el espíritu de lo que debe ser una carrera de carros, en las que nada debe regalarse al contrario, aunque sea tu propio compañero de equipo. Con mayor razón, ¡a ese es al que primero debe buscarse derrotar! Es más, David ya había cumplido su parte del trato al no presionar a Mika ni buscar adelantarle en la pista, por lo que no tenía que levantar el pie para dejarse pasar luego, puesto que la mala suerte en las paradas en pits había sido de Hakkinen y con ello debía quedar zanjado el asunto. Desde aquel día, y sus sucesivas temporadas lo confirmarían, Coulthard asumió un gris papel de gentleman segundón con respecto a sus dos compañeros finlandeses a los que nunca pudo superar.

Es por ello que me sorprendió gratamente el David Coulthard que vimos en Melbourne este año. El cambio de escudería le sentó bien. La taurina y la cafeína contenidas en su cooler de Red Bull por fin le alborotaron el deseo de salir a darlo todo. Para él era obligatorio, si quiere continuar en la categoría, demostrar que puede tomar un segundo aire que le permita seguir en el ruedo. David debe seguir embistiendo con esa misma fiereza en su “toro rojo”, si quiere que para la próxima temporada “le den alas” a esta especie de ave fénix, capaz de resurgir de sus propias cenizas, en que se convirtió en Melbourne, donde merecidamente se ganó a pulso el derecho a esta segunda oportunidad que le han brindado.

Caso contrario al de Red Bull Racing, fue el de la escudería BAR-Honda. Los subcampeones en el renglón de constructores de la pasada temporada, pasaron por Australia con más penas que glorias. Tan solo vimos desdibujadas actuaciones por parte de sus dos pilotos, quienes al final optaron por retirarse en la última vuelta, aprovechándose de las lagunas del nuevo reglamento técnico que establece que si un carro no termina la competencia podrá utilizar motor nuevo en la siguiente carrera. Jenson Button, a quien tenía en gran consideración por su carácter simpático aparte de sus buenas maneras al volante, últimamente se me está pareciendo mucho al siempre mordaz de Eddie Irvine, puesto que de un tiempo para acá ha emprendido una guerra verbal tanto con Schumacher como con otros pilotos sin necesidad alguna de ello, en vez de limitarse a hacer su trabajo y a demostrar realmente en la pista lo que ahora le ha dado por pregonar a los cuatro vientos: “Que él es el mejor piloto”. Sato, por su parte, volvía a sus andanzas desde la primera calificación del día sábado, en la que desbarató otro carro más. “¿Qué es una laya maj pa un tigle?”, se preguntará Takuma, mientras caviloso el personal de BAR hace lo propio al cuestionar: “¿Hasta cuándo nos tendremos que calar a esta mezcla de “Kamikaze” con “Terminator” que nos impone la gente de Honda?”. Después de tan anodinos resultados, el equipo anglo-nipón tendrá que abocarse a encontrar soluciones inmediatas si quieren mantenerse dentro el grupo puntero.

A diferencia de las temporadas anteriores, en las que la carrera inaugural estaba signada por muchas deserciones motivadas por motores fundidos, piezas que cedían, fallas electrónicas, en fin, por problemas de orden técnico, este año hubo tan solo un abandono causado por este tipo de inconvenientes, el del Minardi del debutante holandés Christijan Albers, cuya caja de cambios dijo hasta aquí llegué. Esto responde a una razón muy simple, la entrada en vigencia de la nueva normativa que determina que los motores deben durar para dos grandes premios. Una vez que se dio el banderazo a cuadros en Australia, los propulsores estaban a la mitad de su vida útil, no habían llegado aun al punto crítico de desgaste que conlleva a las humeantes roturas de las máquinas. La teoría nos dice que será en la próxima carrera, el Gran Premio de Malasia, cuando seremos testigos de las grandes fumarolas que saldrán de los carros de aquellos pilotos que no hayan cuidado celosamente sus unidades motoras.

Con la implementación de esta nueva regla, nos limitaremos a ver a los competidores rindiendo muy por debajo de su acostumbrado límite, no exigiéndose al cien por ciento por aquello de mimar al auto si es que quieren llegar a la meta, o haciendo uso de triquiñuelas como la de BAR-Honda de retirar sus autos, en caso de no tener buenas figuraciones, para tener motores nuevos en la siguiente cita del calendario. En fin, empobrecimiento de la calidad del espectáculo con la anuencia de quienes precisamente debieran buscar asegurarlo: La Federación Internacional de Automovilismo (F.I.A.).   

Aun la temporada está demasiada cruda como para salir a hacer el papel de profeta de oficio que ya muchos han hecho, vaticinando la decadencia inminente de la escudería Ferrari y de su piloto estrella: Michael Schumacher. ¡Cuando apenas se ha cumplido una sola carrera! Parece que olvidaran el triste inicio de campaña del año 2003 que tuvo “Schumi”, tras el que el alemán se repuso a partir de la cuarta válida, el Gran Premio de San Marino, y apenas a escasas horas de haber enterrado a su difunta madre, para terminar imponiéndose al final alcanzando su sexto título mundial. De hecho, ese merecido segundo lugar de Barrichello no es poca cosa, si se toma en cuenta quienes estaban por delante de él al momento de apagarse el semáforo en Melbourne. La actuación de “Rubinho” dejó bastante claro que, aun y cuando utilizaron el Ferrari del año pasado modificado para adaptarse a la nueva normativa del 2005, el F2004M, todavía cuentan con un auto de temer antes de que comiencen a correr con el nuevo modelo. Aparte del hecho de que, difícilmente, el calificado personal que labora para la casa de Maranello vaya a quedarse de brazos cruzados ante el acoso de equipos emergentes que buscan acabar con la supremacía rossa. Si algo ha demostrado hasta la saciedad la escudería del cavallino rampante, desde que se creó la categoría en 1950 hasta la fecha, es que no se rinden y que, en caso de caer, será dando ardua pelea al enemigo.

A mi, particularmente, esta primera carrera de la temporada me pareció una verdadera y aburrida procesión. De no ser por los adelantamientos del español Fernando Alonso, no habría nada que mereciera la pena recordar. La podríamos catalogar como el “Gran Premio de la Contención”, puesto que lo que vimos fue a Coulthard conteniendo a Webber, Schumacher conteniendo a Raikkonen, Villeneuve conteniendo a todos y así sucesivamente, vuelta tras vuelta. La Federación Internacional de Automovilismo (F.I.A.) falla estrepitosamente de nuevo al secuestrar la emoción de las pistas mediante la implementación de reglas referidas a la aerodinámica que hacen aun más incontrolables los carros, que incluso ya son más rápidos de lo que lo fueron el año pasado, con la normal reticencia de los pilotos a meterse con un auto más nervioso que de costumbre en la turbulenta estela de quien le precede, por lo que se hace aun más difícil adelantar. En conclusión, los actuales monoplazas ni son más seguros, ni son más lentos, ni son más baratos, con excepción del apartado referente a los cauchos. En cuanto al espectáculo, no se incrementó el número de pases en carrera con respecto a temporadas anteriores. Así que seguiremos viendo escalar posiciones mediante las consabidas paradas milimétricas en los pits.

De los cuatro pilotos debutantes: Narain Karthikeyan y Tiago Monteiro por Jordan-Toyota; y, Christijan Albers y Patrick Friesacher por Minardi F-1 Team, considero que el indio hizo méritos suficientes para ser considerado el novato que más destacó en esta carrera. Aunque es menester señalar, que los volantes de la escudería de Faenza tuvieron el handicap de tener que salir a calificar para la pole position sin siquiera haber podido probar sus autos, como consecuencia del entuerto legal suscitado durante toda esa semana con respecto a la participación de los monoplazas negros sin estar acordes a las nuevas especificaciones técnicas.

Al comienzo comentaba la alegría de muchos al ver una cara diferente en lo más alto del podio. La gente ya estaba harta de resultados que parecían copiados al carbón carrera tras carrera. El triunfo de Fisichella trae renovados aires de competitividad a la Fórmula 1. Algo que gustosamente aplaudimos sin ánimos de hacer desaire alguno a los seguidores del binomio FRRRACHER. Eso sí, no es que ahora desee el comienzo de la supremacía de la casa Renault, ya que difícilmente pueda querer que se suplante el férreo dominio de la scuderia italiana por una nueva dictadura de l’équipe francés, así como de ninguna otra divisa participante. Que no sea el típico “quitate tú pa’ ponerme yo” Esperemos que sea el comienzo de una etapa que nos permita escuchar, además del ¡Bravo Físico! inaugural, algunas otras exclamaciones por el mismo estilo: “Uyuyui Juanpa, que berraco hermano”, o “Enhorabuena Nando”, o “Congratulations Jenson”, o “Felicitações Felipinho”, o “Allez Jacques”, o "Dōmoarigatōgozaimasu Taku", o……¿Alguno de ustedes sabrá como se vitorea a un ganador en finlandés o en hindi?

Caracas, 13 de Marzo de 2005.
 


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